El 2014 debe ser marcado como el año en que el país fue cimbrado no por la tragedia de Ayotzinapa, sino por el hartazgo social ante la corrupción de los políticos, sea en forma de negocios, sea como incompetencia rampante. Si México tiene suerte, este año nos debe heredar un mayor sentido de alerta y movilización ciudadanas contra la putrefacción de la vida pública.

 

Aun si el músculo ciudadano y democrático en México exhibiera ratiquismo en los próximos meses, es difícil imaginar que pueda reinstalarse la atmósfera nacional previa a Ayotzinapa. El impacto de la masacre catalizó reclamos contenidos por años y sirvió de catarsis contra un régimen que logra reformas pero no empleos, justicia ni seguridad. Y que frente a la pobreza de la mayoría, muestra componendas privadas consumadas al amparo de la tarea pública.

 

Hoy sobran quienes le apuestan a que las festividades de la temporada apaciguarán los ánimos que por meses alimentaron el mayor ciclo de protestas de los últimos años. Según pasan los días, crecen los indicios de que la administración Peña Nieto descartó ya efectuar ajustes de fondo en su gabinete y potenciar así las oportunidades que le ofrece la crisis. Mientras, han menudeado nuevas historias de políticos que incurren, sin mayor remordimiento, en casos de conflictos de interés que en democracias más maduras impondrían ceses sumarios o vergonzantes renuncias.

 

El próximo año veremos la renovación de la Cámara de Diputados federal y comicios locales en la mitad del país. Con ese telón de fondo los escándalos no disminuirán, antes al contrario.

 

Ya empiezan a circular -por citar sólo algunos casos- expedientes incriminatorios sobre el enriquecimiento descarado del hijastro y el yerno del gobernador perredista de Morelos, Graco Ramírez; de oscuros negocios de los padres de los gobernadores priístas en Jalisco, Aristóteles Sandoval, y Rodrigo Medina, de Nuevo León. Sobre el despacho de cabildeo en el que se asociaron, más allá de diferencias ideológicas, los senadores Pablo Escudero, del Partido Verde –yerno del líder parlamentario priísta Manlio Fabio Beltrones- y Roberto Gil, del PAN.

 

También, es cosa de semanas para que estén a la vista las truculencias financieras del diputado federal del PRI, Alejandro Moreno, “Alito”, virtual candidato por su partido para la gubernatura de Campeche. O quizá, por fin, se sepa ya de las aventuras de aquel hermano de un importante secretario de Estado que manipula a casi la mitad de los delegados de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes para asignar obras a empresas “amigas”.

 

Por si ello no fuera suficiente, en los próximos meses muchos de los mayores misiles contra partidos y personajes variopintos serán concebidos y ejecutados desde las trincheras del “fuego amigo” tanto en el PRI como en el PRD y el PAN. Se puede ver ya cómo se destazan entre sí los integrantes del equipo del jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera; cómo combaten directamente a César Camacho, presidente del PRI, o cómo filtran documentos sobre presuntas irregularidades en negocios del líder nacional del PAN, Ricardo Anaya, o de Santiago Creel, el principal operador del grupo que encabeza Gustavo Madero, el muy prematuro precandidato presidencial blanquiazul.

 

Frente a los signos galopantes de descomposición, buscan abrirse paso voces que llaman a la concordia y la unidad por sí mismas, sin sustancia ni adjetivos.  Harían un mayor servicio al país  si propusieran que lo urgente es un liderazgo político que no rehúya la crisis sino que se apoye en ella para alcanzar cambios de fondo.  De toda suerte, el problema no es la crisis, sino si el régimen tiene o no la capacidad de respuesta, no para ocultar la cabeza bajo la arena, sino para imprimir un jalón en la vida política de México.

 

Uno de los mayores enigmas para el 2015 no es cuál será el precio del petróleo, el valor del dólar, el crecimiento del PIB o los resultados electorales. La duda más relevante es si persistirá,  será más eficaz y profundo el reclamo interno y externo para que la política mexicana sea depurada. Quizá ello dependa no sólo de hacer leña del árbol caído, sino de acumular destrezas y puntería para talar el ancho y frondoso árbol de la corrupción.

 

robertorock@lasillarota.com

 



Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información