Dos importantes medios de Estados Unidos aludieron en días pasados a funcionarios de la administración Peña Nieto –que no identificaron por su nombre- como la fuente de una filtración según la cual el canciller Luis Videgaray corrigió directamente un discurso del presidente Donald Trump y conversó incluso con él, en la mismísima Sala Oval, para convencerlo de moderar el tono de su discurso hacia México.

 

Videgaray habría logrado tal proeza diplomática con el personaje más impredecible en este momento del mundo, gracias a la influencia del yerno de Trump, Jared Kushner, cercanísimo asesor del mandatario norteamericano y reiteradamente mencionado como el contacto de nuestro secretario de Relaciones Exteriores en la Casa Blanca.

 

En un significativo “tuit” sobre este asunto, Videgaray echó mano de la frase “fake news” (noticias falsas), tan empleada por Trump, para negar estas versiones. Pero la duda sigue ahí: Si no fue Videgaray, ¿quién filtró? ¿por qué? ¿para qué? . 

 

Simultáneamente han empezado a surgir reportes periodísticos que describen el paulatino debilitamiento de Kushner en el primer círculo de Trump, crecientemente dominado por Steve Bannon,  cuyo puesto como “consejero de estrategia” e integrante del Consejo Nacional de Seguridad parece disfrazar su verdadero rol como un hombre manipulador que según analistas, parece usar a Trump como marioneta.

 

Bannon habría sido el responsable de derrumbar la visita del presidente Peña Nieto a Washington y de filtrar a la AP y a la corresponsal mexicana Dolia Estévez la fallida versión de que Trump tuvo una áspera conversación telefónica con el mandatario mexicano, al que habría amenazado de enviar tropas sobre territorio de su vecino del sur para resolver el problema del crimen organizado. La especie se desmoronó con sucesivas correcciones de AP, al grado de que esta agencia acabó asegurando que Trump se estaba expresando en términos afables y coloquiales.

 

La revista “Vanity Fair”, que en sus recientes ediciones ha lucido acceso de alto nivel al equipo Trump, publicó que tras la cancelación de la visita de Peña Nieto a la capital estadounidense, Kushner estaba “fucking furious”, especialmente porque su gestión en tal sentido habría sido echada al bote de la basura por un personaje más influyente en el ánimo de su suegro. Ese personaje sería Bannon, un empresario de extrema derecha, obsesionado con la presunta amenaza de China y la “invasión” de migrantes a la Unión Americana.

Nuevos reportes periodísticos han hecho mofa de la más reciente misión asignada por Trump a su yerno: arreglar la paz en Medio Oriente, quizá porque piensa que siendo Kushner un judío observante puede convencer al gobierno de Israel de hacer algo, en los meses venideros, que no ha estado dispuesto a hacer en más de medio siglo.

 

“La peor manera de tratar a esta gente”, publicó en días recientes el influyente diario “The Washington Post” es “tomarlos en serio”. “Mientras más nos enejemos con ellos, más poder cobrarán”, subrayó.

 

¿Quién en el gobierno Peña Nieto decidió no tomar en serio a Trump y a su equipo? ¿Cuál fue el destinatario de la filtración: Bannon, Kushner, el propio Trump? ¿Se buscó apuntalar o debilitar a Videgaray? ¿El cálculo fue de la propia Cancillería? Es poco probable, pero no imposible que algún día nos enteremos del origen de esta filtración. Pero desde luego, veremos pronto sus efectos.

 

No deja de ser curioso imaginar a Trump sentado en el legendario escritorio presidencial de la Sala Oval en la Casa Blanca, frente a su yerno y a un canciller extranjero, preguntando por qué debe cambiar el tono de su discurso luego de que horas antes había incurrido en el agravio diplomático de anunciar con un “tuit” virtualmente el inicio de la construcción del muro fronterizo.

 

El hecho cierto de que ese día Trump sí moderó los términos del mensaje que leyó frente a la prensa da cuenta de que este hombre tiene convicciones volátiles, para decir lo menos. Y que la filtración mexicana resulta tan dañina como la atribuida a Bannon sobre el presunto “regaño” telefónico a Peña Nieto. ¿Será que habrá que entender este episodio como un “ojo por ojo”?

 

Debe añadirse que a la luz de la perorata antimexicana de Trump, el exhibirlo recibiendo a Videgaray en privado y sometiéndose a una gestión de ese tipo lo hace aparecer como un hipócrita o en el peor de los casos, un mentiroso simulador.

 

No en balde los sitios de apuestas en el mundo han ido abriendo posiciones para la posibilidad de que Trump no concluya siquiera su primer periodo de cuatro años al frente de la Casa Blanca, ya sea porque renuncie harto de su propio incompetencia para conducir al país, sea porque su ignorancia y soberbia lo lleven a incurrir en delitos como el uso de mentiras para violar la ley o en conflicto de intereses, todo lo cual lo puede conducir a un juicio constitucional o “impeachment” que lo arroje de regreso a su torre de acero y cristal en Nueva York.

 

 

robertorock@hotmail.com

@OpinionLSR

 


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