Memoranda confidencial del área de noticieros de Televisa instruye a conductores y comentaristas sobre la obligación de abstenerse de emitir comentarios mordaces sobre Andrés Manuel López Obrador, el político tabasqueño contra el cual esa empresa construyó en 2006 la leyenda negra de ser “un peligro para México”. El mismo al que en el 2012 desvaneció de sus espacios informativos para facilitar el ascenso de Enrique Peña Nieto.

 

Semanas antes de los comicios presidenciales de aquel 2006, López Obrador aceptó reunirse con los principales accionistas y directivos de la televisora, en una de las  casas de descanso que tienen en Valle de Bravo, en el Estado de México. Acudió acompañado de su hijo, como una señal de que no llegaba en son de guerra.

 

Ahí se encontró con Roberto Hernández, quien estaba usando su paquete accionario de Televisa como un escudo político ante señalamientos de fraude en la venta de acciones de su banco, Banamex, a la multinacional Citibank, en 2001, por una cifra alucinante de la que el fisco mexicano no había recibido un centavo, con el argumento de que se trataba de una operación meramente bursátil.

 

Hernández le preguntó a boca de jarro a López Obrador si lo perseguiría jurídica y penalmente en caso de llegar a Los Pinos. La respuesta parece haber sido suficiente para poner a sus interlocutores a velar armas: “No, pero esto no puede volver a ocurrir”.

 

Según testimonios directos de ese encuentro, la reunión se acortó. El aspirante presidencial salió sonriendo para los medios. Su hijo llevaba en las manos un modesto obsequio: un videojuego, cortesía de los magnates de la televisión.

 

Diez años después y de acuerdo con reportes allegados a este espacio, la compañía que dirige Emilio Azcárraga Jean dispone de encuestas serias según las cuales López Obrador podría ganar la Presidencia de la República si hoy hubiera comicios, y hasta 42% de los encuestados se dice con la intención de sufragar en su favor en 2018.

 

Colocada al centro del espectro de los medios de comunicación tradicionales –televisión radio, periódicos y revistas-, Televisa ha visto dañados sus niveles de penetración entre el público,  lo que se refleja en una caída de hasta un tercio de sus ingresos en televisión abierta. Este último negocio ha sido desplazado como el principal canal de ingresos por otras áreas de la corporación, entre ellas la televisión restringida, la venta de contenidos y de sistemas de telecomunicación, a través de firmas filiales como Bestel, entre otras.

 

Pese a ese debilitamiento relativo, las señales de Televisa siguen alcanzando todos los días a decenas de millones de personas en todo el país. Nadie le disputa aún ese sitio, ni los demás medios ya existentes –en realidad, ni todo ellos sumados-, ni lo nuevos actores, como UnoTV de Carlos Slim, o el proyecto de la familia Vázquez Aldir, que será relanzado hacia finales de año tras ganar una nueva concesión conquistada para televisión abierta digital.  

 

En los siguientes meses será fundamental seguir la pista a lo que haga Televisa en el campo tecnológico, informativo y político, pues seguirá siendo una referencia obligada para un ecosistema mediático que ha sido colonizado en su gran mayoría por el oficialismo, en un modelo que ha probado ya no servirle al gobierno, ni al público ni a los propios medios.

 

Parece estar clara la estrategia del gobierno y de su partido, el PRI, para desmontar la posibilidad de una candidatura opositora amenazante desde la izquierda. Esa estrategia se llama Miguel Ángel Mancera, el jefe de Gobierno de la ciudad de México, cuya eventual candidatura por el PRD evitaría ya no digamos un polo opositor que pueda formarse con el PAN, sino incluso una fórmula única que sume a Morena, al PRD y a otros partidos de la misma filiación, como el Movimiento Ciudadanos y el PT. Parece tratarse de un escenario cada vez más distante.

 

Durante toda su gestión, Mancera y Televisa han cultivado un matrimonio mutuamente benéfico, pese a lo cual los niveles de aprobación del funcionario capitalino muestran un constante declive. Pero aunque no fuera así: en 2011 se daba por hecho que el candidato del PRD sería Marcelo Ebrard, otro consentido del régimen y de Televisa. Pero el retiro de éste en beneficio de López Obrador creó una crisis para muchos, y es un riesgo que parece no estar dispuesto a correr de nuevo la televisora de avenida Chapultepec.

 

Ello explica en buena medida las disposiciones internas para no atacar a López Obrador, el realineamiento de sus noticieros, imponiendo un perfil desdibujado sobre sus principales conductores, y la generación de señales de modernidad cuyo efecto social y rentabilidad financiera están aún por definirse.

 

Así se acercan Televisa, López Obrador y Mancera al 2018, en un juego de espejos que se configura día con día. Muchos actores más van tomando posiciones en este tablero en construcción acelerada.

 

Más vale guardar capacidad de asombro ante eventuales sorpresas.

 

rockroberto@gmail.com

@OpinionLSR

 


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