El año pasado el Presidente Peña envió dos iniciativas en materia de cannabis. Una para incrementar la cantidad de portación tolerada y la otra para permitir el uso medicinal de ciertos derivados. La primera era mucho más importante, ya que actualmente miles de personas son enviadas al ministerio público por la sola portación. Como Peña no defiende sus iniciativas, su partido en el Senado y miembros de su propio gobierno (el secretario Narro a la cabeza) mataron la iniciativa, por lo que el consumo de marihuana continúa penalizado en el país.

En el tema medicinal se aprobó una versión que permite la importación y la producción nacional de ciertos productos medicinales, derivados de la planta. Se trata de productos que prácticamente no contienen THC, el tetrahidrocannabidol,  es decir la substancia que genera los efectos psicotrópicos. Es decir solamente productos que basan sus propiedades en el CBD o el cannabidol. Se trata de una reforma muy limitada, ya que se debería permitir un uso medicinal más amplio, pero sobre la que no existe mayor controversia. Es sorprendente que algo menor, pero que sería de ayuda a personas con padecimientos muy graves, este detenido en el Congreso.

La reforma en cuestión sería un pequeño avance en la reforma a la política de drogas. Uno de los efectos negativos del prohibicionismo es que las personas no nos podemos beneficiar de derivados de sustancias que tienen efectos terapéuticos o curativos. La organización Human Rights Watch ha documentado como en México miles de personas en condiciones críticas o terminales no tienen acceso a drogas que les pueden proporcionar una mejor calidad de vida, por su capacidad de reducir el dolor. La infraestructura para hacer uso médico de la marihuana puede servir para eventualmente después regular su uso para cualquier propósito. Eso es lo que sucede en estos momentos tanto en California como en Canadá. Sin embargo, la iniciativa podría servir para desarrollar una industria de productos y servicios médicos de derivados de la marihuana. En otras modalidades, lo mismo puede suceder con los opiáceos, para su uso médico, que México de manera inexplicable importa.

La última frontera de la investigación en materia de dolor son precisamente los cannabidoides, mientras que su uso se extiende cada vez más para padecimientos relacionados con el sistema nervioso. De hecho, la marihuana siempre se ha utilizado con fines médicos, la excepción han sido los años del prohibicionismo. México tiene una industria médica y de una capacidad de investigación científica suficiente para desarrollar los productos derivados de la marihuana, para establecer patentes e incluso para hacer uso industrial de cáñamo, el tronco de la planta. Eso puede ser una alternativa de vida para que campesinos puedan dejar cultivos ilícitos por actividades legales y en general para generar empleos y recursos económicos.

En el futuro será necesario también aprobar la posibilidad del que se permita la producción, venta y consumo de marihuana para ser inhalada por personas con algún padecimiento con fines curativos o terapéuticos. Se podría iniciar con un esquema en la que las personas puedan recurrir al auto cultivo para proveerse de cannabis y compartirla con personas en una condición similar. Algo parecido es lo que la corte aceptó cuando el grupo denominado Smart solicitó un permiso para un club de auto cultivo. El uso por parte de adultos de la marihuana inhalada, con fines médicos, reduce el costo del tratamiento y de hecho, para ciertos usos terapéuticos, puede ser la mejor manera de administrarla.

Hasta hace algunos meses, el panorama para avanzar en la regulación de la marihuana parecía alentador. La corte declaró inconstitucional la ley de salud en el tema y el gobierno reconoció que se encarcela a usuarios, debido a que la cantidad tolerada de posesión, es ridícula. Sin embargo, como en realidad carecemos de política de drogas y de una institución que haga política pública al respecto, no se han articulado ni acciones de gobierno, ni legislativas exitosas.

En el congreso prevalecen los prejuicios y falta un debate racional, basado en evidencia en el tema. Discutir drogas es central en un país destruido por el prohibicionismo, que tiene que mostrarle al mundo que existen alternativas no militarizadas para hacer frente al hecho de que las drogas existen, que lo que se requiere es reducir los riesgos y los daños que estas generan. La minuta de la iniciativa de usos de derivados de cannabis con fines medicinales que se encuentra en la Cámara de Diputados puede ser un primer paso, muy tímido, pero un primer paso al fin.




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