El Partido Acción Nacional acumula casi 18 años de fracasos y desempeño electoral mediocre en la capital del país, dominada por el PRD desde 1997. Para las elecciones federales y locales de este año, la dirigencia de Gustavo Madero está siendo marginada, junto con sus operadores, por grupos internos que creen ver una oportunidad única en la debilidad del partido del sol azteca y las fallas de Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del DF.

 

El panismo de la ciudad de México y su área conurbada escenifica una insurrección interna en contra de Madero y de Santiago Creel, a quien aquél le encomendó velar por los intereses comunes en la zona. Creel, quien en el 2000 estuvo a punto de ganar la elección para gobernar el DF –quedó apenas unos puntos por debajo de Andrés Manuel López Obrador-, se esfumó de la política local en los años recientes, dedicado a los temas nacionales y a sus múltiples negocios particulares. La militancia le ha cobrado su ausencia con un cerrado desdén.

 

Cada aspirante panista propuesto por Madero y Creel ha resultado aplastado por los nuevos polos de poder en el panismo capitalino, notoriamente Jorge Romero, delegado con licencia de Benito Juárez -la única demarcación bajo control blanquiazul- y Federico Doring. El primero contenderá por un escaño en la Asamblea local, donde buscaría ser el coordinador, y el segundo se encamina hacia una diputación federal. Hay que apuntar que Creel traía entre sus propuestas a cartuchos quemados ya en el pasado, como Jorge Triana y Manuel Rodarte.

 

La humillante derrota a Creel en esta lid llevó a Madero a solicitar “generosidad” por parte de Romero y Doring. Con ello buscó no solo equilibrar las fuerzas sino rescatar a uno de sus principales operadores políticos, al que designó  como su representante ante el Pacto por México, y al que ha mencionado en reuniones privadas como posible candidato del PAN para ser ministro de la Corte a finales de este año.

 

Gracias a estas gestiones de último momento de Madero, prosperó la única fórmula que se abrió paso de su mano y la de Creel: Xóchitl Gálvez, ex colaboradora de Vicente Fox, buscará por el PAN la jefatura delegacional en Miguel Hidalgo. Esta decisión le costó a Madero golpear a una antigua aliada, Laura Ballesteros, quien renunció a su partido alegando agravios y engaños. Ella contenderá en esa misma demarcación por el Partido Verde.

 

El blanquiazul siempre ha sido competitivo en Miguel Hidalgo. Hace nueve años logró ganarla con Gabriela Cuevas, la revelación política de ese momento. Y hace seis repitió con Demetrio Sodi, quien dejó un saldo adverso. Ello abrió el camino para que en 2012 triunfara ahí el perredista Víctor Hugo Romo, quien coordina el impulso para ser sucedido por su colaborador David Razú.

 

Xóchitl Gálvez es un personaje impredecible y con talentos indudables. Hace años buscó la gubernatura de Hidalgo y casi se la arrebata al tándem formado por el candidato del PRI, Francisco Olvera, y el entonces gobernador en funciones Miguel Ángel Osorio, actual secretario de Gobernación.

 

Como en otras demarcaciones capitalinas en donde encarará serios desafíos electorales –y suman al menos medica docena de casos-, el PRD le apuesta a una estructura que ha afinado durante años y que puede hacer la diferencia a la hora de llevar gente a votar.

 

Pero la disputa regional al interior del PAN se agudizó en días pasados en el rico municipio metropolitano de Huixquilucan, en el Estado de México, donde Madero y Creel buscaron imponer a Enrique Vargas por sobre Anel Flores. Durante el proceso interno reglamentario se produjeron desmanes por parte del equipo de Vargas, lo que incluyó robo de urnas y otras acciones vergonzantes. El proceso se repitió ayer domingo y a la hora de redactar esta columna no había claridad sobre sus resultados.

 

El escenario del DF se repite en muchos estados en donde la autoridad de Gustavo Madero y de su equipo está siendo disputada. Ahora más que nunca queda claro que la dirigencia actual del panismo es en realidad una coalición de bloques de poder, especialmente de los gobernadores de Acción Nacional. Lo que ocurre en el PAN depende más de estos bloques que de la voluntad de Madero y su grupo, pequeño, menguado y con lealtades volátiles.

 

Por el lado de los gobernadores panistas, todos  saben que en la cita con las urnas de este año se dirime algo más, en particular las ambiciones de Madero para ser candidato presidencial en el 2018. Y no son mayoría los que se quieren subirse hoy a ese tren.

 

robertorock@lasillarota.com



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