Así se configuró el hashtag del Partido Acción Nacional con motivo de la toma de protesta de Josefina Vázquez Mota como candidata a gobernadora del Estado de México, una elección compleja y muy competida, en una entidad de enorme significado político y electoral, un reto formidable para el PAN en su ruta a las elecciones del 2018.

 

La frase de esta etiqueta de metadatos, usada habitualmente en redes para identificar un tema de forma rápida y también para crear cierto consenso, expresa una necesidad política, un propósito o meta electoral y un programa estratégico para el PAN, si realmente aspira a ganar nuevamente la presidencia de la República.

 

Como sabemos, en las últimas fechas los resultados de los procesos electorales y de los ejercicios de democracia directa, como el referéndum, han sorprendido al mundo y empieza a ser lugar común que las encuestas como instrumentos predictivos fallan y que la incertidumbre es la nota característica de la participación  y elección de los ciudadanos. Esto hace más complejo el reto de los partidos ante una población que muestra su desencanto con la democracia como la conocemos hasta ahora y que está más dispuesta, con la información de que dispone,  a castigar a los políticos ante los hechos de impunidad y corrupción. Lo que no ha cambiado hasta ahora son los índices de participación y la adhesión a proyectos que puedan triunfar, aún en contra de los pronósticos más aventurados de un candidato o un partido y, por cierto, de manera cada vez más anticipada.

 

Así las cosas, el PAN enfrenta el reto en el Estado de México de ganar una elección que representa el bastión más poderoso del PRI y el territorio político del presidente Peña y del grupo Atlacomulco, expresión que ha dominado la escena mexiquense por casi noventa años. El reto consiste en ganar un estado donde nunca ha perdido el PRI, con un aparato que ha superado las divisiones internas entre líderes y grupos regionales, como el del Valle de México que hoy ha visto cómo se le excluye de las decisiones fundamentales a pesar de tener en el gobernador Eruviel Avila a uno de sus representantes más significativos, y ante una clase política que al mismo tiempo ha sido extraordinariamente eficaz para mantener a raya a la oposición, sea por la cooptación o por el sometimiento, pero al final del día, bajo control.

 

Sin embargo, a diferencia de otras contiendas, hoy el PRI ha elegido a un candidato de cepa que divide y polariza. Alfredo del Mazo Maza es primo del presidente Peña, se le identifica plenamente con él y se le asigna parte del desgaste y desaprobación presidencial; es nieto de Alfredo del Mazo Vélez (gobernador de 1945-1951) e hijo de Alfredo del Mazo González (gobernador de 1981-1986), toda una dinastía político-familiar que cada treinta y seis años nos manda a un miembro de su familia como candidato, como si fuera sucesión de poder genéticamente programada. Esto no ha gustado al priismo local ni a diversos sectores influyentes de la sociedad mexiquense, lo que seguramente podría influir en el resultado.

 

En la izquierda, el colapso del PRD es un factor relevante. Se trata hoy de un partido dañado por la cooptación y las divisiones internas que está haciendo crisis, al grado que son la única fuerza sin candidato y que habrán de pasar por una elección interna que seguramente les va a polarizar aún más. Esta división juega a favor del PRI en tanto que divide y termina de atomizar el voto opositor. 

 

A últimas fechas MORENA se ha presentado como opción emergente, sobre todo por el oportunismo de López Obrador que ha visto la posibilidad -como lo declaró- de abrir la puerta de Los Pinos desde el Estado de México. Pasando por encima de Delfina Gómez, se erige como el verdadero candidato para cumplir una agenda de rentabilidad electoral que lo catapulte a la Presidencia de la República. Sí o sí busca beneficiarse de la crisis del PRI y del PRD e imponer sus condiciones con el beneplácito de los nuevos seguidores de un sector del empresariado y de los grupos televisivos.

 

Como se puede ver, para el PAN el reto es mayúsculo, debe consolidarse como un partido ganador que inspire confianza a los electores y que levante la bandera del cambio por la vía legal e institucional, aportando la racionalidad política para construir una salida a la crisis económica, social y política que padecemos. El reto es ganar las elecciones en el 2017 y preparase con propuestas que brinden certeza de estabilidad económica y crecimiento sostenido; orden, seguridad yvigencia del estado de derecho para enfrentar la corrupción y la impunidad así como una agenda social que contribuya a la cohesión social, al combate a la desigualdad y la pobreza indignante son un deber. Todo eso estará a debate en el Estado de México, sobre todo porque esta campaña tendrá una dimensión nacional en función de su tamaño y de la realidad nacional que representa.   

 

Ganar la campaña del Estado de México se vuelve imperativo para un partido que, luego de los resultados de las elecciones del 2015 y 2016, es para una parte significativa del electorado la opción ante los excesos del autoritarismo y el riesgo de regresión que representa el PRI y la aventura del populismo nacionalista de MORENA.

 

@MarcoAdame

@OpinionLSR


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