Aun antes de que los militantes y simpatizantes del Partido Acción Nacional acudieran ayer domingo a votar por un nuevo líder, las debilidades de este partido se han hallado a la vista. Sea quien sea el que resulte electo entre Ricardo Anaya y Javier Corral, deberá encarar desafíos que de no ser atendidos llevarán a ese organismo a una condición marginal frente a los ciudadanos. Estos son cinco temas que urgen definiciones:

 

1.- La corrupción. Expresiones como la del gobernador saliente de Sonora, el panista Guillermo Padrés, investigado en México y Estados Unidos por lavado de dinero, son la parte más visible de una crisis interna en el PAN, lo que también incluye los “moches” negociados por los dirigentes parlamentarios de la actual legislatura, las ligas de dirigentes del blanquiazul con los propietarios de casinos –que dominan al PAN en Nuevo León, por ejemplo-, los negocios con el apoyo del gobierno federal, los despachos de consultoría y cabildeo en el Congreso manejados a trasmano por congresistas de ese organismo político. O componendas con representantes de Acción Nacional, entre los que se menciona a Santiago Creel, negociador del “Pacto por México”, por lo que esperaba el apoyo del PRI para hacerlo ministro de la Corte.

 

La cita clásica de un fundador del partido, alertando sobre el riesgo de ganar el poder y perder al partido,  puede consumarse ahora en ambos sentidos: el PAN ha perdido el rumbo político, el que se alimentó de una doctrina humanista y honesta, pero ha perdido también crecientes cuotas de poder. Desde luego, no se halla solo en este drama, pues PRI y PRD chapotean igualmente en la corrupción. Pero se le ha escapado de la mano la posibilidad de entender que la agenda contra la corrupción se arraiga cada vez más, dentro y fuera de México, y que su apuesta debe ser representar el combate a estas prácticas, no hundirse en las mismas aguas negras.

 

2.- La falta de unidad. El fin de la cohesión interna que -quizá con sobresaltos- caracterizó la vida del PAN en sus primeros 50 años de vida,  lo hace aparecer ante el país como una legión de señoritos enfrentados no por valores y propósitos, como ocurrió en los años 70 e inicios de los 80, sino por cuotas del botín. El fantasma de fractura irreversible sigue recorriendo Acción Nacional. Las pugnas entre Felipe Calderón y Gustavo Madero son apenas un síntoma de lo que está ocurriendo en la mayor parte de los estados y el Distrito Federal. ¿Cómo pueden los panistas construir “una patria ordenada y generosa”, según proponen sus documentos originales, si no lo logran ni siquiera hacia el interior de la organización? ¿Cómo los votantes pueden confiar en el PAN si los dirigentes parecen dominados por el afán de apuñalarse por la espalda y traicionarse sistemáticamente?

 

3.- Las elecciones del 2016.  Las gubernaturas de 12 estados estarán en disputa el próximo año.  Su perfil político ha hecho que en ellos el peso de la izquierda –dominada ahora por PRD y Morena- haya sido históricamente marginal. La verdadera disputa es entre PRI y PAN. Se trata a la vez de una enorme oportunidad para el panismo, pero también un riesgo claro de ser desbancado a un tercer lugar si los votantes deciden echar al cesto de la basura al bipartidismo tradicional. En 2012, siendo partido en el poder, Acción Nacional fue enviado a la tercera posición. Desde entonces no ha hecho sino sufrir y achicarse, como quedó demostrado  en los comicios de junio pasado. El 2016 registrará el regreso del PAN o una derrota histórica que puede postrar a l panismo por una década.

 

4.- La estrategia frente a Enrique Peña Nieto. La corrupción interna, la desunión y la incompetencia política han diluido el papel de contrapeso del PAN frente al gobierno federal.  Como lo alertó la analista política Soledad Loaeza hace décadas, existe un código genético en el panismo que lo subordinó primero a los sucesivos regímenes priístas, y luego al parecer lo hizo añorarlos. Nunca en los 12 años en que el PAN dominó Los Pinos exhibió la euforia que mostró durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, o ante la firma del “Pacto por México” impulsado por la actual administración federal.  ¿Será necesaria una nueva “brega de eternidad” para que Acción Nacional retome el talante opositor que desde finales de los 80 lo hizo disputar en serio el poder?

 

5.- La sucesión presidencial del 2018.  Si hoy fueran las elecciones para definir al relevo de Enrique Peña Nieto, Margarita Zavala sería la única panista competitiva, pero paradójicamente, se prevé que pueda presentarse más probablemente como candidata independiente que bajo las siglas del partido en el que milita desde su juventud temprana. Podría ser el mismo caso de Jaime Rodríguez El Bronco, el entrante gobernador de Nuevo León. Las muy prematuras encuestas ubican hasta arriba a Andrés Manuel López Obrador, dirigente de Morena. En la lista aparecen, muy abajo, asomados a cifras de un solo dígito, priístas como Miguel Ángel Osorio Chong, Luis Videgaray y Aurelio Nuño, seguidos por Rafael Moreno Valle, gobernador de Puebla, hasta ahora el único aspirante no sólo visible dentro de Acción Nacional sino con una base política clara. Su apuesta sólo puede ser viable si es capaz de crear una alianza partidista, como la que lo llevó al palacio de gobierno poblano.

 

Con esos pasivos sobre la espalda, a cualquiera  que sea el que haya ganado ayer la dirigencia nacional del PAN, a partir de hoy habrá que preguntarle: ¿Hacia dónde, presidente?

 

robertorock@lasillarota.com



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