El legado teórico que nos dejó Giovanni Sartori en materia de democracia y medios de comunicación es impresionante. Sin duda, buena parte de sus planteamientos seguirán siendo motivo de análisis durante mucho tiempo, pues algunas de sus tesis nos han permitido comprender con mayor precisión la #ComunicaciónPolítica moderna.

 

Sartori fue visionario, pero también un provocador.

 

El estilo particular que desarrolló para escribir y hablar siempre favorecieron la controversia, el debate intenso y el desacuerdo.

 

Sabía muy bien por qué y para qué lo hacía.

 

En más de una ocasión reconoció que sus argumentos y definiciones no eran "políticamente correctas", por lo que podemos inferir que su actitud pretendía estimular la reflexión en temas que son o deberían ser relevantes para la sociedad.

 

Su crítica fue profunda y mordaz.

 

Homo videns, la sociedad teledirigida (Editorial Taurus, 1998) fue un ejemplo interesante, famoso y trascendente de su estilo particular de reflexionar sobre la relación de los grupos de poder mediáticos con las audiencias.

 

El ensayo llega a conclusiones poco halagadoras para unos y otras.

 

La tesis central es que "la televisión transformó al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns, para el cual la palabra está destronada por la imagen".

 

El homo videns es un ser “incapaz” y “manipulable”.

 

Tanto así —decía— que la televisión logró “modificar radicalmente y empobrecer el aparato cognoscitivo del homo sapiens”. Y en este punto radicaba el poder político que el medio llegó a tener.

 

Ante la dureza de su planteamiento, Big Brother se quedaba corto.

Según Sartori, la televisión estimulaba la violencia, informaba poco y mal y era culturalmente regresiva. De la misma manera llevaba al ser humano a perder las capacidades de retórica, gramática, sintáctica, de comprensión, de deducción y, sobre todo, de sentir y comprender los entornos.

 

En otras palabras, veíamos la televisión “sin entender”.

 

Desde tal perspectiva, lo que veíamos en la pantalla anulaba nuestra capacidad de hacer abstracciones o de comprender conceptos, como si las imágenes no nos permitieran evocar pensamientos o desarrollar nuestra racionalidad e inteligencia.

 

Sus argumentos también aplicaban en la política.

 

Sartori pensaba que un candidato en campaña era “un producto que se vendía al público” sin importar sus capacidades, experiencia o conocimientos sobre el manejo de los asuntos públicos.

 

Ante tales manipulaciones, las sociedades sucumbían.

 

Lo tajante de sus hipótesis y argumentos provocaron enfrentamientos entre él y sus detractores durante años. El debate no lo debilitaba ni descalificaba.

 

Por el contrario, siempre lo fortaleció.

 

Y a pesar de los cambios provocados por el desarrollo vertiginoso de las nuevas tecnologías —que facilitaban los cuestionamientos a sus teorías— , Sartori siempre se mantuvo firme.

 

El nuevo ecosistema mediático no modificó su posición.

 

“En pocas décadas el progreso tecnológico nos ha sumergido en la edad cibernética desbancando —según dicen— a la televisión. En efecto hemos pasado, o estamos pasando, a una edad «multimedia» en la cual, como su nombre indica, los medios de comunicación son numerosos y la televisión ha dejado de ser la reina de esta multimedialidad”.

 

“El nuevo soberano —aseguró— es ahora el ordenador”.

 

O la nueva “caja idiota”. En la realidad actual, aseguró en sus últimas entrevistas, Internet y las redes sociales solo exacerbaron al homo videns, resaltando sus incapacidades. Pero más que eso, este ser manipulable “evolucionó" tanto hasta convertirse en un homo cretinus.

 

¿Acaso Sartori tenía razón con este punto de vista?

 

¿Es válido y aceptable hoy el concepto aparentemente simplista de que el ser humano moderno, que vive en un “sistema democrático”, sigue siendo un homo videns o —lo que es peor—, un homo cretinus?

 

Podemos estar o no de acuerdo con Sartori.

 

Lo que resulta difícil de creer es que el sociólogo:

 

  • No tuviera la capacidad de comprender el significado profundo, didáctico y diverso que ha tenido el concepto de imagen en la historia de la humanidad.

 

  • Que la “cultura escrita” ha sido fundamental para el progreso, pero que no es la única fuente que lo genera.

 

  • Que la televisión también puede ser una poderosa herramienta para la educación y difusión de la cultura.

 

  • O que Internet y las #RedesSociales permitieron democratizar la información y también la difusión del conocimiento como nunca lo habíamos experimentado.

 

Si lo anterior es cierto, ¿qué quería entonces?

 

Meternos a la discusión y, con ella, a reflexionar con mayor profundidad sobre lo bueno y lo malo de vivir en el nuevo ecosistema mediático, el cual deberíamos comprender más y mejor para evitar la manipulación y sacarle el mayor provecho posible para lograr una mejor calidad de vida.

 

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