2018 en México será un año de cambios políticos-estructurales, a saber: se llevarán a cabo elecciones en 14 entidades federativas para elegir gobernadores y gobernadoras, alcaldes y alcaldesas, así como regidores y regidoras. En el ámbito federal se realizará el proceso electoral para elegir al o la Presidente de la República, así como legisladores y legisladoras federales. En lo que respecta al escenario de autoridades electorales, se nombrarán nuevos consejeros o consejeras del INE y de algunos Organismos Públicos Locales.

Un caso particular es el de la Ciudad de México, pues en 2018 deberá elegirse al o la titular del ejecutivo local, el Congreso local, alcaldes y alcaldesas y concejales; todo ello en un escenario sin precedentes, pues a partir de la creación de la Ciudad de México y la expedición de su Constitución, se han incorporado nuevas figuras y diversos transitorios disponen la expedición de leyes, las cuales tendrán impacto en el proceso electoral que se avecina.

En suma, la consecuencia que se advierte es la reestructura del posicionamiento de los partidos políticos en México a partir de los puestos de elección popular y las entidades federativas en las que los candidatos y candidatas de cada partido o independientes resulten electos, así, más de la tercera parte del país estará en la mira de los candidatos y candidatas como fuerzas incesantes que buscan posicionarse y reestructurar el rumbo de su partido y el de la entidad que gobiernen.

Aunado a ello, ha comenzado a construirse un contexto caracterizado por los embates entre los candidatos y candidatas -incluso personajes (posibles candidatos) dentro de un mismo partido-, así como promesas y proyectos de cambio; ante lo cual, se espera que la ciudadanía responda con un voto consciente y razonado.

Lo anterior implica una tarea en la cual comparten responsabilidad tres actores: por un lado se requiere la coordinación de los partidos políticos y los candidatos y candidatas independientes con las autoridades electorales para que se garantice la difusión de información oportuna, verídica y confiable del proyecto que trae aparejado la postulación de un candidato o candidata. Por otro lado se hace referencia a la actitud con la que la ciudadanía afronte los diversos procesos electorales.

En esa línea de ideas, para seguir avanzando hacia una democracia representativa y participativa, se requiere que la ciudadanía se interese por conocer el perfil y trayectoria de los candidatos y candidatas, si sus propuestas se ajustan a las exigencias que implican las necesidades que vive día a día y en todo caso, cuál de candidato o candidata  presenta las mejores alternativas, lo anterior solo es posible efectivamente en un entorno donde la ciudadanía se pueda acercar a los candidatos y tener por distintas vías -incluso con el aprovechamiento de la tecnología-, un diálogo directo.

El resultado se ve reflejado en un voto, cuya importancia radica en que es la forma concreta en que se expresa el tipo de candidato y el tipo de gobierno que queremos.

Flor de loto: Nadie se equivoca en su voto, cuando en él expresa libremente su voluntad.

@drarmandohdz

@OpinionLSR




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