México es un país acostumbrado a las reformas electorales, se escucha sobre ellas en los medios de comunicación y se hacen concienzudos análisis en foros o debates, pero nunca son reformas definitivas porque siempre después de cada proceso electoral  surgen nuevas necesidades, pero sobre todo presiones y regateos de partidos y actores políticos.

 

Ahora, nuevamente nos encontramos ante los albores de una nueva reforma electoral con dos intenciones y dedicatorias evidentes: La del PRI, que busca más controles en materia de comunicación política por un lado pero también abrir la puerta nuevamente a la compra indiscriminada de spots para los aspirantes, justificando dicha necesidad por los spots en los que actualmente aparece Andrés Manuel López Obrador; a quien el Revolucionario Institucional acusa de actos anticipados de campaña. Ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio con gobernadores como Eruviel Avila del Estado de México promoviéndose sin recato o en el PAN Moreno Valle.

 

Por otra parte, el propio PAN considera que es necesaria una reforma electoral, su propuesta no coincide con la del PRI, pues Acción Nacional pretende regular el modelo de comunicación política electoral a fin de que los candidatos que sean acusados de violar la ley sean sancionados con una multa económica, pero también en tiempos de los medios: dependiendo del valor de la multa será el tiempo que se reduzcan sus campañas.

 

En este sentido la reforma electoral del año 2007 (impulsada por el PRI) también tuvo como tema principal el acceso a los medios, y las modificaciones estuvieron destinadas a prohibir que los partidos y candidatos pudieran incurrir en la compra-venta de espacios en radio y televisión, regulando los anuncios en radio y televisión de manera proporcional a la votación obtenida previamente, y permitiendo solamente los spots asignados por el IFE (ahora INE).

 

Y aunque hasta ahora ha sido el partido más beneficiado por todas las reformas electorales que han trastocado la regulación de comunicación electoral, recibiendo el mayor número de spots que cualquier otro partido desde el año 2009, hoy el propio PRI tachonea su reforma electoral y quiere regresar a la compra-venta de espacios sin ninguna limitación, para llenar los medios de comunicación con más spots, manteniendo el modelo actual de inequidad y sumarle además la compra directa de spots por los partidos y candidatos, haciendo todavía más inequitativas las contiendas electorales.

 

Además de lo antes planteado, una propuesta que también plantea el PAN consiste en introducir en México la figura de la segunda vuelta, tema que incluso el propio PAN ignoró en la pasada reforma electoral cuando se hizo apenas una vaga mención del asunto en las discusiones. 

 

Como es bien sabido, no es la primera vez que esta propuesta ha rondado los aires legislativos federales, pero es hasta este 2015 que Acción Nacional considera sumamente urgente su inclusión en el marco electoral mexicano. ¿Por qué hasta ahora y no cuando tenían una ventana de negociación/chantaje, en el marco del Pacto por México? ¿Por qué hasta que ya no tiene nada con qué negociar? Y si lo tiene, ¿qué costo tendrá para la población?

 

La segunda vuelta ha sido un tema arduamente discutido por los especialistas en la materia, y seriamente ignorado por los partidos políticos. Si bien no resuelve los problemas de incertidumbre generados por un sistema electoral fallido, sí regula una cuestión importante: La victoria por mayoría relativa en primera vuelta no necesariamente será una victoria en la segunda. Simplemente tenemos que mirar el proceso electoral de Argentina y el cambio presidencial que ahora enfrenta.

 

Las reformas electorales responden a ajustes legales necesarios, pero también es cierto que las mismas nacen conforme a los intereses partidistas del momento, por lo que podemos establecer que concretar una reforma electoral que satisfaga las necesidades de todos los partidos está lejos de lograrse.

 

Ni la propuesta del PRI ni la del PAN responden a las necesidades del país, son reformas para perpetuar la inequidad electoral y las ventajas indebidas. La plantean de cara al 2018 como una manera de lograr nuevas ventajas y beneficios. Lo que sí es una realidad es que demuestra que las reformas del pacto por México fueron fallidas y coyunturales.

 

Una verdadera reforma electoral castigaría con severidad la compra del voto y promovería los debates para lograr el voto informado lo cual evidentemente no conviene a la pactocracia.

 



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