La ausencia del cardenal Norberto Rivera en momentos clave de la reciente visita de Pietro Parolin  -el segundo hombre más poderoso de la Iglesia católica después del Papa Francisco-,  ha hecho resurgir versiones de una crisis entre Roma y el prelado mexicano más importante.

Rivera Carrera cumplirá 75 años de edad en 2017. Deberá someter entonces ante la Santa Sede una solicitud de retiro, que tradicionalmente puede o no ser aceptada de inmediato. En este caso hay señales incluso de una despedida anticipada por parte del también arzobispo primado de la capital del país, al que se atribuye haberse convertido en una presencia incómoda para el pontífice Francisco, para las relaciones de México con el Estado Vaticano e incluso con la administración Peña Nieto.

El mundo eclesial del país es hoy un caldero en ebullición de versiones sobre Rivera Carrera y el bloque de jerarcas católicos que encabeza. Los señalamientos van desde una debilidad política ante el Vaticano por su encubrimiento sobre los excesos del padre Marcial Maciel, hasta una irritación de Los Pinos por una postura crítica ante la reformas económicas,  expresada en el reciente pronunciamiento “México, actúa”, que emitió la Iglesia sobre la situación social  imperante.

En este sentido no fue ocioso que durante la pasada reunión de Peña Nieto con el papa Francisco, el 7 de junio en Roma, se informara que el mandatario le expuso al pontífice las bondades de las reformas en curso. 

Un viejo amigo del cardenal Rivera, el ex nuncio Jerónimo Prigione, no sólo estuvo también ausente en los eventos referidos, sino que su papel histórico fue borrado durante una ceremonia llena de significados: la entrega a Parolin, el pasado día 15,  de la Orden Mexicana Águila Azteca, bajo el argumento central de que tuvo una “destacada labor –dice el decreto respectivo- como consejero de la Nunciatura Apostólica en México de 1998 a 1992, cuando trabajó por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede (…) arquitecto y testigo privilegiado de dicho acontecimiento”, además de haber tenido un “papel relevante” en las visitas papales, así como gestiones diplomáticas favorables a México, entre otras, haber representado a Roma en la toma de posesión del presidente Peña Nieto, en diciembre de 2012.

Prigione, quien vive en Italia pero visita México con alguna frecuencia para propósitos personalísimos,  fue el jefe directo de Parolin en el periodo citado, pero al parecer entró a la galería de los “innombrables” junto con otro de sus amigos, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. Ambos fueron realmente los artífices de la reforma de 91-92 que dio reconocimiento jurídico a las Iglesias en nuestro país.

Quien fuera primero delegado y, luego de la enmienda constitucional, el primer nuncio –embajador- apostólico,  también ha recibido diversos señalamientos de encubrir a Maciel, pero entre otros pecados suyos igual de terrenales, se incluyen sus reuniones con los narcotraficantes del Cártel de Tijuana, los hermanos Arellano Félix, quienes según testimonio judicial de uno de ellos, se encontraron con Prigione.

Benjamín Arellano, quien purga en Estados Unidos una sentencia de 25 años de cárcel, dijo en 2011 ante la PGR que dichas reuniones fueron del conocimiento del entonces presidente Salinas de Gortari, y que se reunieron con Prigione en la propia sede de la nunciatura, entre finales de 1994 de inicios de 1995. El propósito fue, dijo, deslindarse del asesinato del cardenal de Guadalajara, Juan Jesús Posadas Ocampo, ocurrido el 24 de mayo de 1994.

Marginado, señalado, ubicado en el centro de denuncias del grupo de víctimas de abusos por parte de sacerdotes,  el cardenal Rivera Carrera también se halla enfrentado con el obispo Carlos Aguliar Retes, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, en cuyo primer círculo se asegura que la llegada del papa Francisco al Vaticano anticipó desde el primer momento el declive del poder de Rivera.

Según voces expertas consultadas, la pugna entre ambos tuvo su eje el acceso a los pasillos del Vaticano, que Rivera ha monopolizado durante años, pero que hoy queda en el aire por las nuevas circunstancias.

En este contexto, la diplomacia de Los Pinos y la cancillería que encabeza José Antonio Meade, han decidido establecer un nexo directo con Roma, sin la intermediación de la jerarquía mexicana. Y en ese proceso, Pietro Parolin es hasta ahora, un aliado esencial.

El secretario de Estado Vaticano –que agrupa bajo su mando el gobierno interno y las relaciones diplomáticas de la Santa Sede con el mundo- se reunió con el canciller Meade en diciembre y juntos operaron la visita del presidente Peña Nieto a Roma en junio pasado, cuando el mandatario mexicano invitó a Francisco a México y éste aceptó en principio, sin definir fecha aún.

Este espacio dispone de información en el sentido de que integrantes de la curia romana –el círculo de acero en torno a Francisco- han expresado ya a México, tanto a la cancillería como al embajador Mariano Palacios Alcocer, el interés del pontífice de visitar efectivamente el país, pero específicamente un punto no determinado de la frontera con Estados Unidos, para orar por las víctimas de la migración, encarnadas en el muro divisorio entre ambos países.

La fecha tentativa, como lo ha adelantado Fred Álvarez, colaborador de “La Silla Rota”, puede ser la tercera semana de septiembre de 2015, cuando el Papa podría estar en un congreso programado en la ciudad norteamericana de Filadelfia.

Esta iniciativa ha despertado en el gobierno mexicano una creciente incertidumbre, por sus implicaciones sociales y políticas. Por ello ha sugerido que además de la frontera, Francisco visite la ciudad de México, con el argumento de que no puede eludir postrarse ante la virgen de Guadalupe.  Esta opción, se estima aquí, aportaría popularidad al gobierno Peña Nieto, pues seguramente habría un encuentro, que se antoja difícil si la agenda incluye sólo la frontera.

Por ello los próximos meses resultarán clave en la evolución del papado de Francisco, pero también en la correlación de fuerzas y en el equilibrio de poderes hacia dentro de la Iglesia en México, de ésta con la administración Peña Nieto y también con Roma. ¿Sobrevivirá el cardenal Rivera Carrera al proceso? (robertorock@lasillarota.com)



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