Los hechos violentos que desencadenó el aumento en los precios de las gasolinas pusieron al descubierto la falta de liderazgos alternativos. También evidenciaron la debilidad que tienen muchos de los actuales y los riesgos que corre el país en materia de gobernabilidad si no hay quienes conduzcan con eficacia el enorme descontento ciudadano.

 

El enojo de la sociedad debe contenerse y canalizarse.

 

En caso contrario, la violencia de algunos grupos podría derivar en un problema serio de gobernabilidad e incrementar la volatilidad de nuestra economía.

 

La lección de lo sucedido ha sido significativa.

 

La ola de protestas que se dio en varios estados del país no logró aglutinarse en un movimiento sólido que llevara al Gobierno de la República a revertir la decisión del aumento.

 

Mucho menos lo puso en una situación fuera de control.

 

La combinación que se dio entre las protestas legítimas, los saqueos dirigidos por grupos con buscaban el choque frontal entre autoridades y verdaderos ciudadanos, los bloqueos en avenidas y carreteras y los rumores que se lanzaron desde las #RedesSociales trajo miedo y preocupación.

 

Ambas emociones operaron como un mecanismo inhibidor.

 

De la misma manera, demostraron que la indignación y el enojo de la gente —principalmente de la clase media y los sectores en desventaja— no se trasladaron a las calles como ha sucedido con problemas similares en otros países.

 

En México, el poder de las redes aún no es como lo pintan.

 

Sin embargo, esto no significa que su influencia no sea muy importante ni que debamos subestimar su influencia. Lo que hoy no se puede ignorar es que en estas plataformas digitalesse está expresandoel verdadero #HumorSocial con una nitidez sin precedente.

 

También de ahí surgirán nuevos líderes.

 

Pero muchos de ellos todavía no descubren el alcance de sus habilidades ni la fuerza que llegarán a tener sus mensajes en el ámbito político. Sólo falta tiempo para que maduren y pasen de las palabras a las acciones.

 

Ciertamente no sucederá tan pronto como quisiéramos.

 

De lo que sí estoy seguro es que los nuevos medios tienen la capacidad incubar movimientos sociales de mayor alcance, cobertura e influencia como los que surgieron luego de los terremotos de 1985 o en el proceso electoral de 1988.

 

Las bases del nuevo escenario mediático son sólidas.

 

La convergencia digital permitirá hablar de un nuevo cuarto #Poder, pues el de los medios tradicionales seguirá siendo desplazado por otro tipo de liderazgos de opinión, con características radicalmente distintas a las que hasta ahora conocemos.

 

En el nuevo modelo el consenso parece imposible.

 

La clave del éxito dependerá de cómo se diseñen y canalicen los instrumentos de presión hacia los poderes institucionales. La transparencia, la exigencia de rendición de cuentas y el derecho efectivo a la información serán algunas de sus banderas principales.

 

Además, el tema de inseguridad tendrá un valor agregado.

 

Es probable que las futuras manifestaciones rebasen el alcance de los movimientos que surgieron desde el sexenio pasado. Si los gobiernos que vienen tienen la visión que se requiere, estaremos en condiciones de construir un nuevo paradigma de nuestra democracia.

 

A nadie conviene poner freno a ese futuro.

 

Los obstáculos que se pongan resultarán contraproducentes, pues la censura, el engaño persistente o el intento de desviar la atención serán opacados por los diversos emisores de información que dispondrán de mejores habilidades y herramientas tecnológicas más poderosas. Y todos tendremos que reencontrarnos con el concepto de #Estrategia.

 

Los gobiernos y los medios electrónicos en primer lugar.

 

Más porque siguen sin resolverse los problemas tácticos de vocería, elaboración de narrativas y generación de contenidos audiovisuales. Pero sobre todo porque la ausencia de líderes efectivos afecta en la mayoría de los espacios de poder institucional.

 

La crisis actual está controlada, pero no se ha resuelto.

 

Todos tenemos claro que no bajará el precio de la gasolina, que poco podremos hacer ante las decisiones que ha tomado y tomará en la relación con México el presidente de Estados Unidos, @realDonald Trump, y que las elecciones presidenciales de 2018 serán las más complicadas de la transición democrática.

 

A pesar de todo, hay motivos para tener esperanza.

 

La poca confianza y credibilidad que se tiene en los personajes políticos se ha profundizado con la crisis que empezamos a vivir los primeros días de 2017. Hasta ahora, casi todos han perdido, porque principalmente no han aprendido a comunicarse con la sociedad.

 

Pero los errores políticos y comunicacionales no serán permanentes.

 

Si la sociedad y la clase política lo logramos entender, el cambio vendrá –principalmente- desde las #RedesSociales. ¿Por qué? Porque los nuevos medios tienen las características y recursos de poder para crear, posicionar y potenciar a los nuevos líderes.

 

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