En su discurso inaugural Donald Trump dijo que protegerá sus fronteras de los estragos que causan otros países que se roban sus fábricas y destruyen sus empleos. 

 

Su interpretación es mentirosa. México no le impuso a Estados Unidos el TLC y no se robó sus fábricas. Fueron sus empresas e inversionistas los que, por su propia conveniencia, trasladaron las fábricas y empleos fuera de su país.

 

Pero en algo tiene razón Trump: el TLC ha sido un fracaso desde la perspectiva del bienestar del pueblo norteamericano, y del mexicano también. Fue conveniente solo para los poderosos y los grandes corporativos.

 

Nuestras elites defienden este modelo. Pero los demás no tenemos por qué acompañarlos en ese nacionalismo de utilería. No tenemos motivos para defender el TLC.

 

Así que podemos plantearnos la renegociación del TLC con la cabeza fría; sabiendo que no cumplió sus promesas. Sin embargo podría haber funcionado menos mal. Si no lo hizo es porque fue traicionado.

 

Los Estados Unidos traicionaron el TLC al llevar sus fábricas a China, en lugar de a México. Si le hubieran dado preferencia a México aquí habrían creado, tal vez, hasta millones de empleos y seríamos el abastecedor preferente de la economía norteamericana. Para ambos, México y Estados Unidos, la prioridad fue abaratar el recurso humano y comprar al menor precio, nos convertimos en grandes importadores deficitarios de China, con la que no tenemos tratado comercial. Nos traicionamos mutuamente. 

 

Ahora la renegociación del TLC abre oportunidades de mejora para ambos países. Sin embargo, Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, dijo hace un par de días: “Trump ya dijo lo que quiere, ahora hace falta que México diga lo que quiere”.

 

Trump y sus colaboradores en materia comercial proponen un grancambio; una estrategia de comercio justo, equilibrado, que elimine el gran déficit comercial norteamericano con China, Japón, Alemania y México, entre otros. Plantean emplear su poder de gran consumidor para presionar a los países proveedores a que se vuelvan importadores de productos norteamericanos.

 

La renegociación del TLC tendrá como referente central esta exigencia de comercio justo, en vez de libre comercio. Los negociadores mexicanos deberán comprender esa nueva perspectiva no para confrontarla sino para interpretarla a nuestro favor. Lo vital será iniciar con grandes definiciones estratégicas y no como cuenta chiles. El asunto es de objetivos y no de procedimientos.

 

Para eliminar nuestro superávit comercial con Estados Unidos tendremos que preferirlo en nuestras importaciones frente a otros países con los que somos deficitarios. Es decir que los dólares que ganamos al venderle a Estados Unidos tendrán que emplearse en comprarles a ellos. Es lo que exigen y lo tendremos que aceptar; pero a cambio debemos pedir reciprocidad. Que los Estados Unidos también nos prefieran en sus compras y en sus inversiones.

 

La manera más viable de hacerlo es que México, Estados Unidos y Canadá acuerden imponer aranceles a las importaciones de otros países con los que somos deficitarios. Un TLC en el que comprometamos la preferencia mutua entre los tres firmantes. Ser proteccionistas es la otra cara de la moneda del objetivo de equilibrar el intercambio con los Estados Unidos y Canadá.

 

Lo anterior nos conviene porque así pasaríamos a ocupar el lugar que ahora tiene China como proveedor principal de los Estados Unidos. Ello fortalecería mucho la producción y los empleos en México. Tendríamos que instrumentar una estrategia similar a la de China: fortalecer el mercado interno mediante la elevación de los salarios, substituir importaciones y mantener una paridad competitiva.

 

Esto es congruente con la propuesta de Trump a Peña Nieto: defender conjuntamente la producción de manufacturas, el empleo y elevar los salarios en “nuestro hemisferio”. Trump pide acabar con el abuso laboral en México.

 

Estados Unidos no pretende reindustrializarse en toda la gama productiva y tecnológica. Quieren hacerlo en sectores destacados, pero hay otros sectores en los que reconocen que seguirán importando. El nuevo secretario de comercio gringo lo dijo de manera despectiva: no nos interesa producir escobas o baldes de plástico. El caso es que habrá importantes espacios de producción en los que México puede substituir a China como proveedor dentro del TLC.   

 

En el nuevo tratado México deberá recuperar su soberanía en materia alimentaria como un factor esencial para disminuir la migración a los Estados Unidos. Podemos llegar a estar de acuerdo porque este es un interés central de Trump.

 

Toda gran transformación es traumática y afecta fuertes intereses establecidos. Pero este cambio parece inevitable. Lo importante será renegociar de manera transparente, y no como camarilla misteriosa. Trump dice abiertamente lo que quiere; hagamos lo mismo, una renegociación digna que cuente con el respaldo de los mexicanos.

 

@JorgeFaljo

@OpinionLSR

 

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