En forma silenciosa, pero contundente, la administración Peña Nieto ha iniciado el desmantelamiento de su activa relación con China, lo que había sido una las iniciativas diplomáticas y económicas que concentrómás atención desde antes del arranque del actual gobierno.

 

La información disponible sugiere que el portazo a lo que se presentaba como un incipiente pero intenso acercamiento, se debe a presiones del gobierno norteamericano de Barack Obama. Según fue confiado a este espacio, dichas presiones fueron reiteradas por Obama al propio Peña Nieto durante la vista de Estado desarrollada por este en enero pasado.  

 

Uno de los aspectos más singulares de este tema es que las presiones de Washington encontraron desde hace meses un poderoso aliado en el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien es ya identificado dentro y fuera del gobierno mexicano como “enemigo” de los chinos.

 

La cancelación del tren rápido a Querétaro y el cierre del proyecto Dragon Mart en Quintana Roo son apenas dos señales de un portazo contra los intereses chinos, que mostraron un singular apetito en apenas unos meses. Solamente en el cierre del año pasado –entre octubre y diciembre- se anunciaron más inversiones chinas en el país que lo promovido en los 20 años anteriores.

 

En diversos sectores del gobierno federal, en particular en el ámbito financiero y de infraestructura, se había tomado nota desde tiempo antes que el secretario Videgaray no mostraba entusiasmo alguno con la nueva era de la proximidad con China. “No los quiere”, fue la respuesta reiterada a consultas hechas.

 

Ello ha coincidido con el despliegue de comentarios por parte de plumas cercanas a Videgaray, cuyos autores llaman enfáticamente a “no dar la espalda” a Estados Unidos, sin duda un socio estratégico pero que no muestra no mostrará en décadas, el vigor que exhibe ya la economía del gigante oriental.

 

Hasta finales del año pasado, buena  parte de la estrategia de negocios internacionales del nuevo gobierno suponía mirar hacia el Pacífico. Así lo revela el interés del gobierno en el llamado TPP. Abrir a México a la economía del Pacífico y diversificar el impacto económico del país más allá de Estados Unidos eran prioridades consideradas naturales y loables. Se acabó, al menos en una de sus facetas centrales, la alianza con China.

 

La decisión de cerrar el paso a las inversiones chinas pondrá en vilo cientos de miles de millones de dólares en proyectos diversos, con mayor énfasis en desarrollo, financiamiento, energía, banca, comercio y telecomunicaciones, entre otros. China se anticipaba como aliado en el proceso de la reforma energética, sin duda la más ambiciosa de cuantas ha impulsado el gobierno federal. A la luz de lo que está en curso, ese aliado se desvanecerá en el aire.

 

El cerrojazo decretado por el gobierno y que según fuentes consultadas, se irá ampliando en los meses siguientes, parece concretar una cábala perniciosa sobre las relaciones México-China, con episodios funestos a lo largo de la historia, desde la persecución contra ciudadanos chinos en Sonora y otros estados a principios del siglo pasado, hasta crisis diplomáticas cíclicas.

 

En las primeras semanas de su administración el presidente Peña Nieto realizó una visita de trabajo a China que incluyó una reunión formal con el presidente de aquel país, Xi Jinping. El encuentro fue preparado hasta en sus mínimos detalles por la diplomacia mexicana. En el primer minuto de su reunión, el mandatario mexicano pidió “un nuevo inicio” y ofreció a su anfitrión un detalle que revelaba sensibilidad: Una carta personal del ex presidente Luis Echeverría, que 40 años antes había inaugurado la era moderna de las relaciones bilaterales.

 

Tras esa visita inicial, que fue correspondida con un viaje a México por parte de Jinping y su esposa, en un ambiente tan relajado que incluyó un recorrido de ésta y de la primera dama Ánglica Rivera por los foros de producción de telenovelas de Televisa, se dijo entonces que la relación entre los dos países vivía “el mejor momento de su historia”, si bien algunos expertos llamaron a establecer una policía de Estado que le diera estabilidad a este acercamiento y lo blindara de decisiones súbitas, como las que ahora vivimos.  

 

Apenas en noviembre pasado, durante otro viaje de Peña Nieto a China, Petróleos Mexicanos (Pemex) suscribió tres acuerdos con empresas chinas, con los presidentes Enrique Peña Nieto y Xi Jinping como testigos. Los acuerdos, firmados por el director general de Pemex, Emilio Lozoya, fueron con la empresa petrolera estatal CNOOC y las instituciones financieras China Development Bank (CDB) e ICBC.

 

Sólo una de esas instituciones, ICBC, establecería una primera línea de crédito de hasta 10 mil millones de dólares para Pemex así como para empresas que le brinden servicios; los préstamos se enfocarán en proyectos para desarrollar tecnología de vanguardia (upstream) y adquisición de equipos para la explotación de zonas marinas.

 

Otras empresas chinas, como Huawei o Risen Energy, han iniciado ya inversiones concretas. En el primer caso,  montó instalaciones en Querétaro, en el segundo, arrancó proyectos en Querétaro por 600 millones de dólares.

 

Nadie hoy se atreve a decir qué es lo que ocurrirá con este impulso. Pero vendrá un coletazo del dragón chino. Hay que darlo por hecho.

 

robertorock@lasillarota.com

 

   

 



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