En cada uno de los 12 estados del país en donde habrá elecciones el próximo año el PRI enfrenta un primer desafío: el interno.  La falta de claridad  en la reglas previas a la definición de candidaturas y el mal sabor dejado por los procesos de este año provocan un espectáculo similar al de una nave en donde nadie sabe dónde está el piloto.

 

En estados clave, donde una derrota del PRI puede mandar el mensaje de que se trata de un partido que no merece permanecer en Los Pinos, los aspirantes han decidido correr por sí y para sí, o con el respaldo de personajes diversos, sin que necesariamente se considere que el PRI de Manlio Fabio Beltrones sea réferi imparcial. No falta quien vea al sonorense como un jugador con cartas marcadas a favor de sus cercanos.

 

El resultado es que en todos los estados en donde habrá elecciones de gobernador y hoy están bajo control del PRI (9 de 12), hay al menos dos precandidatos priístas sólidos, viables y competitivos, uno de los cuales es más cercano al mandatario local, y el otro representa a un grupo adversario.  

 

El mayor riesgo para el Institucional será que dos o más de esos bloques entren en colisión, y que se desate un “fuego amigo“, que abra la puerta a un candidato opositor, mayormente porque en muchos de los casos, los abanderados de PAN o PRD, o de una alianza entre ellos, tendrán fuerza propia y serán alternativa real de poder.

 

Las circunstancias tradicionales, que acostumbran generar la participación más o menos activa de las llamadas “caballadas” o precandidatos, se agudizan ahora por la multiplicación de polos de poder dentro del PRI. Cada aspirante a la Presidencia de la República en el 2018 hace un juego abierto con sus propios alfiles.

 

La vieja regla de que cuando hay un Presidente priísta, éste es el verdadero “fiel de la balanza” exhibe matices, pues en ocasiones pareciera  que el presidente Peña Nieto deja a todos correr, y otras en la que parece hilar fino y muy personalmente.

 

Un caso ilustrativo de este panorama es sin duda Quintana Roo, donde el equipo en el gobierno estatal, que conduce Roberto Borge, se inclina en favor de Mauricio Góngora, alcalde del municipio de Solidaridad, mientras que otro bloque político, con respaldo en la capital del país, impulsa a Carlos Joaquín  González, subsecretario de Turismo y hermano de Pedro Joaquín Coldwell, ex gobernador y secretario de Energía.

 

En Tamaulipas los grupos locales colocados en torno al gobernador Egidio Torre han construido un consenso en favor del alcalde de la capital, Alejandro Etienne, pero desde el Distrito Federal se impulsa al diputado Baltazar Hinojosa, al que se atribuye cercanía con el secretario de Hacienda, Luis Videgaray.  Y a ellos, por debajo en posibilidades y en las encuestas, se suma Marco Antonio Bernal, diputado federal apoyado por el líder priísta Beltrones Rivera.

 

Un escenario similar se repite en entidades como Veracruz, Chihuahua, Tlaxcala, Durango y Zacatecas, todas con gobierno  priísta, todas sin una directriz política que alerte sobre las reglas que deben seguir los aspirantes. O de una oferta para incluir en el juego a aquellos que no resulten postulados, para evitar lo ocurrido este año, cuando a los perdedores se les marginó e incluso se les hostigó. La crisis postelectoral de Colima es la muestra y el resultado de ese estilo de manejar las cosas.

 

El contraste hoy lo parece ofrecer Hidalgo, donde el gobernador José Francisco Olvera y Miguel Ángel Osorio Chong, su antecesor y hoy secretario de Gobernación, protagonizaron un largo periodo de fricciones que se agudizaba según se acercaba la definición del candidato a gobernador por el partido oficial. Sin embargo, de acuerdo con indicios disponibles, ambos han alcanzado un pacto.

 

Fuentes enteradas, a las que se consultó para la elaboración de este Informe Confidencial,  dijeron que el senador David Penchyna se orienta cada vez con mayor claridad a lograr el apoyo de ambos personajes.

 

El proceso en aquellos estados en donde no gobierna actualmente el PRI (Oaxaca, Puebla y Sinaloa) parece sumar complejidades adicionales.

 

 La renuncia como director del Infonavit, presentada por Alejandro Murat, lo proyectó como el más viable candidato a buscar la recuperación del gobierno de Oaxaca, ahora en mano de Gabino Cué, que lo conquistó en 2010 gracias a una amplia alianza partidista opositora al PRI.  

 

Colaborador estrecho de Peña Nieto desde el gobierno del Estado de México, Murat encara desafíos dentro de su propio partido. El citado dirigente priísta, Manlio Fabio Beltrones, y el polémico ex gobernador Ulises Ruiz se han aliado para impulsar a Eviel Pérez, que perdió la gubernatura frente a Cué en 2010 y en 2012 sólo pudo llegar al Senado por la fórmula de minoría. 

 

Gerardo Gutiérrez Candiani, ex presidente del Consejo Coordinador Empresarial, al que se buscó promover en las últimas dos semanas desde distintos círculos del gobierno Peña Nieto,  al parecer fue descartado ya por su muy marginal peso en las encuestas, donde apenas uno de cada 10 oaxaqueños declaraba conocerlo.

 

Un choque entre Murat y Pérez potenciará las posibilidades de una muy probable nueva alianza entre PRD y PAN, en la persona de Benjamín Robles o de José Antonio Stefan, cualquiera de los cuales se muestra ya en las encuestas con un posicionamiento competitivo.

 

Una falla encadenada, sistemática, en los procesos internos del priísmo puede llevar a un descarrilamiento del Institucional en una etapa en la que los actores están pensando ya en el 2018.

 

rockroberto@gmail.com



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