El fin del poder

Por: Roberto Rock L.

INFORME CONFIDENCIAL 29/12/2013 07:15 p.m.

El fin del poder
Una vez que se asienten las polvaredas levantadas por los debates legislativos y políticos del 2013, los historiadores y los politólogos –y nosotros todos con ellos-  deberán tomar nota de que el regreso del PRI a Los Pinos estuvo acompañado, en el primer año de la presidencia de Enrique Peña Nieto, por una pérdida real en la capacidad de ejercer el poder a plenitud, al menos en la forma en que el mismo partido estuvo acostumbrado en el pasado.
 
Múltiples factores y protagonistas han surgido en el país en estos primeros 13 años del siglo, que han conquistado espacios propios de poder, o han hecho que el poder presidencial esté ahora mucho más acotado. Estos nuevos actores tienen ahora la capacidad de obstaculizar, retrasar e incluso frustrar decisiones que hubieran requerido apenas algo más que un chasquido de dedos durante las gestiones de los mandatarios priístas previos, Ernesto Zedillo (2004-2010) y Carlos Salinas de Gortari (1998-2004).
 
El nombre  del proyecto de “La Silla Rota”, constituido en 2010, aludió a esta nueva época en donde podemos presenciar a políticos, partidos e instituciones vaciados de poder. Esto cobró vigencia clara en 2013, lo que representa una buena noticia en tanto que México se suma a las democracias en donde los equilibrios políticos atraen una gran complejidad en la tarea de los poderosos. Esta realidad, sin embargo, viene acompañada por dosis importantes de incertidumbre, aquí y en la mayor parte del mundo, porque las nuevas correlaciones de poder generan con frecuencia paralización de la vida pública.
 
Pese a que aún no se halla disponible en nuestras librerías, la clase política y el sector académico mexicanos se hallan cautivados ya con el libro “El fin del poder” (Editorial Debate, 2013), cuyo autor Moisés Naím –por 14 años editor de “Foreign Policy”-, aborda las claves que explican por qué el poder ya no es lo que era.
 
Las reformas consumadas durante el primer año de la administración Peña Nieto  lograron eludir el escenario de estancamiento legislativo que caracterizó a los gobiernos de los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, sea por incompetencia política, sea por mezquindad de otros actores, especialmente el PRI.
 
La hoja de ruta para estas reformas, inscrita en el “Pacto por México”, recogió una agenda cuya concreción fue anhelo de la sociedad mexicana durante décadas en algunos casos, como ocurrió con los temas educativo y de telecomunicaciones, sin duda los más relevantes de cuantos hayan sido aprobados en el Congreso mexicano, si hablamos de la construcción, de un nuevo país.
 
Las enmiendas constitucionales más relevantes pasaron, desde luego, por encima del “nacionalismo petrolero” que el propio PRI construyó durante 60 años en el imaginario nacional. En esta misma línea de pensamiento habría que incluir el otorgamiento de rango constitucional al Ifai, una de las instituciones más jóvenes de nuestra democracia.
 
Que el brazo presidencial sigue teniendo en México amplitud y músculo, quedó demostrado en la concreción tanto de la citada reforma energética –incluido su rauda aprobación en los Congresos estatales- como de la reforma fiscal, esta última con una carga de medidas que no parecen haber dejado contento a nadie, ni dentro ni fuera del gobierno.
 
El nuevo año que arrancará esta misma semana ofrece una gran interrogante para el ejercicio del poder en México, y un reto colosal para todos los actores –los tradicionales o los recién llegados- que ejercen expresiones diversas de poder, sea el gobierno, el Congreso, los partidos, los gobernadores, la academia, las ONG’s, los sindicatos o los migrantes.
 
El agotamiento del “Pacto por México” se presenta irreversible. Los incentivos para mantenerlo como eje de los cambios no parecen ser suficientes para nadie. Y es previsible que en cualquier momento del 2014 –ojalá sea más tarde que temprano-, todos empezarán a pensar en los comicios de 2015, cuando el gobierno Peña Nieto se someterá no sólo al referéndum que simbolizan las elecciones de medio término, sino que se deberá celebrar la consulta nacional en materia petrolera.
 
Esto último inaugurará todo un nuevo ciclo en nuestra democracia, en el cual los mexicanos iremos a las urnas más que nunca, para decidir sobre más temas que nunca.
 
El riesgo de una nueva etapa de paralización política estará presente. De todos depende determinar si es posible eludirlo nuevamente, o entramos a un tobogán al final del cual nos encontremos ante un poder que no puede.

 


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