¿Regular la #PublicidadPolítica en Internet?

 

Tim Berners-Lee, el creador de la World Wide Web (www), alertó hace poco sobre la necesidad que existe de identificar el “punto negro” de la regulación de las campañas políticas en Internet. Si no se realiza esta acción, dijo, se corre el peligro de que algunos gobiernos de países democráticos cometan excesos con sus leyes de control y vigilancia.

 

La sobrerregulación es un riesgo para la #LibertadDeExpresión.

 

A casi tres décadas de haber creado este poderoso medio, la humanidad ha participado en el desarrollo de un nuevo, poderoso y atractivo ecosistema de comunicación. Además, ha sido parte de una revolución sin precedente en las interacciones que se dan entre los gobiernos, los actores políticos y las sociedades.

 

Sin embargo, también han surgido problemas complejos.

 

En materia política, @timberners_lee identifica los siguientes:

 

  1. Es muy fácil difundir información falsa o errónea en la web y que algunos obtengan por eso un beneficio económico o político.

 

  1. Es un hecho que algunos anuncios políticos se están usando de manera poco ética—para dirigir a los votantes a sitios de noticias falsas, por ejemplo—, o para hacer que los votantes se mantengan alejados de las urnas el día de la elección.

 

  1. La publicidad dirigida permite que una campaña comunique cosas completamente diferentes, posiblemente contradictorias, a distintos grupos, sin tener la certeza sobre si se trata de acciones en favor de la democracia.

 

Por lo anterior, opinó que “la publicidad política necesita transparencia y entendimiento”. Si partimos que “la mayor parte de la gente encuentra las noticias e información por medio de unas cuantas #RedesSociales y a través de buscadores”, no debemos perder de vista que estos sitios “ganan dinero cuando damos clic a los enlaces que nos muestran”.

 

Para ellos, el negocio es lo primero.

 

Y el resultado final no ayuda a que estemos mejor informados. Los temas sorprendentes, sobrecogedores o diseñados para apelar a nuestras preferencias “se pueden esparcir como pólvora”, contribuyendo a que los llamados “bots” puedan engañar aún más a la gente.

 

Además, facilitan la propagación de la guerra sucia”.

 

En México lo hemos experimentado. Los medios de comunicación y los políticos lo saben. Una parte importante de la sociedad lo deduce o por lo menos lo intuye. La enorme cantidad de escándalos, conflictos y situaciones críticas que hemos presenciado durante los últimos diez años confirman que la fórmula no es la más apropiada para un sistema democrático moderno.

 

Por el contrario, incrementa los niveles de desinformación.

 

La saturación a la que nos exponemos todos los días y a todas horas, no hace que estemosmejor informados. Por un lado, porque la agenda pública deja muy poco espacio y tiempo para el análisis y la reflexión sobre lo que sucede en nuestros entornos. Por el otro, porque a mayor velocidad en que circule la información, más grande puede ser la rentabilidad económica.

 

Así, lo que importa es la cantidad, no la calidad.

 

Por ésta y otras razones, Timberners-Lee piensa que se tiene que actuar —con sentido de urgencia— para poner en orden a la “industria sofisticada” en la que se ha convertido la publicidad política en línea.

 

Las soluciones no serán simples.

 

Por eso, el creador de la World Wide Web propone trabajar en diversos frentes para encontrar un nuevo equilibrio en el ecosistema, a partir de “criterios de justicia”, con el fin que se devuelva a las personas el control sobre su información personal, así como la exploración de “modelos alternativos de ingresos como suscripciones y micropagos” para los sitios en la red.

 

Además, se requiere más transparencia algorítmica".

 

Los usuarios —según Timberners-Lee— debemos aprender y entender mejor cómo se toman las decisiones que surgen de los algoritmos, sobre todo de aquellos que afectan a nuestras vidas en la información que consumimos, así como en nuestras interacciones y conversaciones cotidianas en los medios digitales.

 

El cambio debe incluir a empresas como Google, Twitter y Facebook.

 

Si queremos reducir la #InformaciónFalsa o errónea, dichas empresas deben redoblar los esfuerzos para combatir en forma decidida el problema, al tiempo que “hay que evitar la creación de cualquier órgano central que decida lo que es verdadero y lo que no lo es”. De la misma manera, hay que evitar los excesos que se podrían generar desde la normatividad oficial.

 

El diagnóstico y las posibles vías de solución están claras.

 

Pero estas últimas resultarán insuficientes si las instituciones políticas, electorales y de la sociedad civil no participan con mayor intensidad y un alto sentido de responsabilidad. No hacer nada sería tanto como regresar a modelos violentos o de impunidad, en los que lo único que importa es acceder al poder sin importar los costos o las consecuencias en la sociedad.

 

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