Lo hacen porque son precios de los que depende la estabilidad de las finanzas públicas. Eso no es ninguna sorpresa. Aunque en la discusión de la reforma energética se vendió la idea de que, como producto de  la misma, los precios bajarían. En realidad ha sucedido lo contrario. Debido a la caída de los precios del petróleo y a la disminución de la plataforma petrolera, el gobierno mexicano ha compensado parte de la caída de los ingresos petroleros con impuestos a las gasolinas. El año pasado la recaudación del impuesto especial a las gasolinas pasó de alrededor de 20 mmdp a más de 220 mmdp. Las finanzas públicas se despetrolizaron, pero se gasolinizaron. Las finanzas públicas nacionales dependen tanto del impuesto a las gasolinas que el precio de estas simplemente no puede bajar. En el caso de CFE, por otro lado, se presenta una caída constante de sus ingresos, de 6% el año pasado, que este año le obliga a incrementar las tarifas.

 

Se afirma que tanto Pemex y CFE buscan alternativas para ser más eficientes y rentables. La verdad es que ambas instituciones han cargado el peso de los recortes ocasionados por la caída del petróleo. No pueden ser más eficientes, simplemente porque se invierte menos. Tan solo en el 2016 Pemex ha tenido un ajuste de 100 mil mdp y CFE de 2,500 mdp al presupuesto ya aprobado. Entre 2015 y 2016 la inversión física presupuestaria cayó 32% en el caso de la energía y 36% en específico a lo que se refiere a los hidrocarburos. Se prefirió fortalecer otros rubros antes que a la inversión. En 2016 se recortaron los proyectos, pero se transfirieron 100 mdp a la petrolera y 20 mmdp a la compañía eléctrica para temas relacionados con el pasivo laboral, acordados con sus sindicatos para que apoyaran la reforma energética.

 

En ese sentido, el reciente incremento de los precios de las gasolinas y  de las tarifas eléctricas tiene la misma lógica de evitar un mayor desequilibrio presupuestal. Para el caso de las gasolinas se aprobó por parte del Congreso una banda en la que el precio se pudiera mover con respecto al precio del petróleo, pero que se mantuvieran los niveles de recaudación del impuesto especial del año pasado. Por eso las gasolinas bajaron ligeramente al inicio del año y subieron en mayor proporción este mes. Como el incremento se aplica sobre los precios del año pasado, resulta que México es uno de los países con mayor gravamen en gasolinas. La entrada al mercado de nuevos proveedores de gasolina al público,  poco podrán  hacer para bajar el precio, ya que el componente más importante del mismo es el impuesto.

 

En el caso de CFE, se dice que el incremento responde al aumento  reciente de los precios del petróleo. En realidad el principal insumo de la paraestatal para producirla, el gas, no registra mayores aumentos. Lo que sucede es que el subsidio de 30 mmdp, registrado en el presupuesto, ya no es suficiente para sostener el nuevo esquema de tarifas y, como la situación financiera del país no permite aumentarlo, entonces tuvieron que incrementar los precios al consumidor. CFE ha reducido las tarifas de consumo industrial, pero muy poco ha sucedido en las que pagan los consumidores en sus casas. La CFE ha recortado su presupuesto en áreas clave de inversión y, por tanto no puede producir electricidad a un mejor precio. Por ejemplo, el programa de operación y mantenimiento de centrales operadoras de energía eléctrica disminuyó en términos reales  27% en 2014, 21% en 2015 y 10% en 2016. La prioridad tanto en CFE como en PEMEX no ha sido la inversión.

 

En suma, el incremento de tarifas a electricidad y gasolina es el resultado de que las finanzas públicas aún dependen de los ingresos de los energéticos y de que tanto Pemex como CFE han invertido menos. Se apostó a proyectos privados que hasta el momento no se han concretado. Se dijo que el país había logrado una reforma fiscal que redujera la dependencia petrolera, pero cuando cayeron los precios del petróleo se tuvieron que establecer impuestos a las gasolinas y aumentar las tarifas de luz. Mientras tanto, la perspectiva a mediano plazo es preocupante. La plataforma de producción de petróleo pasó de 3.3 millones de barriles en 2005 a 2.5 millones en 2013 a 2.27 millones en 2014 y alrededor de 2.1 al final  de 2016. Es decir, incluso cuando se incrementen los precios internacionales del petróleo, los ingresos por ese concepto se incrementarán poco. Es decir, como cada vez vamos a exportar menos hidrocarburos entonces eso tendrá que ser compensado con mayores impuestos locales a las gasolinas y tarifas altas a la electricidad. Esto es, las gasolinas no bajarán y las tarifas eléctricas van a subir en los próximos años.

 

@vidallerenas 

@OpinionLSR



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