En un momento complejo en lo político y lo económico, resultó anticlimática, incluso aburrida, la estrategia del equipo del presidente Enrique Peña Nieto para definir los liderazgos priístas  en la próxima legislatura de la Cámara de Diputados, que lo acompañará en la segunda mitad de su gobierno y deberá velar por la vigencia de su legado.

 

El mensaje de Los Pinos, operado por la dirigencia del PRI, resultó ser que todo marcha conforme lo previsto;  que no se requieren ajustes mayores ni se prevén escenarios de batallas importantes en el ámbito legislativo. “Vamos bien”, nos dicen las listas de candidatos a diputados plurinominales del PRI.

 

Quizá este ánimo resulte simbolizado con la postulación como diputada plurinominal (cuya inclusión se considera por ello indispensable) de la señora Carmen Salinas, actriz y empresaria del entretenimiento. Se trata de un recurso frívolo, típico en nuestro entorno de los partidos de oposición débil, urgidos de votos a como dé lugar y sin pruritos ideológicos.

 

El mismo mensaje de desdén político puede leerse en el único ajuste mayor dentro del gabinete presidencial. El relevo de Jesús Murillo por Arely Gómez al frente de la Procuraduría General de la República,  parece explicarse no como una acción con propósitos de enmienda, sino producto de un desgaste en la relación personal entre el veterano político hidalguense y el primer círculo de colaboradores de Peña Nieto, notablemente con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

 

Es posible encontrar motivaciones similares en el reacomodo del yucateco Jorge Carlos Ramírez Marín, que dejó la Sedatu para regresar a San Lázaro, e incluso en la postulación de David López, director de Comunicación Social en Los Pinos, cuya cercanía con el presidente Peña Nieto incomodó a muchos desde los tiempos de campaña y gobierno de transición.

 

Idéntica línea de pensamiento sustentaría el que ninguno de los personajes que integran la lista de futuros diputados plurinominales por el Institucional cuente con trayectoria en temas económicos o financieros, pese a un entorno nacional e internacional que se sabe complejo e inestable. Pero la reflexión obligada es que el equipo del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, no requiere interlocutores acreditados dentro de la bancada priísta, sino sólo operadores sumisos. Lo mismo podría valer para los asuntos políticos.  Si el PRI y  el Partido Verde garantizarán, juntos, los votos necesarios para sacar adelante los temas necesarios y bloquear los inconvenientes, ¿para qué crear liderazgos que puedan resultar incómodos en el futuro?

 

Una bancada integrada con esa visión encontrará en César Camacho a su coordinador natural, e incluso se le puede seguir confiando al mismo tiempo la dirigencia nacional del PRI, donde nadie en este momento prevé el arribo de Manlio Fabio Beltrones. No en balde en las semanas recientes ha resurgido la percepción de un alejamiento político entre el sonorense y la casa presidencial.

 

Beltrones Rivera ha entrado en la recta final de su tarea como líder parlamentario del PRI en San Lázaro. Contó con una numerosa bancada propia, a la que se sumaron aliados formales y de temporal que le permitieron una importante margen de maniobra. Pero su gestión no fue un día de campo, y los resultados alcanzados incluyeron concesiones importantes, propias de la política. Un ejemplo concreto fue la forma en que se pudo abrir paso el Sistema Nacional Anticorrupción, pese a que había sido reiteradamente bloqueado desde el gobierno.

 

El estilo Beltrones llegó a causar exasperación en altísimos despachos públicos.  Al final del día se le sigue señalando por no ser “suficientemente” alineado con el gobierno y elevar la voz en los asuntos con los que no está de acuerdo.

 

¿Cuál será el estilo de César Camacho para negociar? ¿Le será permitido por sus jefes políticos? ¿Le podrá decir no al presidente Peña Nieto? ¿Y a Osorio Chong, a Aurelio Nuño o a Humberto Castillejos, los poderosos jefe de la Oficina de la Presidencia y consejero jurídico de la misma, respectivamente? ¿Resurgirá la vieja tentación de imponer asuntos por la vía del “mayoriteo” legislativo y los hechos consumados?

 

¿La actual crisis de legitimidad de ejercicio en el INE de Lorenzo Córdova y el vacío que le fue impuesto por partidos opositores, representará un recuerdo del porvenir en San Lázaro?

 

robertorock@lasillarota.com



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