Me sumo a la mayoría que opina que la visita de Trump no fue buena para México y sí para ese gran farsante. El problema no se encuentra en los discursos explícitos de ambas partes, más bien moderados, sino haberle construido un escenario de gran ceremonia a alguien que ni por sus posturas previas, ni por su status actual, debió haberlo tenido. Pero lo tuvo y lo aprovechó plenamente para demostrar su dominio del escenario. 

 

Aclaro que no critico el haberlo invitado, sino el formato servil del diálogo. Esto es importante porque a final de cuentas las impresiones visuales y su mensaje implícito cuentan tanto o más, en política, que la substancia del intercambio. Por lo menos es lo que ocurre en estos momentos.

 

No son malos los argumentos del presidente Peña Nieto para justificar la invitación a Donald Trump. El diálogo es necesario. Pero de ninguna manera debió darle el carácter de una visita de Estado. Debió recibirlo en mangas de camisa, en guayabera en el hangar de algún aeropuerto del norte del país, digamos Chihuahua, Hermosillo o Tijuana. Al salir del encuentro “privado”, habría bastado un simple apretón de manos para declarar, ante un muy selecto equipo de periodistas que el dialogo continuaría. Y retirarse. Si Trump quería hacer declaraciones tendría que haberlas hecho solo, sin la apariencia de respaldo del presidente a su lado.

 

Encontrarlo a medio camino y contrastar un atuendo casero con el trajezaso del güero le habría dado al encuentro un carácter informal sin agresividad. Lo correcto para tratar a alguien que se piensa que todavía tiene alguna posibilidad, aunque en continua disminución, de llegar a ser el próximo presidente de los Estados Unidos.

 

Pero lo que se hizo fue darle una estupenda oportunidad de comportarse como estadista a alguien de quien se sabe que es el gran maestro del escenario y de las impresiones visuales y discursivas impactantes.

 

Dicho lo anterior insisto en que hay que tomar en serio a Trump. No es un oportunista cualquiera, es alguien que sabe leer el estado de ánimo y los intereses de sus interlocutores para manipularlos a su antojo. Este carácter camaleónico es al mismo tiempo una cualidad política. Él ha sabido leer a sus compatriotas; sus propuestas reflejan adecuadamente la rabia acumulada y las exigencias de cambio de buena parte del electorado de su país.

 

La respuesta meramente patriotera, de rechazo al que nos ha ofendido, nos impide ver, o tal vez hasta intenta ocultar, lo que vino a proponer. El secretario Osorio Chong, sintonizado con la indignación, ha declarado que se le invitó para hacerle ver la irracionalidad de sus posturas y propuestas.

 

¿Cuáles propuestas? Trump hizo cinco propuestas ante las que México debería ir preparando respuestas, o contrapropuestas apropiadas. Una respuesta superficial no basta, hay que definir lo que se le va a proponer al próximo presidente norteamericano, quienquiera que sea.

 

Veamos las propuestas del Donaldo.

 

La primera es acabar con la emigración ilegal. Es una emigración que ha ocasionado enormes sufrimientos a las familias, a los hijos e hijas abandonados, a los muertos en el camino. Hay que reflexionar y responder que no nos interesa seguir expulsando mexicanos. Pero la solución no es levantar muros, sino instrumentar una estrategia de desarrollo que sea realmente incluyente, que permita permanecer, vivir y prosperar en el suelo donde se ha nacido. Hay que atender el tema ocupacional e incorporar a los marginados a la producción. Esa es la verdadera solución.

 

Lo segundo que afirma Trump es que cada país tiene derecho a contar con fronteras seguras y que una barrera física puede ser benéfica para ambos si es que elimina el movimiento ilegal de personas, drogas y armas. Podemos estar en desacuerdo, pero no podremos impedirlo; sólo los mismos norteamericanos podrían hacerlo. No obstante, podemos responderle que asuma y cumpla el compromiso de su parte de impedir el tráfico de armas del norte al sur.

 

Su tercera propuesta es desmantelar los cárteles de la droga y, Trump repite, evitar el movimiento ilegal de drogas, armas y dinero ilícito. Aquí reconoce que esto va más allá de levantar un muro y que requiere mayor cooperación. Nosotros debemos aceptar que la estrategia mexicana deja mucho que desear. Hay que pensarle mucho más al cómo, sin bajar la guardia en cuanto a dignidad y soberanía. Existe un antecedente histórico digno de tomase en cuenta. La era de la prohibición del alcohol propició una gran criminalidad que sólo pudo abatirse cuando se permitió su consumo regulado.

 

La cuarta propuesta fue fortalecer al TLCAN para conservar la industria dentro de nuestro hemisferio y enfrentar la competencia de China. Hacerlo, dijo, implica elevar los salarios de los trabajadores de México y los Estados Unidos. No sólo se revertiría el deterioro salarial de los últimos años (él mencionó 18), sino que está implícito que mejorar el ingreso sería el soporte de la reindustrialización de ambos países.

 

Debo confesar que la idea de fortalecer el TLCAN como un compromiso entre tres países, y en contra del Tratado Transpacífico, me parece viable y favorable para ambos países. Implica que México deje de ser cliente preferente de China para serlo de las manufacturas norteamericanas y, en reciprocidad, los Estados Unidos favorezcan a México en lugar del sureste asiático.

 

Su quinta propuesta es consecuencia de la anterior: conservar la manufactura y la riqueza en el hemisferio norteamericano e impedir que los puestos de trabajo salgan de México, los Estados Unidos y Centroamérica. En este caso tomarle la palabra nos llevaría a proponerles a los norteamericanos una estrategia de desarrollo compartido. Algo que bien llevado haría inútil la construcción de un muro.

 

Estas propuestas merecen análisis y respuestas serias. Muchos ni se han enterado del fondo de su discurso; otros pueden creerlo mera palabrería. A los más su estilo ofensivo les hace reaccionar con justificada indignación.

 

Sin embargo sospecho que existe otro grupo que alienta un patriotismo estéril para no ver, porque no les conviene, sus propuestas anti neoliberales. Trump nos pide cambiar el modelo de desarrollo de manera concertada. Es difícil saber si es mera ocurrencia del momento o posición que habrá de sostener en el futuro.

 

Lo que no se vale del lado mexicano es un patrioterismo hipócrita precisamente de aquellos que han vendido el patrimonio nacional, que han hipotecado nuestra soberanía y a los que les interesan más sus negocios personales que el futuro de la nación. Bien miradas y adecuadamente diseñadas e instrumentadas, las propuestas de Trump son mucho más convenientes para la mayoría de los mexicanos y para el país, incluyendo soberanía y dignidad, que la continuación del modelo que nos han impuesto nuestras voraces elites.

 

@JorgeFaljo

@OpinionLSR

 

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