Aguirre, la otra tragedia de Guerrero

El nombre de Ángel Aguirre Rivero encierra, singularmente, la mayor decepción de dos partidos políticos –el PRD y el PRI–, y de un gobierno completo, el de Enrique Peña Nieto.

INFORME CONFIDENCIAL 23/09/2013 05:00 a.m.

Como le ocurrió en octubre de 1997, como gobernador interino, cuando resultó exhibido como incompetente durante el huracán “Paulina”, Aguirre nuevamente quedó atrapado tras el desastre ocasionado por “Manuel” y parece hundirse por un lastre alimentado por historias de desdén, incapacidad y corrupción.
Una señal ominosa para la estabilidad política del gobierno de Aguirre es la investigación que de oficio abrió la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, para esclarecer los “agravios” que afectaron a la población de Guerrero por el desempeño de la administración estatal “antes, durante y después” del impacto del nuevo fenómeno meteorológico.
Una historia no contada hasta ahora da cuenta de la forma en que Aguirre conquistó la gubernatura. Él intentó obtener la candidatura del PRI, que finalmente logró Manuel Añorve, identificado con Manlio Fabio Beltrones, quien en ese momento (finales de 2010) buscaba bloquear al ya para entonces poderoso gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto.
Luego de semanas de dudas y contradicciones, Aguirre se lanzó a la contienda bajo las siglas del PRD y con el apoyo de Marcelo Ebrard, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal. Ayuda adicional, importante, contante y sonante, tendría orígenes sorprendentes: gobernadores priístas distanciados de Beltrones acumularon una cantidad en efectivo y se la hicieron llegar a Aguirre mediante discretos canales.
En lugar de personificar una transición política que trajera un nuevo destino para Guerrero, Aguirre despilfarró su capital personal, llenó la administración estatal de parientes cercanos y lejanos y se dedicó a la vida disipada.
Realizó cambios caprichosos y, tras recurrentes problemas ligados a escándalos de funcionarios o casos de malversación de fondos incluso en las áreas designadas para el manejo y cuidado del erario estatal, Aguirre pareció aferrarse como tabla de salvación a un personaje con el que está ligado desde que ambos empezaban su carrera política, en la gestión del gobernador Alejandro Cervantes Delgado.
Se trata de Juan Salgado Tenorio, quien en mayo pasado regresó a la administración estatal como director general del Colegio de Bachilleres, pero su cercanía con Aguirre lo hace desempeñarse como una especie de jefe de Gabinete. Se asegura que condicionó su regreso a que fuera contenido el poder del primer círculo de parientes de Aguirre, y que se relevara al equipo que maneja la imagen del gobierno. Nada de eso ocurrió, y los dos ámbitos forman parte del desastre que exhibió “Manuel”.
Pero los nombres de Aguirre, Salgado Tenorio y las tragedias en Guerrero están ligados en la historia.
En octubre de 1997, el huracán “Paulina” golpeó Guerrero con similar dureza a la que ocurre hoy. El entonces presidente Ernesto Zedillo encaró el problema. Suspendió una gira que realizaba en Alemania y se presentó a las zonas dañadas, entre ellas a Guerrero. Encabezó personalmente reuniones de evaluación y hubo de soportar desplantes de políticos locales ligados con Aguirre, uno de los cuales le hizo diversos reclamos en público. “Respete mi investidura”, le respondió Zedillo en tono firme, con lo que aquel hombre guardó silencio.
El problema había desbordado al gobierno interino de Aguirre. Había cientos de muertos en Acapulco. Juan Salgado, entonces alcalde del puerto, se hallaba de viaje y siguió ausente pese a la tragedia. Se dijo que estaba vacacionando en Las Vegas. El gobernador se había encerrado en su casa de Chilpancingo. Zedillo coordinó directamente los trabajos de rescate. El secretario de la Defensa, Enrique Cervantes Aguirre, se desempeñó como autoridad máxima en la región afectada.
Hoy el drama se repite. Guerrero es nuevamente escenario de una tragedia humana. El gobernador Aguirre Rivero vuelve a estar en el centro de la misma. Su gestión, en sí misma, constituye una tragedia paralela.
Así lo resumió hace algunos días el periodista Ricardo Alemán, columnista de “El Universal”: “Acapulco vive hoy la notoria incapacidad del gobierno de Ángel Heladio Aguirre, igual que en octubre de 1997, tras el paso del huracán ‘Paulina’, el puerto vivió la incapacidad del entonces gobernador interino Ángel Heladio Aguirre. Hoy la tragedia está de nueva cuenta en Acapulco y en Guerrero –entre muchas otras entidades–, pero queda claro que los miles de millones de pesos que luego de 1997 se invirtieron para recuperar Acapulco luego del huracán ‘Paulina’, no sirvieron de nada. ¿Por qué? Porque buena parte de ese dinero se lo robaron. ¿Y si no, cómo se explica que el gobierno de Aguirre hizo los trabajos de recuperación de Acapulco, hoy sea el mismo que vea derrumbarse ese puerto? ¿Y quién ha pagado por esas fechorías? Nadie”.



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