La crisis de Ayotzinapa y la proximidad del 2015,  año electoral, parecen haber relajado la disciplina entre políticos de diversos orígenes y rangos, que creen ver debilidad en el presidente Enrique Peña Nieto y su primer círculo, y apuestan a una nueva correlación de fuerzas, con menos poder para Los Pinos.

 

Líderes parlamentarios, dirigentes partidistas y gobernadores hacen bromas demoledoras en privado sobre la gestión presidencial, cabildean abiertamente, anticipan vísperas, pactan acuerdos para el futuro inmediato, ofrecen cargos. En suma, minan el tradicional orden de cosas, que exhiben como ineficaz.

 

Pocas veces como ahora está presente en los comederos políticos el nombre de Manlio Fabio Beltrones, coordinador de la bancada del PRI en Diputados. Se citan supuestas o reales bravatas privadas o semi-privadas, en las que el sonorense se asume, al menos, como próximo presidente nacional del PRI, descartando cualquier puesto en el gabinete, salvo la Secretaría de Gobernación; con muchos “se los dije” en charlas sobre Guerrero y otros temas que lastran hoy al gobierno. Y por supuesto, con la mirada puesta, nuevamente, en la Presidencia de la República, ahora en el 2018.

 

De Beltrones se asegura que naturalmente impondrá candidato en su estado natal, Sonora, donde el próximo año habrá elecciones de gobernador. Tendría por supuesto, su ungido, pero no uno ni dos, sino tres, a saber: la senadora Claudia Pavlovich, el también senador Ernesto Gándara, y un as bajo la manga, al parecer el verdadero favorito: Jesús Cano Vélez, director de la Sociedad Hipotecaria Federal. Ante el desastroso gobierno del panista Guillermo Padrés, las encuestas disponibles alertan que cualquier de los citados priístas puede triunfar.

 

Los gobernadores priístas, que habían mostrado docilidad, son ahora ejemplo de activismo político para su propio beneficio, y de un desaforado apetito por negocios personales, patrón que atraviesa siglas partidistas y niveles de gobierno. En parte por ello, las deudas estatales siguen alcanzado rangos históricos sin que nadie en el gobierno federal prenda una señal de alerta y contención.

 

Otros más han decidido dar la espalda a directrices provenientes del centro del país y someten a su control las decisiones que antes consultaban. Es el caso del mandatario priísta de Querétaro, José Calzada, a quien se le pidió trabajar en forma equitativa con dos aspirantes a la gubernatura, que también se resolverá en 2015: el alcalde queretano Roberto Loyola, representante de los desarrolladores de la entidad, y Tonatiuh Salinas, presidente del PRI. Calzada ya desechó a este último y abrió su juego a favor de Loyola, en un entorno complejo pues si los comicios fueran hoy, el ganador sería el virtual candidato panista, el actual senador Francisco Domínguez.

 

Aun en el remoto Yucatán la rebeldía política se expresa. El gobernador priísta Rolando Zapata decidió reservar para sí la cosa pública en la entidad, que cambiara de gobernador en el 2016. Pero Zapata ya tiene delfín: su secretario general de Gobierno,  Víctor Caballero. Ambos han roto lanzas con la ex gobernadora Ivonne Ortega, actual secretaria general del PRI;  también, persiguen a quien muestre simpatías por cualquier otro precandidato, como Jorge Carlos Ramírez Marín, titular de la Sedatu, uno de los aspirantes naturales al puesto.

 

Por el lado de la oposición las cosas no lucen mejor. Nunca desde que hace 25 años llegó al poder un gobernador no priísta, los discursos de mandatarios de PAN y PRD habían estado plagados de tanta zalamería, lisonja y adulación hacia la figura presidencial, pero como un ardid para escabullir la responsabilidad de su respectivas administraciones ante la República.

 

En esto destaca el gobernador panista de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien filtra a la prensa supuestas conversaciones con el presidente Peña Nieto en las cuales éste se quejaría de los homólogos priístas de aquél,  por incompetentes; ante ello,  asegura contar con el aval de Los Pinos a fin de proyectarse hacia el 2018, y para demostrarlo, exhibe recursos que le ha canalizado la Federación con el propósito de impulsar programas sociales en plenas vísperas electorales.

 

En Chiapas, el gobernador Manuel Velasco, del Partido Verde, expone su enajenación política y personal noche a noche, en horario estelar, en las pantallas de las televisoras nacionales. Éstas lo han convencido de que su cercanía con una más de las estrellas de la pantalla chica hará de él una figura nacional, una aventura no sólo ridícula sino muy costosa para un estado que se ahoga en una enorme deuda pública y en rencillas políticas internas que en cualquier momento pueden derivar en violencia.

 

Incluso los dirigentes de los partidos opositores exhiben su irresponsabilidad. En el PAN se multiplican lo afanes no en torno a causas políticas, sino sobre negocios, en muchos casos ligados a casinos, con el cálculo de que arrancarán al gobierno federal permisos y tolerancia. En el PRD todos los días surgen indicios de la riqueza personal de sus principales figuras.

 

Es la política como circo, como la balada infantil en donde cada quien hace su juego, ignorando al poder presidencial, como se que se le quiera caracterizar: factor de equilibrio, árbitro, fiel de la balanza, recurso último de la política. Su apuesta está cifrada en que el actual gobierno ha dejado de serlo.

 

robertorock@lasillarota.com



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