El pasado domingo 12 de junio de 2016 fuimos testigos de una de las manifestaciones más extrema de violencia y de intolerancia: los asesinatos perpetrados en Orlando, Florida; hecho atroz instigado por prejuicios y voces que siembran odios, fanatismos y discriminación. Esta escalada de violencia al que es o piensa diferente cobró la vida de cuarenta y nueve personas, cuatro de ellos connacionales, dos guerrerenses.

 

El artero crimen propiciado por una mezcla de fundamentalismo y homofobia, le arrebató la vida a Luis Sergio Vielma Astudillo, un joven guerrerense de apenas 22 años, originario del municipio de Coyuca de Catalán, ubicado en la región de Tierra Caliente, que trabajaba en el parque temático Wizarding World of Harry Potter. Por su cuenta  de perfil de Facebook, podríamos vislumbrar que era una persona cordial y jovial, o mejor dicho, como lo ha contado su amigo Will Randle al periódico Miami Herald "la mejor persona que he conocido nunca".

 

Incluso, la escritora británica J.K. Rowling,  autora de la saga literaria del niño mago, se mostró consternada en twitter por el artero crimen cometido en Orlando: "Luis Vielma trabajaba en la atracción de Harry Potter en Universal. Tenía 22 años. No puedo dejar de llorar" se pude leer en su cuenta.

 

Las balas del fundamentalismo extremo y la homofobia, se cobraron además la vida de Miguel Ángel Honorato, otro joven de apenas 30 años, oriundo de Tenanguillo de las Cañas, municipio de Ixcateopan, de Cuauhtémoc de la región Norte del Estado, una persona trabajadora, gerente de cuatro restaurantes en el centro de Florida y padre de tres hijos, entre ellos, uno de 1 año y otro de 2.

 

Dentro del que ha sido, lastimosamente, el peor tiroteo ocurrido en los Estados Unidos de Norteamérica, se registraron además otras cincuenta y tres más personas heridas. La Cancillería mexicana identificó a uno de los heridos como Javier Nava Coria, un connacional más que fue alcanzado por las balas de la intolerancia y la homofobia.

 

Que lastimoso resulta darse cuenta que aún hoy en día, existe en algunos odios y enconos en torno a las preferencias sexuales, pero es más doloroso aún, que un hombre segado por las ofuscaciones erradas, haya disparado en el interior de un club nocturno en contra de seres humanos inocentes, y ya de por sí, vulnerabilizados por visiones parcializadas de la realidad o desactualizadas de lo que constituye la orientación sexual o la identidad de género.

 

La cicatriz que ha marcado la memoria de la humanidad a raíz de estos actos repudiables debe significar un punto de inflexión en los medios de comunicación, centros escolares, centros de trabajo y la comunidad mexicana en general para erradicar de tajo la homofobia.

 

Se deben elevar todas las voces y opiniones para reprobar enérgicamente los actos de violencia perpetrados en Orlando, Florida y todo acto de violencia homofóbica; a la vez de hacer un llamado al Poder Ejecutivo para que a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en los foros internaciones, el Estado mexicano fije su postura pidiendo un alto a la discriminación y la violencia que experimenta la comunidad lésbico gay bisexual y transgénero.

 

Las personas que pertenecen a esta comunidad, la LGBT, cuyas siglas representan a las distintas identidades sexuales involucradas, independientemente de su etnia, edad, condición socioeconómica o creencia religiosa, al igual que todos tienen el derecho a ser comprendidos, amados y respetados. Sus derechos no dependen de quienes son o a quienes amen.

 

En conclusión, como sociedad debemos alcanzar la madurez para condenar todo acto de violencia, intimidación u hostigamiento en cualquier ámbito (sea público o privado) basado en la manifestación o expresión por parte de una persona de su orientación sexual, su identidad o expresión de género.

 

Hechos como los ocurridos en el bar “La Madame”, en Xalapa, Veracruz, en el que penosamente, la homofobia fue la estrategia para minimizar la matanza de clientes ordenada por grupos criminales, no podemos ni debemos permitir que se repitan.

 

Tampoco es ético ni válido revictímizar a quienes murieron, resultaron heridos o a sus familiares y seres queridos con encabezados o enfoques informativos con tono sensacionalista y discriminatorio donde resaltan que los hechos ocurrieron en un “Antro Gay”, para dar contexto que entre las preferencias distintas a las heterosexuales, ocurren estas cosas y así, pretender que la ciudadanía pierda el interés por el suceso.

 

Los mexicanos debemos redoblar esfuerzos para dominar el salvajismo de la intolerancia y hacer apacible la vida de este mundo para todos, seamos responsables, estamos obligados moralmente a recriminar las expresiones que exacerban el odio a las diferencias motivadas por el origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

 

@RicardoMeb 

@OpinionLSR



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