El mundo se ha convertido en un lugar más desigual. Esto ha sucedido al interior de los países y entre ellos. Las razones son la reducción de los sistemas de bienestar estatales, el crecimiento de las brechas salariales, las diferencias entre los sistemas públicos y privados de educación, el debilitamiento de los sindicatos y la flexibilización de la regulación, las altas ganancias de ejecutivos  financieros y corporativos, las reducciones a las tasas y la facilidades fiscales a los impuestos y la renta y el menor crecimiento de la economía en relación a la renta de individuos y empresas.

 

Persisten sistemas sociales en los que las oportunidades están marcadas por el origen social, étnico o de género. Las razones de está tendencia, como lo han discutido autores como Joseph Stiglitz, Owen Jones, el propio Piketty o en México Ricardo Raphael, es que por más de 30 años se ha impuesto la idea de que todas las políticas que reducen la desigualdad reducen también las posibilidades de crecimiento y la eficiencia de la economía, por lo que la única alternativa es flexibilizar los mercados, reducir al máximo la intervención estatal y social, ya que la desigualdad de hecho genera la riqueza que eventualmente llegará a todos. Se trata de un sistema de creencias que se repite constantemente en los medios políticos, académicos y de comunicación y que sirve para apoyar la idea adyacente de que todos estamos mejor si la desigualdad crece.

 

Se dice que la única manera se repartir riqueza es con el crecimiento económico. Eso es parcialmente correcto, puede haber distribución en periodos de bajo crecimiento, así como una estrategia para reducir costos y contrarrestar el ciclo económico vía el consumo. No es verdad que la desigualdad sea condición necesaria o suficiente para crecer y dos, tampoco es cierto que siempre entre mayor riqueza mejor distribución.

 

Es verdad que una economía dinámica requiere de incentivos y de un medio ambiente que promueva la competencia y el desarrollo de negocios. Eso requiere, por ejemplo, de la posibilidad de que los emprendedores cuenten con condiciones relativamente similares a empresas de mayor tamaño para realizar sus proyectos. Lo anterior requiere intervenciones estatales en materias como financiamiento, capacitación, infraestructura y transferencia de tecnología hacia firmas de menor tamaño. También, que la mayor parte de la población cuente con niveles altos de capital humano y cada individuo cuente con las condiciones para formarse en su área profesional.

 

El crecimiento también se consigue con la inversión en actividades que normalmente tiene que liderar el estado, como la de infraestructura y el desarrollo de tecnología. Además, se crece cuando el mercado interno es sólido, gracias a salarios y sistemas de protección social que doten a los individuos de ingresos suficientes.

 

La riqueza creada por el crecimiento solamente va a distribuirse sí existen impuestos a la renta y programas de gasto público progresivos, si crece el valor de los salarios, si las empresas medias y pequeñas prosperan, y si el crecimiento no se concentra en pocos sectores o regiones. Más riqueza no significa una mejoría a la mayoría de la población.

 

A partir de la década de los ochentas las ideas libertarias en el campo de la economía encontraron terreno fértil ante los excesos estatistas y la crisis global por el aumento de los precios del petróleo. Teacher y Reagan lograron vender la idea de que la libertad y la prosperidad estaban en riesgo ante la intervención estatal que pretendía regular y redistribuir. La desigualdad, en esa lógica, no es un problema, puede de hecho ser una ventaja, ya que genera incentivos a competir. Como la desregulación y la desinversión  estatal generarían una mayor riqueza, todos tendríamos mejores ingresos, lo que haría posible también reducir las políticas de apoyo social. El resultado es que algunas naciones prosperaron (las que mejoraron su marco institucional) y la mayoría que siguieron estas políticas han tenido bajos niveles de crecimiento. Las que crecieron, como el caso de Corea, desarrollaron modelos eficientes de intervención estatal.

 

En general la desigualdad ha aumentado en todos los países del mundo. Eso fue el resultado de que prevalecieron las ideas que favorecen la reducción de las tasas de los gravámenes sobre la renta, las facilidades fiscales a empresas, la reducción de la inversión pública (porque la desplaza la inversión privada), la disminución de prestaciones laborales, la focalización de todas las políticas sociales y las restricciones a los servicios de salud y educación a la población en general. Todo eso ha prevalecido gracias a que las ideas libertarias son las que prevalecen en los medios de comunicación, las universidades privadas, los centros de pensamiento y por lo tanto en las políticas públicas. La desigualdad se reproduce porque la parte más alta de la pirámide de ingreso se pagan cada vez menos ingresos y se pueden hacer grandes negocios en actividades poco reguladas como las financieras, que pagan altos salarios definidos por los propios directores de las corporaciones y se hace uso del sistema de educación privado y las relaciones para asegurar el futuro profesional de los hijos.

 

La reflexión sobre la economía ha sufrido cambios profundos. Amartya Sen desarrolló la idea de que ejercer la libertad de elección solo es posible cuando se está en la capacidad material de hacerlo. Es decir la libertad de elegir requiere de un piso mínimo de ingreso y capital humano para tomar las decisiones individuales básicas. Las experiencias de Corea y China y, también, la India o Brasil muestran que la política industrial y la inversión estatal en infraestructura son indispensables para las economías abiertas. El enfoque estadounidense para enfrentar la crisis financiera actual, que se basa en un mayor gasto público como estrategia anti cíclica, fue mucho más exitoso que el europeo fundamentado en la más estricta austeridad.

 

Hoy existe una valoración distinta del Estado y su papel como regular del marcado, como palanca de crecimiento y como igualador de las diferencias naturales que produce el capitalismo. Políticas en pro de la  igualdad son el nuevo mantra que ya comienza a predominar en las discusiones públicas. Se traduce en políticas de ingreso mínimo, salario suficiente, pensiones y servicios de salud y educación universales, servicios financieros accesibles a toda la población, movilidad y vivienda adecuada, desarrollo de tecnología y su trasferencia a trabajadores y Pymes, a mayores tasas marginales a la renta, impuestos a grandes herencias, y en general, lo que ayude a que la prosperidad de la sociedad se distribuya de mejor manera.

 

@vidallerenas



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