El gran tema del país que no se ha resuelto es el combate a la impunidad y la corrupción que en este sexenio se han disparado. Que diferente nuestro país vecino Guatemala que ha sujetado a proceso y detenido al ex presidente, a quien retiró previamente la inmunidad para que responda por sus actos.

 

En México, por el contrario, se frenó por parte del PRI y sus aliados la creación de una comisión investigadora en la Cámara de Diputados para atender los casos de corrupción presidencial y se puso a un investigador a modo (el Secretario de la Función Pública) para decretar la impunidad.

 

En ese contexto se realizó el tercer "informe presidencial" de Enrique Peña Nieto en un ambiente controlado, entre sus favoritos y PRIvilegiados, en un país desangrado y en crisis, pero rodeado de gente que sí aplaude.

 

La Presidencia de la República ha gastado más de 10 mil millones de pesos en publicidad y el Informe dio clara muestra de ello. En espectaculares, en la televisión, en radio, redes sociales y medios impresos, se han difundido las cifras dadas a conocer por Peña Nieto y a pesar de ello, a la gran mayoría de la ciudadanía no le interesó dar seguimiento al mismo y la misma reprueba la gestión presidencial.

 

En el tema social, como en muchos otros, el actual gobierno está reprobado. Para una familia promedio las cifras de éxito del programa prospera son de poca importancia cuando esa familia ahora integra el gran sector de la sociedad que se ha sumado a la pobreza que ha aumentado, aunque el Ejecutivo Federal no lo dijera, y que se enfrenta a nuevos retos para adquirir los productos de la canasta básica o tener acceso al sistema de salud o medicamentos cuando el dólar ha superado los 17 pesos.

 

Si bien la situación económica mundial no es responsabilidad del actual inquilino de Los Pinos, sí lo es su responsabilidad en la política económica, política y social que tiene sumergido a nuestro país en una catástrofe de la que probablemente no exista salida en los próximos años.

 

Durante el Informe escuchamos ejes como México en paz, incluyente, con educación de calidad, próspero y con responsabilidad global. Cada uno de estos ejes, paradójicamente, ha sido violentado por el mismo Gobierno Federal que pretendió engalanarse con ellos durante el evento social y apologético que fue el Tercer Informe.

 

No es posible un México en paz cuando existen miles de personas desaparecidas y asesinadas, cuando las cifras de feminicidios van en aumento y cuando el número de casos resueltos se reduce mientras el desinterés de las autoridades aumenta. La paz no llegará a México mientras no se resuelva el caso de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos de manera forzada o la detención arbitraria de José Manuel Mireles y otros líderes sociales; sin la detención, procesamiento y aplicación de sanciones a los verdaderos responsables del incendio en la Guardería ABC y la debida reparación a las víctimas; sin justicia para la familia de José Luis Tehuatlie Tamayo o las víctimas de Acteal.

 

La educación de calidad tampoco es una realidad, pues aún en los estados en donde la aclamada Reforma Educativa se implementó de manera inmediata, los logros no han sido suficientes y la calidad de vida de las profesoras y profesores sigue siendo la misma e incluso la inestabilidad para este sector está orillando a cientos de profesoras y profesores a una jubilación anticipada o a asumir que tendrán que trabajar prácticamente el resto de su vida. La situación de las escuelas ubicadas en regiones de pobreza sigue siendo deplorable y los programas de estudio son cada vez más deficientes e incompletos, o con 117 errores de ortografía o redacción.

 

En este sentido la situación se torna aún más compleja con el magisterio resistente, que ha sido también sometido a violaciones de derechos humanos y fuertemente criticado por una sociedad ciega que no termina de darse cuenta de que las maestras y maestros en este país han pasado de ser personas grandemente respetadas a ser sustitutos de la educación que no se brinda en hogares que mayoritariamente están destrozados por la economía, la inseguridad o la falta de cohesión social. En este país todas y todos somos responsables de la educación y desde hace muchos años hemos abandonado al magisterio a que cumpla esta tarea.

 

En este panorama de tanta violencia y conflictos ¿podemos esperar que en el resto de este sexenio se viva con prosperidad y responsabilidad global? La respuesta la conocemos de sobra: Mientras seamos dirigidos por un presidente al servicio de los grupos de interés, que no dimensiona sus tareas, que asigna a sus amigos para encubrir sus conflictos y mientras sigan existiendo casas blancas, la población en general seguirá viviendo en un clima de incertidumbre y falta de soluciones reales.

 

Lo que olvida Enrique Peña Nieto es que aunque conformamos las estadísticas no somos números, pero es necesario que todas y todos luchemos contra la desmemoria y el olvido, porque el silencio, la apatía y el desinterés también protegen a un presidente al que el país se le ha ido de las manos.

 



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