Apuestas contra Videgaray

“Es un hombre políticamente muerto”, se ha escuchado decir en más de una oportunidad a empresarios, especialmente de las televisoras, y a otros gurús de la iniciativa privada, al referirse al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, sin duda uno de los hombres más poderosos del gobierno. Pero, sin embargo, desgastado por la batalla política y legislativa librada en torno a la reciente reforma fiscal.

INFORME CONFIDENCIAL 11/11/2013 03:27 a.m.

Apuestas contra Videgaray
En las semanas previas a que la administración del presidente Peña Nieto enviara al Congreso su propuesta en materia impositiva, el presidente del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, Claudio X. González, llamó por teléfono a Videgaray para pedirle una reunión en la que se discutieran los alcances de la iniciativa fiscal del gobierno.
González Laporte, presidente de Kimberly-Clark y consejero de corporaciones clave en el país, ha hecho sentir su peso en el sector desde la presidencia de Carlos Salinas de Gortari. Está acostumbrado a tener pleno acceso a los pasillos del poder en México. Se dice que disfruta ser llamado “Claudio Décimo”, evocando a los emperadores romanos. Nacido en Sonora, se le atribuye haber sido mecenas de la campaña del actual gobernador de aquel estado, el panista Guillermo Padrés. Su hijo, Claudio González Guajardo, es uno de los principales operadores políticos de Televisa, con el atuendo de la promoción educativa.
Pese a todo ello, la primera llamada del veterano líder empresarial a Videgaray no fue atendida por el secretario de Hacienda. Ni la segunda, ni la tercera, ni la cuarta. De acuerdo con fuentes consultadas por este espacio, sólo tras una semana el funcionario se comunicó con González para aclararle que no habría reunión previa a la presentación de las reformas económicas ante el Congreso.
Lo que siguió después conforma una historia con capítulos aun no contados. Entre otros, que Videgaray defendió en solitario la reforma fiscal. Ningún otro funcionario del gobierno salió a dar la cara. Por su parte, los empresarios se multiplicaron para oponerse a la propuesta. En público hablaban de apoyo a clases medias, al empleo, y en privado se oponían al fin gradual de la consolidación fiscal, al cierre de regímenes privilegiados y a los impuestos a las bebidas. En medio de la indignación y cuando Los Pinos parecía dudar, los barones del dinero empezaron a hablar de pedir la cabeza del titular de Hacienda a cambio de serenarse.
Un episodio singular lo representó el tema de los impuestos especiales a los refrescos. La industria reaccionó con el mismo poder de cabildeo que en otras ocasiones le había dado tan buenos resultados, al grado de ser intocable –y aliada– durante los regímenes del PAN. Presionó al Congreso para abrir el peso de la medida a todos los alimentos con altas calorías, y finalmente desató una campaña provocadora y fallida.
La batalla legislativa en estos temas no surgió en la Cámara de Diputados, sino en el Senado, cuya apretada correlación de fuerzas partidistas fue lo que impidió al gobierno presentar una iniciativa que incluyera IVA a alimentos y medicinas. Asumiendo que con el PAN no iban a contar, los estrategas oficiales apostaron a coquetear con el PRD para garantizar la aprobación.
Así ocurrió, pese a los intentos del grupo afines a Andrés Manuel López Obrador y a René Bejarano –representados, respectivamente, por Manuel Camacho Solís y por Dolores Padierna– para que la bancada del PRD se sumara al PAN en el rechazo de la propuesta fiscal, lo cual hubiera resultado paradójico, pues ésta incluía viejos reclamos de la izquierda, entre ellos suprimir privilegios fiscales y permitir un déficit para alentar gasto público.
El balance de este tema es complejo para cada partido. El coordinador del PRI en el Senado, Emilio Gamboa, encaró los reclamos y presiones de empresarios y panistas, a los que decía que mientras más se endurecían ellos, más debía el PRI caer “en los brazos” del PRD, pues sus votos se volvían vitales.
En el frente panista se consumó la fractura interna que inició el bloque de senadores comandados por Ernesto Cordero, opuestos a la reforma porque, adicionalmente, desmontó muchas de las iniciativas establecidas por Felipe Calderón durante su gestión. Cordero y su grupo hicieron inviable que la dirigencia nacional del PAN, que conduce Gustavo Madero, pudiera negociar con el gobierno una postura mediadora en este tema.
Por lo que toca al PRD, el coordinador senatorial Miguel Barbosa arrebató a Jesús Zambrano y a Jesús Ortega, cabezas de “Los Chuchos” –grupo al que pertenece de manera cada vez más lejana–, la interlocución con el gobierno, que está siendo trasladada crecientemente al Congreso y en particular, al Senado (San Lázaro es terreno cómodamente dominado por el PRI por la vía de Manlio Fabio Beltrones). Así se verá con los casos de la nueva reforma electoral y muy especialmente, con la reforma energética. (RRL).



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