Hace unos días asistí a una cena con Pablo Escobar, el hijo del mítico narcotraficante. Lo primero que me llamó la atención fue el interés que despierta el personaje en la sociedad mexicana y la manera como comunica la tragedia que genera la guerra contra las drogas. Su persona, su historia es hoy más que nunca relevante y sirve para continuar el debate ya abierto sobre el tema.  Tres cosas me llamaron particularmente la atención: Una es que sus ideas sobre el tema de política de drogas coinciden con la demanda de replantear el prohibicionismo y ensayar otros esquemas.

 

No sé si de manera intuitiva o porque conoce las discusiones, Escobar es un eficaz vocero de quienes queremos cambiar el estado de la las cosas. Otra es que el hijo del famoso capo entiende y describe con claridad cómo fue el respeto de los derechos humanos y la construcción de procesos de paz, lo que explica la disminución de la violencia en Colombia. Finalmente Escobar es un observador preocupado de la realidad mexicana. Afirma que tal vez nunca se llegarán a los extremos de captura del Estado que alcanzó su padre, pero que nunca los cárteles colombianos alcanzaron las ganancias que ahora tienen los mexicanos. El narco es hoy un negocio rentable  y México es sin duda el centro de control del mismo.

 

Escobar atribuye a la prohibición el enorme poder de su padre que llegó a superar al del propio Estado Colombiano. Describe cómo personas de todos sectores de la sociedad colombiana esperaban por días en la oficina de su padre ante la posibilidad de hacer un negocio. Tanto la guerrilla como los paramilitares estaban dispuestos a participar en el negocio. Nada ofrece mayor ganancia que un producto de alta demanda que solamente el cártel puede comprar al productor, vender al consumidor y decidir la calidad del mismo. Escobar apoya la propuesta del senador Galán, el hijo del candidato presidencial que asesinó su padre para aprobar el uso  medicina de la mariguana, ve con simpatía lo que está pasando en los Estados Unidos con dicha droga y dice que Uruguay tendría que ir más rápido con la legalización.

 

Escobar señala que regular mariguana es fundamental no sólo como un primer paso, sino porque es también un muy buen negocio para el narco y el la droga de mayor uso. Escobar también promueve políticas de prevención que se basen en informar los efectos reales de cada una de las drogas, que las desmitifique, que permita a los jóvenes saber a lo que se van a enfrentar y puedan tomar las mejores decisiones. Recuerda que un día en su adolescencia su padre le puso en una pequeña mesa todas las drogas que existían, para que las conociera y le informó de sus efectos. Dice que no probó la mariguana hasta 15 años después.

 

Pablo Escobar tiene una explicación para una Colombia menos violenta. Señala que el principal avance fue la construcción de una policía eficaz, que en general respeta los derechos humanos de las personas. Es decir, lo que ayudó no fue endurecer las instituciones de justicia para combatir a los cárteles a cualquier costo, sino proteger a las personas de la ola de violencia y perseguir con eficacia a los criminales.

 

Escobar piensa que se requiere de sistemas alternativos de justicia para jóvenes o ciudadanos no peligrosos que de manera voluntaria o forzada se han involucrado en narcotráfico que la cárcel como única opción solamente destruye a las comunidades y no sirve como desincentivo. Escobar cuenta como su padre no sólo construyó su propia prisión, sino que aprobó cada una de las sentencias que el gobierno daba a los narcotraficantes, pero lo justifica como la única opción que tiene Gaviria para pacificar el país. Apoya las cortas cadenas que se están otorgando a los guerrilleros colombianos en las actuales negociaciones como el único camino para avanzar.

 

Escobar tiene en México su principal nación de preocupación y a su mayor auditorio. A diario escucha historias sobre quienes han participado en el narco, los que han perdido o familiar o tiene uno preso. Cuando se le pregunta qué piensa sobre El Chapo dice que su padre cuando entró a la catedral (la prisión que se construyó) ya tenía el plan para salir. Cuenta que en Colombia el mejor negocio para los funcionarios públicos es gobernar una cárcel. Conocedor de la logística para producir y distribuir drogas, le impresiona el nivel de negocio que mantienen las organizaciones mexicanas.

 

Es probable que nunca en la historia tanto dinero haya estado en manos crimínales en país alguno. La única alternativa con algún viso de solución es terminar la prohibición. Especialmente cuando lado se tiene un país enorme, con consumo creciente y no especialmente dispuesto a combatir el tráfico de drogas en su propio territorio. Para Escobar el exterminio de su padre y de miles de personas que ha traficado con drogas sirvió de poco para reducir la oferta de drogas. La misma se ha incrementado y diversificado. Sólo una nueva política de drogas podrá cambiar las cosas.

 

@vidallerenas 

 



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