Podrían sobrar los dedos de una mano para referir el número de ocasiones en que los principales aspirantes a la Presidencia de la República, de todos los partidos, han tenido pronunciamientos francos y de frente para responder a Donald Trump por sus excesos e insultos contra México y los mexicanos.

 

Incluso el discurso del gobierno de Enrique Peña Nieto puede considerarse más claridoso, pese a la prudencia que la diplomacia y el sentido común obligan como estrategia para tratar con el magnate norteamericano.

 

Diversas voces han criticado a Peña Nieto por no ser más duro contra su homólogo norteamericano, y la mayor parte de las posturas al respecto plantean argumentos válidos. Para nada decimos frente a una posición agachona y francamente pusilánime de aquellos, hombres y mujeres, que aspiran a gobernarnos a partir del próximo año.

 

¿Es válido preguntarse si Andrés Manuel López Obrador, Miguel Ángel Mancera, Margarita Zavala, Ricardo Anaya o Rafael Moreno Valle, o diversos priístas, todos ellos presidenciables,  deberían plantar cara a Trump y explicarnos a los mexicanos qué harían ellos frente al vecino energúmeno en caso de ganar en los comicios del próximo año?

 

¿Es legítimo que estos precandidatos decidan que “calladitos se ven más bonitos”, e incluso se ausenten del debate público general para no evitar un “desgaste” cuando hay tanto en juego y urgen ideas que extiendan un consenso a seguir? La tesis de este espacio hoy es que los precandidatos, pero también los gobernadores, los legisladores clave y muchos otros personajes tendrían que levantar su voz, con la posición que cada quien defina. Pero hablar, gritar si quieren, acercar el cuerpo al fuego. Lo contrario debe ser tomado como cobardía y cómoda conveniencia.

 

Habría que empezar por Andrés Manuel López Obrador, no sólo por ser el virtual candidato de Morena –y quizá de un frente más amplio de partidos- para ocupar Los Pinos.  Sólo se tiene registro de que el tabasqueño dio una declaración tras el triunfo de Trump, llamando a “no preocuparse”.  Poco o nada ha dicho luego de su toma de posesión, pese a la  cadena de posicionamientos agraviantes que el ocupante de la Casa Blanca ha hecho sobre nuestros connacionales, sobre el TLC, las relaciones binacionales, el combate a las drogas y una larga relación de temas.

 

López Obrador estará durante los próximos días en Phoenix, Arizona, en un evento inusitado dentro del territorio norteamericano. Esa debe considerarse como una oportunidad clave para un deslinde tajante.

 

Al líder nacional de Morena, que será sin duda el candidato a vencer –por tercera ocasión sucesiva- en la elección del próximo año, se le ha atribuido una cercanía personal con Rudolph Giuliani, el ex alcalde de Nueva York (1994-2001) que tras dejar el puesto fue contratado por el tabasqueño, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, como consultor en temas de seguridad, trabajando de la mano con el entonces secretario de Seguridad Pública, Marcelo Ebrard, quien posteriormente relevó a López Obrador y conservó los servicios de Giuliani.

 

Este último fue en los años recientes uno de los personajes más cercanos al actual presidente Donald Trump. Se desempeñó como asesor cercanísimo en la campaña del magnate. Tras el triunfo de éste, a Giuliani se le mencionó como eventual integrante en el futuro gabinete del republicano. Parecía acariciar ya el cargo de secretario de Estado –equivalente a nuestro canciller-, pero en forma inopinada, a última hora se alejó del proceso y hasta el momento no tiene asignada una tarea formal en el equipo Trump.

 

¿Es Giuliani el contacto de López Obrador con Trump? Eso se rumora en los pasillos de la política mexicana, donde se citan varios nombres más de gente cercana al tabasqueño con presunto acceso al primer círculo del mandatario estadounidense.

 

Margarita Zavala de Calderón es una firme aspirante a la postulación del PAN para la Presidencia. Cuando se percibía que la aspirante demócrata Hillary Clinton tenía “casi seguro” el triunfo en las elecciones en la Unión Americana, se daba por hecho que ello alentaría la causa de la ex primera dama del país, quien entre sus activos cuenta una relación cercana con la señora Clinton.

 

La historia tomó el curso conocido por todos, y los votos que hundieron a Hillary parecen haber hecho también un daño letal a Margarita Zavala, quien virtualmente no ha tenido apariciones públicas en los últimos tres meses. Y no se le conoce ningún posicionamiento estructurado sobre la espinosa relación binacional.

 

Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle deben ser descritos aún por debajo del perfil de la citada señora Zavala, por lo que toca a posturas respecto a Trump. Ambos están consagrados a cabildear hacia el interior del PAN, pues sin duda será la militancia panista la que determine quien será el abanderado del blanquiazul el próximo año.

 

Anaya viajó hasta la semana pasada Washington, pero no para poner el pecho en nombre de México, sino para dar una plática insulsa ante estudiantes de la Universidad George Washington, lo que fue una lamentable muestra de ligereza, propia de Anaya pero indigna del foro que le dio espacio en una de las universidades más relevantes de Estados Unidos.

 

¿Qué deberíamos esperar de los precandidatos priístas? Usted dirá quizá que no mucho. Forman parte de un equipo que naturalmente recibe indicaciones desde Los Pinos. Pero Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio Chong e incluso Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, han sido más firmes, con frases más rudas sobre Trump, que las que les hemos escuchado a los líderes de la oposición.

 

¿Hasta cuándo seguirán todos pensando que este asunto no los implica y que calladitos se ven más…miedosos?

 

robertorock@hotmail.com

 

 


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