Luego de meses de jaloneos y señales cruzadas, el PRI determinó al cierre de la semana –lo que forma parte de su estrategia en estos casos- que Alejandro Murat es su candidato a la gubernatura de Oaxaca, entidad que hace seis años perdió ante una coalición opositora encabezada por el actual mandatario, Gabino Cué.

 

El proceso que derivó en la postulación de Murat estuvo tachonado de novedades y experimentos, colocados en ambos extremos de la lógica política: desde un juego de vencidas entre cacicazgos locales hasta un intento de “candidatura ciudadana” en la persona del dirigente empresarial Gerardo Gutiérrez Candiani.

 

Los reacomodos tras la postulación de Murat Hinojosa pueden traer sorpresas adicionales. De acuerdo con informaciones provenientes, el padre del aspirante ungido, el  controvertido ex gobernador José Murat, anunció en despachos del más alto nivel que en breve comenzará un autoexilio de la política oaxaqueña y muy posiblemente del país mismo. Ello dará oxígeno a la posibilidad de que su hijo, hasta hace poco director del Infonavit, se presente con una propuesta fresca, sin herencias que  lo aten.

 

Murat Casab se convirtió en las semanas recientes en el principal pasivo para la causa de Alejandro Murat en la batalla interna por la candidatura, que lo colocó como el adversario a vencer para una decena de aspirantes con hojas personales controvertidas y sin un factor crucial en ellas: la cercanía personal con Los Pinos.

 

El senador Eviel Pérez, quien perdió sus últimos dos desafíos ante las urnas –fue derrotado en la gubernatura por Gabino Cué, y sólo logró ser senador de minoría-, mantuvo hasta el final el impulso del ex mandatario priísta Ulises Ruiz, quien ha construido con su antecesor, el citado José Murat, una rivalidad irresoluble. Pérez y Ruiz alardearon por meses contar con el apoyo del presidente nacional del Institucional, Manlio Fabio Beltrones, lo que confundió a muchos novatos en la política y los medios.

 

Lo que Beltrones Rivera dejó sentir desde el principio de los jaloneos internos fue que lo que el PRI precisa es recuperar la gubernatura, y que la decisión final provendría no de los ex gobernadores, sino del presidente Peña Nieto.

 

El arranque del año trajo una encomienda delicada para el líder del PRI en el Senado, Emilio Gamboa: Iniciar una “operación cicatriz” para marginar al senador Pérez Magaña, quien sin embargo no dejó de embaucar a quien se dejó ni suspendió una guerra de desgaste.

 

El fenómeno de Gutiérrez Candiani fue más complejo. Se trata de un personaje que fue bien visto por sectores de la administración Peña Nieto que imaginaban un giro modernizador de la política en Oaxaca, sin entender que un proceso de este tipo –por otro lado indispensable- no puede ser impulsado por un virtual desconocido en el estado, sin base social propia.

 

Pero el ex presidente de los organismos patronales más importantes del país –CCE y Coparmex- radicaba su apuesta no sólo en el campo priísta sino en dos amistades de la juventud, Gabino Cué y Diódoro Carrasco.

 

No hay que perder de vista que además de ex gobernador de Oaxaca, Carrasco Altamirano fue subsecretario de Gobernación y ocupó la titularidad de la dependencia en 1999 a la salida de Francisco Labastida para buscar la Presidencia, impulsado por Ernesto Zedillo. Una búsqueda que, como se sabe, fue sepultada por Vicente Fox.

 

La oferta de Gutiérrez Candiani y sus promotores era convencer a Cué y a Carrasco de desfondar a la oposición desde el poder y dar paso a un amigo íntimo que les garantizaría cuotas importantes de poder en el próximo sexenio. De acuerdo con fuentes consultadas, el modelo pareció cautivar a varios, dentro y fuera del gobierno Peña Nieto. En un gesto de confianza, quizá excesiva, un hijo de Carrasco se convirtió en operador público del dirigente privado. 

 

Una decisión habría descarrilado el camino de Gutiérrez Candiani. Se trató de la llegada de Carrasco Altamirano como secretario de Gobierno en la administración de Rafael Moreno Valle, en Puebla. El oaxaqueño fue identificado en ese momento como el estratega central de Moreno Valle, precandidato presidencial, con la tarea inmediata de lograr una base política y de financiamiento con la conquista de la gubernatura de cuatro entidades clave: Puebla mismo, Tlaxcala, Veracruz…y Oaxaca.

 

Muchas de las noticias políticas surgidas en los días recientes, sobre candidaturas y alianzas frustradas en Puebla y Tlaxcala, parecen tener como telón de fondo lo que pudo haber sido un precipitado regreso de Diódoro Carrasco a los reflectores de la política nacional.

 

La siguiente movida en el tablero de la política oaxaqueña, con claras repercusiones externas, será la decisión de la candidatura del candidato de la alianza PRD-PAN, que le corresponderá al perredismo, que encabeza Agustín Basave.

 

Hay un proceso interno que tomará aún casi todo febrero para resolverse. Los finalistas son el senador Benjamín Robles, con la mayor trayectoria partidista, y el diputado federal José Antonio Estefan, quien cuenta con una cercanía clara con el gobernador Gabino Cué.

 

Sea cual fuere la determinación, se anticipa una competencia real, con diversos protagonismos. Como dicen los clásicos, el pronóstico es reservado.

 

robertorock@hotmail.com



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