La historia de México está plagada de amenazas a nuestra soberanía e integridad nacional, lo traumático de la pérdida de la mitad de nuestro territorio por parte de los EEUU ha cimentado gran parte de nuestro nacionalismo y es fundamental en nuestra formación temprana como mexicanos.

 

Nuestro país siempre ha enfrentado complicaciones y hostilidades desde que logró su independencia, lo grave ahora es que se presenta la difícil circunstancia del arribo de Trump a la Presidencia de los Estados Unidos con un gobierno de la República disminuido y polarizador. Frente a un gobierno proteccionista, xenofóbico y hostil, la actitud del gobierno mexicano ha sido complaciente y errática.

 

Nueve de cada diez mexicanos reprueban al Presidente Enrique Peña Nieto (encuesta de Reforma). Su gobierno es el más repudiado en la historia contemporánea de México. Sus políticas y su desastrosa gestión lo han dejado sin consenso para ejercer el liderazgo en este momento crítico de la nación, el grave problema de la ingeniería constitucional del país es que en este régimen presidencial se tiene que agotar el lapso sexenal de un gobierno, no está regulada la revocación de mandato ni el llamado a las elecciones anticipadas para renovar el Ejecutivo. Hay que aguantar el mal gobierno de Peña Nieto hasta el último día de noviembre del 2018.

 

Casi dos años con un gobierno reprobado y sin consenso frente a la más grave amenaza a nuestro futuro pinta un escenario que luce aterrador. En lugar de utilizar el gobierno federal a nuestro favor la ubicación geográfica estratégica que poseemos, buscar nuevas alianzas y oportunidades con otras naciones (como China y Europa), de fortalecer el mercado interno, apoyar a los sectores productivos del país y convocar a la unidad nacional, el gobierno de Peña Nieto le ha apostado a actuar con servilismo ante Donald Trump, poner como Secretario de Relaciones Exteriores a Videgaray, no sólo por la cercanía con el Titular del Ejecutivo, sino sobre todo por tener relación con el yerno del inquilino de La Casa Blanca, para que busque construir una relación basada en el sometimiento abyecto y suplicante.

 

De igual manera el gobierno de Peña Nieto ha polarizado al país con su política fiscal depredadora, que golpea prácticamente a todos los sectores de la República con impuestos y cargas fiscales excesivas y desproporcionadas, y con su gestión gubernamental excluyente y fallida. La ineptitud del gobierno federal, su enorme corrupción y los compromisos de la Reforma Energética con trasnacionales y grupos de poder económico nacional tienen al país sumido en un espiral de confrontación y encono.

 

El modelo neoliberal ha colapsado, el esquema económico basado en la integración económica con Estados Unidos y el bajo costo de la mano de obra, para convertir a nuestra nación en una gran maquiladora ya no es funcional con los intereses proteccionistas de Trump, reto mayúsculo que el actual gobierno de la nación no tiene el tamaño para enfrentar.

 

Se ha desmantelado la industria nacional, los bancos están en su enorme mayoría en manos de extranjeros, a PEMEX y a CFE se le ha dejado morir de inanición, la reforma energética privatizadora pone en manos de extranjeros la principal fuente de riqueza nacional, la corrupción ha alcanzado niveles sin precedente (Casa Blanca, grupo Higa, OHL, etcétera) y ahora enfrentamos la hostilidad del mandatario de la primera potencia del planeta.

 

Las reformas estructurales prometieron el paraíso y se han convertido en una pesadilla. La deuda pública nacional alcanza casi los 9 billones de pesos.

 

El tiempo nos dio la razón. Como diputado federal (LXII Legislatura) me opuse a todas las reformas  estructurales, la educativa, la financiera, la de telecomunicaciones, la fiscal, la política y, desde luego, la energética. Más allá de la propaganda siempre tuve claro que se trataba de un proyecto sin horizonte, un proyecto que lejos de defender el interés nacional golpeaba a los diferentes sectores y consolidaba un esquema de concentración de recursos en unos cuantos y a un gobierno cleptocrático.

 

Cuando nos criticaban por no sumarnos al Pacto por México y votábamos una a una en contra las reformas estructurales lo hicimos con la firme convicción que esas reformas complicarían aún más la ya de por sí compleja situación nacional. El tiempo nos dio la razón.

 

El aumento escandaloso de las gasolinas es parte de la reforma energética y de la reforma fiscal, como lo reconoció el Gobernador del Banco de México Agustín Carstens. Cuando se discutió la Reforma Energética y se aprobó en un congreso amurallado explicamos que no sólo se privatizaría el petróleo y los hidrocarburos y la electricidad, sino que era una gran mentira presidencial que bajarían la Luz, el gas y las gasolinas porque la visión del gobierno es recaudatoria y depredadora de la economía.

 

El gobierno federal debe dar reversa al gasolinazo, reconstruir la relación con todos los sectores del país, armar una estrategia de fortalecimiento e impulso a la industria nacional, cambiar su política fiscal para incentivar el mercado interno y la inversión nacional, optar por una política exterior digna e inteligente.

 

Si el gobierno de Peña Nieto persevera en su cerrazón y en su obstinación neoliberal es preciso que otros poderes, otros órdenes de gobierno, liderazgos sociales, empresarios y ciudadanos defendamos el interés nacional. No hay muro ni barrera proteccionista que pueda detener a un pueblo organizado. Es un reto enorme, pero no podemos quedarnos cruzados de brazos.

 

@RicardoMeb

@OpinionLSR

 

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