Martes y miércoles de la próxima semana son las fechas definidas para que los contendientes por las nuevas cadenas de televisión abierta digital presenten sus solicitudes y ante ello abran sus cartas en la mayor guerra de negocios en la etapa moderna del país.

Esta batalla puede derivar en una diferente correlación de fuerzas en el espectro mediático, con el surgimiento de nuevas corporaciones que vayan sumando actores en los meses porvenir. Periódicos, grupos de radio y televisión, incluso proyectos de internet, se integrarán a conglomerados; otros decidirán aislarse, sea con el riesgo de  tornarse insignificantes, sea para construir alianzas con aquellos que, como Carlos Slim, por ahora no podrán entrar esta arena exclusiva para gladiadores mediáticos.

Los próximos días 16 y 17 de este junio, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT)  recibirá las denominadas solicitudes de opinión favorable de competencia, el primer paso formal de un proceso que cubrirá varias etapas a lo largo de un año, pero que en marzo próximo incluirá la emisión del fallo en favor del ganador.

Los dedos de una mano pueden sobrar para enlistar a los grupos empresariales del país que tienen el capital, la experiencia y las herramientas políticas necesarias para competir por esas dos nuevas cadenas, que llevarán al ganador a enfrentar al poderoso duopolio formado por Televisa y Azteca, que presiden Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego, respectivamente.

Los números de la inversión requerida suponen una apuesta especialmente alta para aquellos que decidan participar: al menos 7 mil millones de pesos sólo en los dos primeros años, si se considera el pago por la licitación que asignará el IFT; por la infraestructura básica necesaria, y por la creación de contenidos en ese lapso.

Una vez que operen las nuevas cadenas, se estima que su propietario deberá invertir entre 10 y 15 millones de dólares mensuales en contenidos para disponer de una plataforma, mínimamente competitiva, según cálculos internos del propio IFT.  Por ahora nadie se atrevería a predecir qué porcentaje del mercado le arrancará el nuevo consorcio al duopolio actual, en cuánto tiempo, qué ingresos tendrá por ello y en consecuencia, cuánto tiempo le tomará recuperar su inversión. Especialmente si como estiman algunos analistas en el sector, la inversión final antes de alcanzar punto de equilibrio rondará los mil millones de dólares: cerca de 15 mil millones de pesos. 

Francisco Aguirre, presidente del Grupo Radio Centro (la cual consolidó bajo su control absoluto en diciembre pasado); Olegario Vázquez Aldir, del Grupo Imagen Multimedia (con el apoyo del Grupo Ángeles, fundado por su padre, Olegario Vázquez Raña); el consorcio formado por el Grupo Mac, de la familia Maccise, el grupo español Prisa y la familia Alcántara; y finalmente, Manuel Arroyo, propietario del diario “El Financiero”, encabezan a quienes han expresado abiertamente su interés por contender. A ellos pueden sumarse actores con bolsillos menos profundos, pero que aun así intenten un camino propio; otros que se sumen a jugadores más fuertes, e incluso algunos que únicamente pretendan pescar en río revuelto.

Un factor relevante lo constituirá la participación de compañías internacionales de medios, que aportarían capital, contenidos y trayectoria en la industria. Hasta donde se conoce, todos los citados están prestos a presentar ante la autoridad a sus aliados con presencial global en el negocio de la televisión.

Las familias Aguirre y Vázquez Raña-Aldir se anticiparon desde hace años a esta apertura y han ejercitado consistentemente su músculo mediático y financiero. Falta sin embargo ver cómo se concreta la nueva legislación reglamentaria en telecomunicaciones en sus disposiciones sobre propiedad cruzada de medios. Hasta ahora nada permite prever que sus propiedades en otro sector (radio, más periódicos, en el segundo caso) les impidan incursionar ahora.  Con ligas de amistad y de negocios desarrolladas durante décadas con otros medios, es probable que ambos busquen alianzas que sumen valor a su proyecto, lo que será aquilatado tanto por la autoridad como por el mercado.

La tríada Grupo Mac-Prisa-Alcántara surgió en los meses recientes como un actor viable, producto de la destreza en las negociaciones orquestadas especialmente con el grupo propietario del diario español “El País”, cuyo consejero delegado es Juan Luis Cebrián. Hace algunos meses él participó en el anuncio de una alianza con la familia Maccise que encabezan Luis y Anuar Maccise,  asentada en Toluca, Estado de México y  propietaria de una cadena de diarios locales, pero que recién adquirieron el diario “Reporte Índigo”, novedoso proyecto conducido por Ramón Alberto Garza y Antonio Navalón.  A ello  han sumado otras iniciativas en diarios, radio e internet.

La mayor certidumbre radica en torno al señor Manuel Arroyo. Su arribo a “El Financiero” ha estado acompañado de versiones sobre alianzas con empresarios que no están a la vista, incluso con Televisión Azteca. Hay otros indicios de que Arroyo, que por años ha hecho alarde de recursos económicos, habría encontrado su tope y que ahora enfrenta problemas de insolvencia al grado de dejar incumplidos pagos clave, lo que haría incomodar y aun hacer inviable su presencia en el club de potentado que pueden aspirar a las nuevas cadenas de televisión.

Otros factores de incertidumbre lo supone el que las nuevas leyes reglamentarias en materia de telecomunicaciones aún no han sido aprobadas, y las mismas pueden encerrar aspectos que afecten el proceso.

Uno de estos elementos lo representará el papel que jugará en esta historia el poderoso conglomerado que encabeza Carlos Slim, el hombre más rico de México, con una fortuna varias veces superior a las de Azcárraga y Salinas juntos, incluso si se sumaran los capitales de  los otros apellidos mencionados arriba.

Se asume que las nuevas leyes en este ámbito vetarán al ingeniero Slim para participar en televisión, abierta o restringida –como ya lo prevé el título de concesión que le fue asignado con la venta de Teléfonos de México-  por al menos 18 o 24 meses. Hasta donde se puede prever, la normatividad fijará ese lapso de espera para que su consorcio, Carso, comience apenas a presentar la solicitud respectiva, por lo que habrá de aguardar quizá un año más antes de que pueda entregar servicios a los televidentes mexicanos. A caso tomará ese tiempo o más, pero cuando Slim entre al negocio lo sacudirá con la fuerza de un huracán, y eso alcanzará tanto a los viejos como a los nuevos jugadores. 

Frente a estos escenarios, nada se pueda dar por consumado. Pero al menos ha llegado por fin la hora de las nuevas televisoras, cualquiera que  vaya a ser su rostro. Ojalá que todo ello traiga a la televisión mexicana y al público en general mayor competencia, más calidad y la tan urgente diversidad. Diversidad de propiedad, de contenidos y de propuesta. (robertorock@hotmail.com)

 



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