El arresto de Joaquín El Chapo Guzmán, los nuevos ciclos de la crisis económica, las candidaturas iniciales del PRI para disputar gubernaturas, los avances de la reforma educativa y la detención en España de Humberto Moreira  han empezado a tener una repercusión en la correlación de fuerzas  entre los principales aspirantes a la sucesión presidencial del 2018. Le propongo acercar mirada al respecto.

 

Se ha consumado el proceso que rompió el círculo de acero en torno al presidente Enrique Peña Nieto, que era controlado por Luis Videgaray, secretario de Hacienda. El equipo de éste lo encabezaban Aurelio Nuño como jefe de la Oficina de la Presidencia y José Antonio Meade desde la Cancillería, pero con injerencia en múltiples temas, especialmente de carácter económico.

 

La llegada de Manlio Fabio Beltrones a la dirigencia nacional del PRI fue una evidencia de ese giro en el manejo de la agencia presidencial. Pero a ello contribuyó de manera central un paulatino distanciamiento entre Videgaray y Nuño, ante el debilitamiento del primero a golpe de escándalos y de malos resultados económicos, y el crecimiento del segundo, convencido de que podía tener su propia plataforma de despegue como posible sucesor de Peña Nieto.

 

En la ecuación inicial de Videgaray como el único hombre con influencia decisiva sobre el Presidente, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, estaba dotado de un papel marginal, que se fue incluso deteriorando con la persistencia de los problemas de seguridad en el país, expresados agudamente en la desaparición de jóvenes normalistas de Aytozinapa en septiembre de 2013.

 

Ese episodio ha sido y sigue siendo una pesada losa sobre la imagen de Osorio, y atrajo incluso un profundo distanciamiento con el secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, quien se ha mostrado ruidosamente opuesto a que integrantes de las fuerzas armadas sean señalados como probables responsables en la tragedia de Iguala.

 

La debilidad de Osorio parece estar encarnada en la figura de Luis Miranda, un subsecretario de Gobernación con derecho de picaporte en Los Pinos, agenda propia y quien cotidianamente hace patente, dentro y fuera de la casona de Bucareli, que él no se subordinaba al formalmente encargado de la política interna del país.

 

Otro operador presidencial, Humberto Castillejos, consejero jurídico en Los Pinos, abre un flanco adicional al hidalguense, pues toma control de las negociaciones con el Congreso, la Corte y otros asientos centrales del poder en el país.

 

Este corte de caja ha sido aderezado en las pocas semanas que acumula el año con variables de peso indudable, cuyos efectos sobre el equilibrio entre los citados personajes -Videgaray, Nuño, Osorio, Beltrones, Meade- se irá trasluciendo poco a poco.

 

El hecho más vistoso fue la reprehensión de Guzmán Loera en un operativo que si bien consumó la Marina, contó con la participación virtuosa de agentes federales bajo el mando de Osorio Chong.  Acaso tenían razón quienes aseguraban que con El Chapo prófugo, Osorio jamás podría haber sido presidente de la República.  Ahora habrá que ver si con el capo nuevamente en el Altiplano la imagen del funcionario se redimensiona con solidez, o se atora ante nuevos hechos.

 

Hasta ahora no hay indicios de que candidaturas del PRI para gobernadores muestren el padrinazgo de Osorio Chong. Es poco probable que Paloma Guillén Vicente, su protegida para la gubernatura de Tamaulipas, logre su objetivo por encima de Baltazar Hinojosa, Marco Antonio Bernal y otros. Pero no está descartado que otra de sus cartas, Nuvia Mayorga, quien busca la postulación priísta para el políticamente estratégico Hidalgo, se alce con la candidatura, lo que sería una muestra de fortaleza de Gobernación. 

 

En este balance sobre los momios en favor Osorio hay que incluir el arresto de Humberto Moreira en España, acusado de blanqueo de capitales mientras fue gobernador de Coahuila. En ese lapso fue ubicado como un cercano aliado del entonces gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto y de su operador político, Osorio Chong. Éste y Moreira compartían una notable cercanía con Elba Esther Gordillo, quien el mes próximo cumplirá tres años en prisión. Ya se verá si Osorio logra deslindarse de Moreira como lo hizo en su momento de la señora Gordillo.

 

En los equipos de enfrente, el panorama tiene sus propios matices. Aurelio Nuño ha logrado mostrar avances en la llamada reforma educativa, notablemente la evaluación de maestros gracias a un decreciente activismo de la CNTE (debida en buena parte a la operación de Gobernación). El titular de la SEP aparece todos los días en los medios,  pero no hay registros que demuestren que ha cobrado peso notable en las intenciones del voto de los mexicanos. Nuño ha tenido una cercana intervención en los procesos para definir a los candidato del PRI a gubernaturas, gracias a su acceso e influencia con Peña Nieto.

 

Manlio Fabio Beltrones es descrito en los pasillos de la política en México como un operador eficaz de las directrices que le son marcadas desde Los Pinos, en muchas ocasiones derivadas del peso de Nuño. Un improbable indicio de fortaleza de Beltrones lo marcaría que su veterano aliado, el citado Marco Antonio Bernal, fuera finalmente ungido para Tamaulipas, en lo que puede influir, de rebote, el escándalo Moreira.

 

Luis Videgaray carga con la imagen de ser responsable del bajo crecimiento económico, la débil generación de empleos, la virtual devaluación, el disparo del dólar y de otros fenómenos que mantienen postrada a la economía. Se le vienen encima cuestionamientos a las cifras oficiales sobre una presunta baja inflación.  De poco sirven los argumentos de que ha evitado daños mayores, o los premios que recurrentemente recibe. Su imagen se mantiene a la baja.

 

José Antonio Meade, titular de Desarrollo Social, parece haber recibido las llaves de un Ferrari que no se ha decidido a poner en marcha, pese a los empeños de sus colaboradores y ayudas externas para promover su imagen. Economista experto, respetado local y externamente, nada ha hecho Meade para redimensionar la estrategia asistencial y vaga que impuso al área Rosario Robles.

 

En un escenario así, deben ser millones los ciudadanos interesados en voltear hacia una alterativa opositora en el 2018. Pero el escenario que ofrecen PAN y PRD no parece entusiasmar a muchos. Morena es sin duda un actor cada vez más relevante, pero aún se mantienen muchos enigmas en torno a Andrés Manuel López Obrador, algunos de los cuales se esclarecerán tras las elecciones de este año al conocerse si su peso le permite ser considerado en verdad opción de poder.

 

robertorock@hotmail.com

 

 



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