Hay mucho escepticismo en el caso del recién aprehendido Javier Duarte por la actitud tan benévola (ineficiente, torpe, negligente e incapaz) del gobierno mexicano para darle un verdadero escarmiento a quién “presumiblemente” es el mayor pillo de todos los tiempos.

 

Aunque un juez, ni autoridad alguna lo ha declarado culpable, porque, querámoslo o no, tiene el derecho de presunción de inocencia, el pueblo ya lo quema en hoguera de leña verde (para que el fuego vaya creciendo en forma lenta y se asfixie con el humo picante).

 

Por todos lados se escuchan comentarios de incredulidad, de que hay gato encerrado en este caso; en los cafés, en el transporte público, en los elevadores, en los centros de reunión, en todos lados acerca de ese exgobernador que estaba fugado y que se había vuelto ojo de hormiga y que ahora lo atrapan de la manera más estúpida. Encontrarse con la familia completa para que facilitar que la policía los siguiera hasta su madriguera.

 

¿Cómo esconderse en un lugar público? Aquí tras lomita,como dicen mis vecinos.  No, es de no creerse, vaya tontería, esconderse (¿?) de esa manera y sobre todo aquel que presumía tener inteligencia suprema (para que como dicen en la prensa, usar incontables prestanombres para hacer sus raterías y nadie se diera cuenta).

 

¿Quién vigilaba sus movimientos desde que llegó de gobernador en Veracruz? Nadie, según dicen algunos tinterillos del gobierno, a pesar de que las irregularidades financieras ya las había detectado la Auditoría Superior de la Federación desde 2014 por engañar a la autoridad intentando ocultar faltantes de recursos público.  Esa institución hasta presentó sendas denuncias en la Procuraduría General de la Republica y estas fueron tratadas como desperdicio, mandándolas a la basura.

 

¿Hicieron mal las denuncias o en la PGR los acusados tenían buenos amigos?  ¿Las denuncias fueron del conocimiento del cuestionado Jesús Murillo Karam o de Arely Gómez González? ¿Quién decidió no darle tramite a pesar de la gravedad del desfalco de miles de millones de pesos?

 

A Javier Duarte a pesar de acusaciones que se desataban por todos lados, andaba tranquilo, como Juan por su casa, porque sus amigos lo protegían.  ¿Por qué se le permitió tanto tiempo actuar de manera impune? ¿Quién lo protegía? ¿Qué aportaciones hacía a los grupos políticos que giraban en torno a él? ¿Qué aportaciones (¿legales?) hacía a las campañas de sus amigos políticos para que no lo persiguieran? ¿Cuántos de sus prestanombres le sirvieron para allegar a sus amigos del poder dinero mal habido)?

 

A sus críticos, lo acusan, de mandarlos a matar, en ese, su sexenio funesto. Fueron 17 periodistas asesinados y tres desaparecidos (levantados y de los que nunca más se supo) en su régimen.  A pesar de que incontables voces lo señalaron, él con enorme cinismo se burlaba, día a día, de las autoridades (sus amigas).  Era considerada, Veracruz, la entidad más peligrosa para los periodistas del continente americano y nada se hizo. 

 

A la ciudad de México llegaron a refugiarse decenas de periodistas ante la persecución y amenazas recibidas o mejor se quedaban a escribir de sociales. No olvidamos el homicidio del periodista Rubén Espinoza en la colonia Narvarte que nunca fue aclarado debidamente por las autoridades capitalinas y en el que la citación judicial al, en ese entonces, gobernador Javier Duarte fue una burla, un verdadero circo.

 

Hay preguntas aún sin resolver ¿Por qué no se detuvo a la esposa, cuando apresaron a Duarte, si de acuerdo a la información pública ha sido participe del manejo de recursos? ¿No había denuncia en contra de ella o su familia?

 

Ahora desde las altas esferas del gobierno, se dice, ningún delito quedará impune (ja). ¿Dónde está el dinero sustraído de las arcas públicas? ¿Dónde? ¿alguien les cree que lo regresaran? Hay sospechas de complicidad.

 

Muy grave lo que pasa en este país en que la justicia se hace a modo.

 

@Manuel_FuentesM

@OpinionLSR


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