Altos ejecutivos de Televisa, la empresa que conduce Emilio Azcárraga Jean, han sido convocados a un cónclave a partir del próximo lunes, que se extenderá al menos por 48 horas. El propósito de la cumbre es dilucidar cómo enfrentar la crisis de audiencia y de ingresos que amenaza su relevancia como la corporación televisiva más importante de habla hispana.

 

No se hallan solos en esta encrucijada. Si a Televisa le da un resfriado, Televisión Azteca sufre pulmonía. Si la primera está exhibiendo preocupación, la segunda entró ya en pánico.

 

A su vez, los proyectos de UnoTV, que encabeza Carlos Slim, y la nueva cadena en manos de Olegario Vázquez Aldir, parecen hallarse cada vez más lejos de encontrar un modelo de negocio rentable. Si esto fuera una telenovela, y lo parece, se podría llamar “Los ricos (magnates de la televisión) en verdad también lloran”.

 

Reportes de empresas especializadas dan cuenta de que durante 2015 podría haber disminuido hasta 30% el número de personas que siguen la programación de la televisión abierta en el país. Una disminución paulatina de este público se ha presentado en los últimos años. Y ello atrae cada vez menor inversión publicitaria, incluso en años de bonanza, como aquellos en los que se celebra el campeonato mundial de futbol.

 

Un informe especializado da cuenta de que esta tendencia se consolidará en 2016 y que las televisoras con transmisión abierta verán caer su facturación en más de una tercera parte también, por la huida de sus públicos hacia la televisión restringida, pero también hacia formatos nuevos como Netflix y otros que permiten al usuario ver los contenidos que quiere, a la hora que quiere, en los dispositivos que quiere. De éstos últimos, cada vez más serán móviles (celulares y tabletas).

 

Los retiros de los principales ejecutivos de Televisa para procesos de planeación son tradicionales cada año. Usualmente se refugian en alguna de las residencias de las que disponen varios de ellos en Valle de Bravo, en el Estado de México, como la de Bernardo Gómez, vicepresidente del grupo –su brazo armado ante el gobierno y los políticos en general-, quien gusta de llevar a cabo dinámicas para estimular a los asistentes.

 

En años recientes, por ejemplo, en el clímax de su presentación en un encuentro similar, sacudió ante sus interlocutores a un gallo sangrante diciendo: “¡Así trataremos a nuestros competidores!”, refiriéndose expresamente a Televisión Azteca. Muy ilustrativo.

 

En esta oportunidad, sin embargo, tendrá que haber más sustancia en la cumbre de Televisa. Versiones en la industria apuntan que la televisora analiza el establecimiento de nuevas barras de entretenimiento y en el campo de programas periodísticos. Seguramente será el lugar en donde se determinará si Joaquín López Dóriga es relevado al frente del noticiero principal, como se especula desde hace años, o se conserva gracias a su experiencia.

 

Con el arranque del año Televisa presentó al público una versión “renovada” del programa Hoy, que coordina Andrea Legarreta y que en su origen fue una copia directa, hasta en el nombre, de la emisión norteamericana Today.

 

La importancia del relanzamiento de Hoy estuvo subrayada por la presencia en el estudio de José Bastón, uno de los operadores centrales de Azcárraga Jean. Esa mañana de lunes reapareció en Hoy, la ex vedete Galilea Montijo, cuya personalidad televisiva fue transformada radicalmente para encaminarla hacia la conducción de otro programa para señoras.

 

Un símbolo del cambio que buscará Televisa fue el final del programa de variedades infantiles que condujo por décadas “Chabelo”, un personaje que por años estuvo colocado en las antípodas de las simpatías de Azcárraga Jean pero que fue amigo personal de su padre, Emilio Azcárraga Vidaurreta.

 

A la llegada de Azcárraga Jean a la conducción del corporativo, a mitad de los 90, los veteranos los recibieron con escepticismo. “Chabelo” los bautizó como “Los Rugrats”, en alusión a una caricatura que presenta a niños actuando como adultos. Ello le valió una suspensión inicial de su programa, que tuvo que ser repuesto  por presión de los anunciantes, los que sin embargo, paulatinamente se desvanecieron al paso del envejecimiento del comediante, cuya salida ilustró el fin de la televisión analógica.

 

El Grupo Salinas, propiedad de Ricardo Salinas, por su parte, ha cancelado varias líneas de negocio, y dispuso una reestructuración a fondo de Televisión Azteca. Javier Alatorre, conductor del noticiero estelar y el rostro más conocido de la corporación, fue removido. La urgencia de público ha hecho que esa televisora entable pláticas incluso con el citado “Chabelo”, según confirmaron a este espacio fuentes informadas.

 

Azteca ha decidido lanzar una agresiva campaña de publicidad este año para recuperar audiencia hacia sus programas, típicamente de menor calidad, al tiempo que reducirá aún más los producciones propias para privilegiar la transmisión de series compradas o “enlatados”, como les llama la industria.

Se trata apenas de los primeros indicios de la convulsión que veremos en los siguientes meses y años en lo que algunos llaman la pantalla chica y otros, la “caja idiota”.

 

robertorock@hotmail.com

 

 



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