“No hay más justicia que el perdón, ni más venganza que el olvido”, una frase que podríamos acoger en la incesante búsqueda de la verdad, que ha sido históricamente un principio básico de la conducta humana. Y es que la verdad nos puede enseñar también a perdonar, pues es una manera de acabar con el sufrimiento y de aportar dignidad y armonía a nuestra vida. El perdón es necesario y posible; es un acto de comprensión para liberarnos de los hechos del pasado.

 

Cada persona es responsable por su propia emancipación de la angustia y el sufrimiento, es decir, de cada uno dependerá si los acontecimientos pasados nos detienen como individuos y como sociedad en su conjunto, o nos impulsan a aprender y comprender para crecer. No se trata sólo de olvidar, sino de superar lo vivido, pues no puede haber aprendizaje si no se tiene conciencia de éste.

 

En este sentido, los hechos ocurridos en el pasado, expresamente en la década de los 80 durante las dictaduras latinoamericanas, cuando miles de personas fueron torturadas y desaparecidas de maneara forzada, dieron pie al surgimiento del “derecho a la verdad” como una necesidad social, pues no es un derecho exclusivo de las víctimas y sus familiares, sino de la sociedad.             

 

Éste es un derecho reconocido internacionalmente, que dio lugar a que en 1980 la Organización de las Naciones Unidas proclamara al 24 de marzo de cada año como el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas. Así pues, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos determinó que las víctimas y sus familiares, así como la sociedad en general, tienen el derecho a un recurso efectivo; esto implica saber la verdad acerca del abuso que han sufrido, incluyendo la posibilidad de identificar a los perpetradores, las causas que originaron tales violaciones y, de ser el caso, el paradero de las personas desaparecidas o de sus restos; es decir, la reconstrucción histórica de los hechos.

 

Y en esa reconstrucción el objetivo principal es promover la importancia de la justicia, pues sin ella no puede avanzar la sociedad. La justicia es necesaria para construir una paz sostenible tras un periodo de conflicto o violación sistemática de los derechos humanos. Su objetivo implica, entre otras cosas, promover la reconciliación. Lo anterior exige estrategias diseñadas para enfrentar el pasado así como para mirar hacia el futuro con el fin de evitar la recurrencia del conflicto y las violaciones.

 

Han sido el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el Comité de Derechos Humanos, quienes han establecido estándares claros relativos a las obligaciones de los Estados con respecto a la forma de enfrentar las violaciones de los derechos humanos en casi todo el mundo.

 

Recientemente, México recibió la visita de los representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quienes recomendaron al Estado mexicano que el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en Guerrero, fuera reclasificado como desaparición forzada, y continuara la búsqueda de los jóvenes que desaparecieron hace seis meses. Tiempo en el que sus familiares han exigido saber justamente la verdad de lo ocurrido, porque ese es su derecho y es también derecho de la sociedad.

 

La verdad no puede ser subjetiva ni conveniente; no puede obedecer a los intereses de algunos; la verdad tiene que ser objetiva, imparcial, clara, total. Debe, como ya lo dije, modificar nuestra visión y perspectiva futura, debe acabar con la impunidad, la negación y el silencio. Debe llevarnos a encontrar la paz y la justicia, sin  buscar venganza, y para ello tenemos que saber perdonar.

 

@drarmandohdz



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