Opinión

Alerta, no alarma... por ahora

Deben establecerse controles adecuados frente a la 2019-nCoV, y hay que estar atentos por potenciales mutaciones que aumenten su patogenicidad. | Ricardo de la Peña

  • 27/01/2020
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Cuando se informa de un nuevo agente biológico patógeno capaz de infectar y producir muertes en seres humanos, estar alerta siempre es conveniente. Esto supone asumir una actitud atenta y vigilante ante la señal de peligro que constituye la aparición del fenómeno sanitario en ciernes. Pero la alerta no tiene por qué suponer necesariamente adoptar una actitud de alarma, actuando con preocupación o temor por la aparición o el posible peligro que el evento supone.

El miedo —esa sensación desagradable provocada por la percepción de un riesgo pasado, presente o futuro; real, potencial o supuesto— puede deslizarse rápido hacia el terror y dejar de tener relación directa con la intensidad real del peligro. Eso es lo que muchas veces provocan de manera indeseada o intencional los gobiernos ante atentados indiscriminados contra civiles, o frente a la presencia de enemigos invisibles, como para el caso son los microorganismos que se difunden en el ambiente, enferman y eventualmente matan a cualquiera.

Hace doce años

Apenas hace doce años vivimos una situación de emergencia sanitaria, declarada por la Organización Mundial de la Salud y seguida a cabalidad por México, por la presencia del virus A (H1N1). El daño económico por esas acciones preventivas, aparentemente justificadas por los datos iniciales sobre la virulencia de la infección, resultaría muy elevado, más si se considera la magnitud real del problema debido a una sobreestimación original de su tasa de letalidad. Detener actividades durante un largo puente pudo disminuir los contagios, pero produjo una reducción del crecimiento de nuestra economía, afectada de por sí por los estragos de la Gran Recesión. Y hubo esfuerzos enormes, que incluso pudieran parecer excesivos, para disponer pronto de una vacuna, adquirirla y tener reservas suficientes ante algo que no tuvo la magnitud supuesta.

Los primeros días

Desde fines del año pasado hizo su aparición en Wuhan, China, un nuevo coronavirus, identificado como 2019-nCoV. En los últimos días se ha reportado una mayor cantidad de personas infectadas no sólo en esa localidad, sino en diversas naciones. Es posible que se haya trasmitido entre humanos, dentro de grupos familiares con algún afectado, por lo que una epidemia global es posible, aunque no segura y menos actual. Y si bien no hay un tratamiento específico aprobado oficialmente, los antivirales existentes pueden ser utilizados con relativo éxito. A su creciente probabilidad de contagio, que permite su rápida expansión, se contrapone una reducida letalidad hasta ahora documentada. Todo esto advierte que hay que estar alertas ante este riesgo sanitario, pero no entrar en alarma y menos caer en un terror infundado, pues no se trata de una repetición de la epidemia gripal de 1919 y menos del apocalipsis. Es sólo una infección, que debe observarse con el debido cuidado, ante la que deben establecerse los controles adecuados y frente a la que hay que estar atentos por potenciales mutaciones que aumenten su patogenicidad.