La controvertida visita del candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, hizo cerrar la semana con análisis ásperos a ambos lados de la frontera.  Una serie de efectos colaterales empezaban a vivirse hacia dentro de la administración Peña Nieto; entre otros, colocar en el limbo los ajustes en el gabinete que eran considerados inminentes.

 

Señales de última hora surgidas desde Los Pinos apuntan en el sentido de que fue suspendida la eventual salida de la Secretaría de Gobernación de Miguel Ángel Osorio Chong, enfrentado a una parte central del gabinete y a otros actores externos, como el líder de la bancada del PRI en el Senado, Emilio Gamboa.

 

Osorio Chong era ya imaginado al frente de la Secretaría de Desarrollo Social, donde relevaría a José Antonio Meade. De éste último se decía que iría a la Secretaría de Hacienda en lugar del titular de Hacienda, Luis Videgaray, para perfilarlo hacia la candidatura oficial a la gubernatura del Estado de México, pero que ahora ha quedado como el actor central en la trama de la visita de Trump.

 

Los cambios, si se generan, vendrían por más pronto, en noviembre, y algunos incluso no ocurrirían.

 

Osorio se mantendría en su puesto, quizá indefinidamente, lo que sería un rotundo revés para aquellos que llevan meses tejiendo la versión de que puede seguir siendo precandidato presidencial desde Sedesol, lo que realmente supondría degradarlo. Videgaray no sería movido tampoco, en principio, y Meade si migraría a otra posición, pero bien lejos de Hacienda.

 

En Washington se extendía el balance de que un impacto inusitadamente positivo en la campaña de Trump tras su presencia aquí. El diario digital “Político”, de obligada consulta, consignó reportes internos del cuartel general republicanos según los cuales la vista atrajo beneficios “nunca imaginados” en la opinión pública norteamericana, especialmente porque el gobierno Peña Nieto le había otorgado un cariz “presidencial” a Trump del que había carecido hasta ahora.

 

Tanto en la Unión Americana como en México surgieron versiones inquietantes sobre los motivos verdaderos que habrían animado al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, para alentar el cabildeo secreto que condujo a la llegada de Trump.

 

Contra las versiones difundidas de que la visita se tejió con el impulso de Videgaray para proteger a la economía mexicana de una crisis ante los capitales mundiales que pudieran ser ahuyentados por un eventual triunfo de Trump, hay comentaristas que alertan sobre otros escenarios.

 

Éstos se referirían a la posibilidad de que corporaciones financieras de carácter ultraconservador, identificadas con Trump, podrían haber influido en Videgaray para arrojar al gobierno mexicano y al presidente Peña Nieto en esta aventura que tendría resultados favorables para un lado, pero desastrosos para el otro.

 

No es la primera ocasión en que Videgaray es presentado como alguien sensible a intereses corporativos estadounidenses. Ocurrió ya cuando el poderoso funcionario, sin duda el hombre de más influencia en la administración Peña Nieto, hizo sentir su peso para cerrar el paso la participación en México de la empresa ferroviaria propiedad del gobierno chino.

 

Cada vez se conocen mayores detalles la historia de la tragicomedia en que se ha convertido el tema Trump para la administración Peña Nieto. Sin duda se seguirán produciendo efectos colaterales, por lo que hay que guardar capacidad de sorpresa.

 

 

 

robertorock@hotmail.com

@OpinionLSR 



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