El maratón de Mancera

Por Roberto Rock L.

INFORME CONFIDENCIAL 13/01/2014 00:39 a.m.

El maratón de Mancera
“Miguel Ángel Mancera es un corredor de maratones: al arranque se les ve lentos, incluso torpes, pero los que saben de esto mantienen su atención en los que conservan el paso, pues van a llegar a la final”, decía el analista político Antonio Navalón, la noche del lunes pasado durante el programa de “La Silla Rota” en Efekto Noticias.
La reflexión cabe para el jefe de Gobierno de la capital del país, quien llegó al cargo en 2012 con una votación récord. Efectivamente, se le ve lento, indeciso, a veces extraviado. Es cierto, se ha tropezado más de una vez con temas como las protestas magisteriales, el precio del boleto en el Metro o algunos brotes de violencia. La carrera de Mancera tiene como meta el 2018. ¿Llegará en condiciones de ser un candidato competitivo?
Por ahora, su decisión de no militar en el PRD, el partido que lo postuló, lo ha colocado al centro de presiones de los diversos grupos al interior de ese organismo, y no sólo ahí. Todas las facciones y personalidades de las izquierdas mexicanas –desde “Los Chuchos” hasta Dante Delgado, pasando por Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard y René Bejarano– se dicen injustamente marginadas en el reparto de posiciones y dinero. Y si Mancera no transa –calculan quizá–, no avanza.
En días pasados, diversas oficinas ligadas con servicios de inteligencia tomaron nota de una serie de reuniones convocadas por Marcelo Ebrard en un contexto que anticipa una coalición de grupos de izquierda en contra de Mancera. En esos encuentros destacó el citado Dante Delgado, dirigente de Movimiento Ciudadano, quien también esperaba cargos para su equipo en la ciudad, y fondos para seguir lo que él seguramente describe como su batalla por la democracia.
Datos aportados a este espacio dan cuenta de que uno de los convocados a estos cónclaves ha declinado hasta ahora: Ricardo Monreal, personaje clave en el entorno de Andrés Manuel López Obrador. El tabasqueño está entregado a recuperar su salud y a conquistar el registro para su partido, Morena. Pero una vez logrado esto, es inevitable que voltee hacia la ciudad de México, para arrastrar a sus bases al nuevo partido, en demérito del PRD ¿y de Mancera?
Una estación clave en el maratón del jefe de Gobierno no es el 2018 como algunos calculan, sino el 2015, cuando en las elecciones intermedias se renovarán los gobiernos de las 16 delegaciones capitalinas y las diputaciones federales. Y ahí puede venir no un tropezón, sino una descalificación que saque al corredor del juego.
Encuestas desarrolladas mes tras mes por parte de partidos y gobiernos revelan que el PRD puede perder la mitad de las posiciones por las que se competirá el próximo año. Esto incluye como escenarios la presencia de Morena en hasta media docena de delegaciones si pacta con la corriente IDN, de René Bejarano, pero también una muy probable alianza entre PAN y PRI. En su conjunto, esto atraería el fin del gobierno del PRD en el Distrito Federal, con efectos impredecibles para el perredismo en el resto del país.
Pero los desafíos del maratonista Miguel Ángel Mancera no quedan sólo en eso. Su gabinete está dominado por una mezcla muy desigual de políticos y técnicos. Muchos de ellos se quejan ante propios y extraños de que no son recibidos por su jefe, sino por el secretario general de Gobierno, Héctor Serrano, quien fuera un cercano colaborador de Marcelo Ebrard. Muy pocos creen que Serrano haya trasladado sus lealtades hacia Mancera, especialmente en un entorno de confrontación abierta con su antecesor.
Otro frente de batalla muy resbaloso y volátil está formado por el nivel de aceptación pública de Mancera, regularmente alto, pero que puede desbarrancare en semanas ante conflictos como el de los maestros y su impacto en la ciudad. El primer círculo de Mancera y algunos expertos en la materia han ubicado la influencia de Luis Alberto de las Heras, un estratega político con orígenes en la publicidad. Los reportes disponibles indican que para el señor De las Heras todo es problema de percepción pública.
Hay otros puntos de vista, que apuntan hacia la falta de una estrategia más integral en materia de imagen y comunicación, y un hueco importante de propuestas y mensajes específicos sobre con quiénes gobierna, y hacia dónde.
Parece recomendable que Mancera no caiga en los brazos de ninguno de los grupos, partidos o facciones que dominan a las izquierdas, especialmente en una etapa en la que éstas parecen en predicamento profundo. En el mundo de hoy, los gobernantes deben construir su proyecto con base en una coalición de organismos políticos, sean formales, sean ciudadanos e incluso comunitarios.
La identidad partidista no es algo que le esté faltando a Mancera, pero deberá dar pronto señales claras sobre hacia dónde deben ir a dar el próximo año los votos de los sectores sociales que simpatizan con él.
Pasada la aduana del 2015 –y siempre y cuando lo haga bien–, Mancera tendrá que dejar de parecer un corredor indeciso y atribulado. Deberá explicarle a los capitalinos, a los mexicanos y acaso al mundo, no sólo qué ciudad quiere ?porque de ella saldrá su propuesta para el país. Deberá generar una propuesta más clara, con sustancia e ideas capaces de concretarse. Y capaces, también, de inspirar a millones para creer en él. (robertorock@lasillarota.com)



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