De aquel arbitro modesto nada quedó. Ya no digamos del propósito de ser un instrumento casi imperceptible, reducido a organizar humildemente las elecciones para que éstas fueran espacio netamente ciudadano.

Aquel desiderátum de Woldenberg quedó en el olvido.

Hoy el INE, en boca de su propia publicidad en radio, es el héroe supremo; Aquiles y Héctor juntos, Wotan, Sigfrido y Brunilda hechos uno, los superhéroes electorales.

He buscado en Internet el anuncio de radio que transmite en estos días el INE al aíre, de suerte de poder citar las grandes hazañas que en él se consignan y publicitan, pero por alguna razón no está disponible. Ante su omisión cito de memoria que el INE conquista cimas, salva doncellas de la violencia electoral, soporta gallardamente tormentas y hace posible la democracia en México. Morelos salvando al Congreso de Apatzingán y a la población de Cuautla del sitio virreinal es una pastilla de clorato o un niño de pecho al lado de Cordova y sus chamacos.

Publicidad Tarzán le llaman los publicistas. Yo soy el Rey de la selva y lo grito, y así me tienes que querer.

De entrada me preguntó por qué una institución pública se tiene que estar vendiendo como pan de caja y tan sólo encuentro que es una forma de mantener una industria mediática políticamente poderosa que ha sido abandonada por los mercados en pos de otras tecnologías de la comunicación. Así las transmisiones y los periódicos mexicanos se han llenado de publicidad gubernamental que, si bien publicita algunas obras y servicios, lo más que hace es decirnos lo grande, excelso y ahora heroico de nuestras instituciones y sus prohombres.

A toda esta cordillera de publicidad Tarzán y de dinero público sólo les hace falta una cosa: el mexicano.

Al igual que para nuestras políticas públicas, programas, partidos, candidatos y presupuestos; para la publicidad oficial el mexicano no existe. Todos ellos se colman en sí y para sí mismos; lo importante es la política pública diseñada con los mejores estándares, o la publicidad que se ve en su propio espejo, no el destinatario final de sus esfuerzos y razón de ser de la existencia del Estado, sus órganos e instrumentos: el mexicano de carne y hueso.

¿Qué decir de la economía? Lo importante es que ella esté fuerte y que lo presumamos, aunque su fortaleza no signifique comida en la mesa del mexicano, ni techo sobre su cabeza, ni agua, ni salud, ni educación, ni seguridad. Pero qué importa si la economía goza de cabal salud y con ello y en ello se colma.

Así, en el caso del anuncio de radio del INE, en ningún momento aparece el ciudadano que es el verdadero héroe de nuestra maltratada democracia. ¿Para qué, se han de preguntar Consejeros y representantes de partidos en el INE, si nos tienen a nosotros que nos sacrificamos por ellos y hacemos posible con el sudor de nuestra frente y heroicidad de nuestro hacer la democracia en México?

Publicidad Tarzán, igual que la madrastra de Blanca Nieves que se ve en el espejo y se dice la más bonita, aunque sea un esperpento. El INE hace alabanza en boca propia, porque sabe en su fuero interno que dejó de ser una institución valorada por los mexicanos.

Quijotada electorera que canta sus hazañas contra molinos de viento ante una Dulcinea ciudadana que lo aborrece tanto como a los Duartes y Borge juntos.

No pudieron construir su castillo de la pureza electorera, pero, al menos, pueden cantarse loas en la radio como el Rey desnudo que en su negación de la realidad se observa vestido y adorado, cuando va en cueros y en el oprobio.




Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información