La reforma política de 1977 impulsada por el otrora Presidente de la República José López Portillo, supuso un cambio estructural en la forma en que los partidos políticos participaban en la vida democrática del país; los cambios a la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales y a la propia Constitución Federal, reflejaban la necesidad de revitalizar a los partidos políticos, los cuales serían ya considerados como entidades de interés público.

 

Una de las principales modificaciones que propuso este paquete de reformas, era la eliminación de los diputados de partido para dar paso a un sistema mixto de representación proporcional, lo cual incrementó el número de diputados a un total de 400, de los cuales 300 serían uninominales y 100 plurinominales.

 

Se redujeron también los requisitos para la obtención de los registros por parte de los partidos políticos bajo dos modalidades: el reconocimiento definitivo y el condicionado. Esto permitió que el Partido Demócrata Mexicano (PDM), el Partido Comunista Mexicano (PCM) y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) solicitaran y obtuvieran su registro condicionado; en un hecho inédito para las circunstancias sociales del país, ya que la figura del partido político hegemónico prevalecía.

 

Como podemos observar el propósito de esta gran reforma, era sin duda la de dar más opciones políticas legítimas (partidos políticos), a los ciudadanos; así como integrar todas las corrientes de pensamiento político del país al escenario y la contienda pública.  Las elecciones de 1979 mostraron los primeros resultados al dar pluralidad en la Cámara de Diputados, si bien los números no fueron espectaculares para contar con un equilibrio en el congreso, sí se permitió la presencia de partidos políticos diferentes a los mal llamados partidos grandes.

 

Conocemos el resto de la historia, la competencia real de los partidos políticos y la generación de opciones ideológicas nos ha permitido contar con Congresos representativos capaces de crear un contrapeso al Poder Ejecutivo, experiencias de gobierno en las Entidades de la República, así como alternancias en la figura presidencial.

 

Hoy en día enfrentamos una nueva generación de cambios políticos, en el Congreso de la Unión, ya que se discute la necesidad de hacer una reducción en el número de los Diputados y Senadores.

 

La propuesta del Partido Revolucionario Institucional considera cambios a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos a fin de reducir de 500 a 400 (100 plurinominales), el número de Diputados Federales, y de 128 a 96 el de Senadores de la República. El argumento de esta propuesta gira en torno a una política de austeridad, es decir, reducir el gasto y hacer más eficiente el trabajo legislativo.

 

Una propuesta que suena bastante atractiva si tomamos en cuenta el descontento de la sociedad con sus representantes, los excesos y la opacidad en los gastos parlamentarios, así como la percepción ciudadana de baja eficiencia en el trabajo de los legisladores. Sin embargo, si vamos más allá del simple hecho de reducir el número de curules por cuestiones de presupuesto, estaríamos renunciando a nuestro derecho de representación, ya que a menor número de legisladores menor representación, menor pluralidad de las corrientes ideológicas y menor contrapeso en el Congreso; al final los números favorecerían de nuevo a los partidos grandes.

 

Ante tales argumentos existen otras opciones como la que propone Pedro Kumamoto, Diputado Independiente Local de Jalisco, en su iniciativa “Sin voto no hay dinero”, la cual plantea cambiar la fórmula en la asignación de recursos a los partidos políticos, tan sencillo como decir que a menor número de votos, menor número de recursos; eso sin duda replantearía la estrategia de los partidos para hacerse de votos y generar una real representación.

 

Tomar como pretexto una política de austeridad para hacer una reducción de los representantes en el Congreso, es tanto como no reconocer el papel histórico de contrapeso de los partidos políticos en la construcción de la democracia en México. Si no conocemos nuestra historia, estaremos destinados a repetirla.

 

El autor es: Manuel Silva Coache @msilvacoache

Licenciado en Derecho, experto en Temas de Transparencia, Rendición de cuentas y Anticorrupción.

 

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