En la agenda nacional e internacional de 2016 el año que concluye ha estado cargado de acontecimientos que bien pueden representar un punto de inflexión en el avance de las agendas de sistemas políticos, países y actores relevantes hasta hace poco impensables.

 

Tener claro el curso de los acontecimientos y su interacción es indispensable para no quedar atrapado en la estridencia de las coyunturas o, peor aún, cegado por la intensidad y el brillo de algunos hechos aislados que nos impidan ver el bosque de la globalidad, hoy sometida a tensiones por demandas locales y regionales que parecen marcar un nuevo rumbo. Unir sin confundir y separar sin dividir parece ser una máxima obligada para el análisis y las conclusiones que orienten a los tomadores de decisiones en México y en el mundo.

 

Uno de los cambios más relevantes se deriva de la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos y su amenazante agenda de deportaciones, aislamiento comercial y nuevos pesos y contrapesos en las relaciones internacionales. Las conclusiones de los distintos foros realizados para analizar sus efectos, en particular los realizados por el Partido Acción Nacional, apuntan a la unidad nacional y al fortalecimiento de nuestra política exterior con visión de Estado para hacer un frente común que defienda a nuestros connacionales y prepare las mejores estrategias de negociación ante la eventualidad de modificaciones a nuestros tratados comerciales. 

 

Al mismo tiempo, la necesidad de revisar la diversificación de nuestras relaciones comerciales y políticas con otras regiones y naciones que, de inmediato, han expresado disposición diplomática para ampliar tratados y relaciones de comercio, como lo hizo China a través de su embajador en nuestro país. En cada caso, la posición del país debe ser revisada con criterio geoestratégico para no sobre reaccionar o quedarnos haciendo guacamole sin medir las consecuencias. Invariablemente el bien y la fortaleza de México deberán ser la divisa sobre la cual deben fijarse nuestras prioridades y definir nuestros intereses como país.

 

Otras regiones y países viven tensiones similares. La crisis política en Brasil y su desdibujamiento como la nación emergente más promisoria de la región representa una oportunidad para nuestro país ante una comunidad de naciones que se pregunta quién ocupará el lugar del gigante de América en los próximos años. Muy cerca de ahí, en la zona del Mercosur, la crisis política y humanitaria de Venezuela es una emergencia de atención obligada por la comunidad internacional ante la flagrante violación a los derechos humanos garantizados en el artículo 28 de la Declaración Universal que a la letra dice que “toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados se hagan plenamente efectivos”.  Un comentario aparte será necesario para el complejo proceso de paz en Colombia, al que el presidente Santos le ha dado un nuevo impulso por la vía legislativa después de haber ganado el Premio Nobel, ante la oposición de importantes sectores y en la antesala de la elección presidencial.

 

Europa se agita ante los vientos de cambio del populismo de distintos signos. Cuando aún no acaba de digerir y resolver los efectos del Brexit en el Reino Unido, nuevos movimientos se prenden en distintas latitudes, como los ocurridos en días pasados en las elecciones extraordinarias en Austria donde el debate electoral se redujo a un plebiscito entre permanecer o no en la Unión Europea, asunto que se resolvió favorablemente con el triunfo del europeísta Van der Bellen; no fue así en Italia, donde Renatto Renzi perdió el plebiscito y dejó el gobierno en medio de la resistencia a cambiar un sistema gubernamental singular, acostumbrado a diferir sus decisiones fundamentales entre cambios de gobernantes, como lo muestra el hecho de haber tenido 64 jefes de gobierno en 70 años.

 

Ante esto cobra una gran relevancia la postulación de Angela Merkel a un cuarto periodo de gobierno en Alemania, hoy considerada como líder indiscutible de la estabilidad europea. Ante la convención de su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), y desafiada por un proceso electoral que se anticipa más competido y cambiante, Merkel fijó las prioridades teutonas en tres ejes: fortaleza económica, inclusión social así como orden y seguridad. Con esta oferta habrá de enfrentar el año próximouna elección bajo presiones inéditas. En Francia también hace aire, las próximas elecciones serán un plebiscito sobre el rumbo del país entre el candidato de los Republicanos, Francois Fillon, y la nacionalista Marine Le Pen, candidata del Frente Nacional.

 

Todos estos procesos parecen lejanos a nuestro país; sin embargo, resultan fundamentales para la conformación de la agenda global de la que México es parte importante como la decimotercera economía mundial, más aún si México se define por el cambio y por la apertura comercial en las relaciones internacionales – tal como se ha sostenido ahora – buscando mejorar la inversión extranjera directa y la balanza comercial del país de las que dependen los empleos y el crecimiento de nuestra economía.

 

El cambio de tendencias como el que se advierte implican altos riesgos pero también oportunidades que no debemos dejar de ver y sobre las cuales tenemos una responsabilidad como país. Por ello, el PAN ha exigido al gobierno que encabece un gran acuerdo nacional de unidad para resolver con éxito el reto que representa la nueva relación bilateral con los Estados Unidos y el que se nos presenta en la agenda  global. Nada sería más lamentable que permanecer estáticos y pasmados ante un nuevo rumbo por definir.

 

@MarcoAdame 

@OpinionLSR


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