PRI, PAN y PRD veían alejarse anoche el acuerdo de reunir mañana a la Comisión Permanente del Congreso, la que debería convocar a un periodo extraordinario de sesiones, del miércoles al viernes, para aprobar la nueva legislación en materia político-electoral. Ello tendría que desatorar la aprobación de las leyes reglamentarias en materia energética y de telecomunicaciones.

Salvo sorpresas de última hora, esta nueva realidad quedará evidenciada por la mañana de este lunes. Ello llevará al gobierno Peña Nieto a evaluar  si debe sacar adelante estas nuevas leyes con una ventaja numérica que puede fácilmente construir, o sigue esperando condiciones propicias para lograr un mayor consenso en torno a reformas que de suyo han resultado controvertidas. El peligro es que las reformas se estanquen ante la creciente proximidad de los procesos electorales del 2015.

El proceso es cada vez más azaroso y hay señales confusas entre los partidos, dentro de éstos mismos y de ellos con la casa presidencial, cuyos operadores han logrado construir sucesivos acuerdos que se acaban desmoronando por falta de compromiso real de las partes.

Una de las facetas más llamativas lo representa la decisión de Los Pinos y de la Secretaría de Gobernación, que conduce Miguel Ángel Osorio Chong, para que las iniciativas presidenciales hayan sido radicadas en el Senado como cámara de origen, lo que marginó a San Lázaro, donde el PRI habría construido con mayor facilidad la mayoría simple necesaria para sacar adelante las sucesivas votaciones.

Aunque no han faltado los que identifican esto como una marginación de Manlio Fabio Beltrones, líder del PRI en Diputados, la razón verdadera parece radicar en que el gobierno fue obligado a sentarse a negociar con la facción disidente –pero mayoritaria- del PAN en la Cámara Alta, que encabeza Ernesto Cordero.

Cordero contiende por la presidencia de Acción Nacional en contra de Gustavo Madero, quien pretende la reelección. Los comicios internos están programados para el próximo domingo 18. Las proyecciones disponibles hasta ahora apuntan en el sentido de que Madero derrotará a Cordero, pero no con la ventaja de 3 a 1 con la que alardeaban hasta hace algunas semanas los promotores del chihuahuense.

Esta contienda interna panista atrajo declaraciones del senador Roberto Gil Zuarth –militante en la causa de Cordero-, quien dio por muerta la posibilidad de un extraordinario esta semana, el cual tendría que reprogramarse hasta pasadas las votaciones del blanquiazul.

Sin embargo, no hay evidencias de que uno y otro bando al interior del PAN estén avanzando en una “operación cicatriz” que se refleje en negociaciones y acuerdos que puedan desembocar pronto en una normalización de la tarea legislativa.

Hoy le puedo informar que los dirigentes panistas ubicados como aspirantes a secretario general en las respectivas fórmulas, Ricardo Anaya (Madero) y Juan Manuel Oliva (Cordero), fueron designados para ejercer como “puentes” entre ambos grupos, buscando dejar atrás las tensiones una vez que se conozcan los resultados la noche del próximo domingo.

Este escenario se aleja al menos tres factores: La crispación alcanzada en esta contienda, que parece alentada por un ánimo de exterminar al contrario, una idea del todo o nada; la propia proximidad de las elecciones que en 2015 llevarán a  las urnas a la mitad del país y renovarán la Cámara de Diputados. Y por último, el hecho de que el nuevo mandato del ganador (presumiblemente Madero) será de apenas 18 meses, pues los estatutos del partido, recién reformados, prevén una nueva elección al término de dicho lapso. Esto generará una especie de “segunda vuelta” que puede mantener  la inestabilidad el PAN por un año y medio más.

Al final del día, el único elemento de negociación será compartir las candidaturas principales que serán definidas en los próximos meses, especialmente en las nueve gubernaturas que serán renovadas, las de diputados federales y, acaso, algunas postulaciones relevantes, como las de alcaldes en el Estado de México. En esta entidad tanto el PRI como el gobierno de Eruviel Ávila arrastran diversos predicamentos ligados con la inseguridad y la falta de acuerdos políticos.

Adicionalmente, la campaña de Gustavo Madero se basó en transacciones con fuerzas locales del panismo, buscando el trueque de apoyo y votos a cambio de candidaturas en próximo año. La propia integración de la planilla de Madero para el Comité Ejecutivo Nacional se derivó de esos pactos, pues se abrieron espacios para facciones diversas, especialmente de gobernadores como Guillermo Padrés, de Sonora, o “Kiko” Vega, de Baja California. Una negociación con Cordero tendría que desmontar varios de esos compromisos, lo que traería consecuencias impredecibles para la gobernabilidad del partido bajo la presidencia de Madero.

Mientras todo ello ocurre, las reformas estructurales, especialmente la energética y la de telecomunicaciones, ambas con enemigos formidables, siguen en espera. (robertorock@lasillarota.com)

 



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