Hace unos días la calificadora Standard and Poor’s (S&P) cambió la perspectiva de la deuda mexicana de estable a negativa, aunque se mantiene en el grado de inversión. Hace unos meses la calificadora Moody’s había hecho algo similar. Una evidente razón del cambio en la calificación es el tema de que el país ha doblado el monto de su endeudamiento durante el presente y el pasado sexenio. Sin embargo, en el análisis de S&P dos temas llaman la atención. Uno es que la calificadora no sólo advierte del bajo crecimiento de la economía mexicana, sino que en realidad lo que le preocupa es que no se ve cómo la nación va a superar la tendencia de bajo crecimiento que mantiene por décadas. Es decir, México hizo las reformas, las recientes y muchas otras, y nomás no crece, ni crecerá.

 

Este parece ser el primer reconocimiento concreto por parte de la comunidad financiera internacional de que las reformas del gobierno de Peña Nieto fracasaron. El otro punto es la extraña aseveración de que el crecimiento del crédito privado es un factor de riesgo para el país. Se trata de un pronóstico poco probable, ya que el índice de cartera vencida no llega al 3 por ciento. En realidad la advertencia más bien obedece al interés de presionar por un ajuste drástico de todos los instrumentos de política económica, es decir la famosa receta de la austeridad ahora aplicada en Europa. Lo que importa para los intereses financieros globales es evitar mayores sobresaltos del tipo de cambio y recuperar la perspectiva de la deuda mexicana en la cual han invertido. En realidad importa poco si se genera una recesión en el corto plazo.

 

Los gobiernos mexicanos han sido muy exitosos en vender los resultados futuros de las reformas de mercado que impulsan. En realidad, hasta ahora, lo que se había logrado fue un prolongado periodo de estabilidad con muy bajo crecimiento económico. Lo que señala S&P es que precisamente el sobre endeudamiento se debe a que el país nunca logró crecer a mayores tasas. Es decir, se endeudó bajo el supuesto de que se crecería más rápido. Como eso no ocurrió, la relación deuda/PIB es más alta de lo esperado.

 

Eso sucedió en parte porque la calidad del gasto público mexicano es mala, por lo que no se destinó a grandes proyectos de inversión capaces de reactivar la economía, mejorar su competitividad y generar ingresos públicos futuros. De hecho en México no sabemos a detalle los proyectos que son financiados con deuda y, por tanto, si cumplen con las características para ser financiados por esa vía. En realidad, debido precisamente al alto endeudamiento y a la debilidad de los ingresos fiscales, el gasto en inversión se recortó de manera dramática en los últimos dos años, lo que afectó de manera negativa al crecimiento.

 

Por otro lado, el reporte de S&P reconoce que las llamadas reformas estructurales no van a generar crecimiento. La calificadora lo atribuye a los problemas de implementación y de corrupción. En buena medida tiene razón, se trata de cambios institucionales que requieren de políticas muy complejas y transparentes, lo que es difícil de lograr en la administración pública mexicana, poco profesional y capturada. Pero, sobre todo, se trata de reformas que no están dirigidas a generar crecimiento en el corto plazo o incluso a generar crecimiento. La reforma fiscal sirvió para compensar parte de la caída del precio del petróleo (aunque otra parte se obtuvo de los impuestos a las gasolinas) pero se basó en buena medida en gravar al consumo, no garantiza estabilidad en las finanzas y no se acompañó de mejoras a la calidad del gasto. La reforma energética en realidad se ha traducido en menor inversión de las empresas públicas, mientras que los privados prácticamente no han invertido, pero ya participan en actividades de alta rentabilidad, como la importación de gasolinas.

 

La reforma en telecomunicaciones ha permitido reducir precios, pero como los mercados se mantienen concentrados la inversión es escasa y no se detonaron mercados como el de la producción de contenidos. Otras reformas, como la laboral, ha ayudado a reducir la masa salarial y, por tanto, el mercado interno. No se tratan se reformas capaces de detonar crecimiento, incluso aún cuando estuvieran bien ejecutadas.

 

El punto es que las reformas no tocan las variables que impiden crecer, como la baja inversión pública y privada, las dificultades para obtener crédito competitivo, el escaso desarrollo y absorción de tecnología, la debilidad del mercado interno, el deterioro de los ingresos por turismo, la dependencia a la inestable economía norteamericana, la falta de proyectos de inversión en sectores como el de comunicaciones o movilidad, la carencia de una política industrial, la falta de políticas para reactivar el campo.

 

El país no ha podido mejorar en el principal factor que afecta el desarrollo de los negocios en el país, la inseguridad. México no tiene hoy un gobierno más capaz, que desenrolle políticas mejor diseñadas y evaluadas, que ofrezcan soluciones a los problemas públicos. Más bien día con día surgen nuevos y mayores conflictos, que escapan a la posibilidad del Estado de resolverlos. La crisis masiva de derechos humanos eventualmente se convierte en un obstáculo para que la economía crezca.

 

Como la propia S&P reconoce que el crecimiento no llegará entonces, y la única posibilidad para retomar la estabilidad son las políticas de austeridad. Se advierte de una posible crisis bancaria (en realidad bastante improbable) para evitar que cualquier intento por impulsar a la economía, como ofrecer más crédito, se convierta en un riesgo a la estabilidad, así sea mínimo. Se insiste en incrementar los recortes al gasto, sin importar los costos en el bienestar de la población. No se pide un programa sensato para corregir las finanzas y generar crecimiento, sino simplemente mejorar los balances sin importar las consecuencias.

 

A México se le quiere aplicar la receta de austeridad a raja tabla que tanto daño ha causado en Europa. El reporte de S&P sitúa al país en su realidad, en el hecho de que es muy poco probable que crezca a mayores tasas en el futuro próximo. La tarea debería ser la de impulsar las medidas que efectivamente puedan generar crecimiento. Esas no son el paquete de reformas recientes.

 

@vidallerenas

@OpinionLSR

 

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