Ya he contado aquí la anécdota del pájaro en la nieve salvado por el excremento de vaca y su moraleja: “cuando estés lleno de mierda no te muevas”.

 

La fábula es de Don Jesús Reyes Heroles y ello explica que le sea tan desconocida y lejana al Gobernador Roberto Borge; como le es todo saber político.

 

Por cierto, entre ese saber destaca la máxima, de suyo también ignorada por el gobernador de triste fama, de que en política vale más cómo se sale que cómo se llega. En México se puede hacer un gobierno perfecto cinco años once meses y treinta días, que basta un error en el último minuto para que ese yerro marque todo el sexenio per saecula saeculorum. Desgraciadamente el aforismo no aplica al revés, es decir, tener un mal gobierno todo el tiempo, salvo el cierre del mismo.

 

Lo peor, sin embargo, es un mal gobierno todo el tiempo y peor al cierre. Y tal parece ser el denodado empeño de Borge.

 

No está Usted para saberlo ni yo para contarlo, pero sépase que hace doce años había en Quintana Roo 45 notarias, mismas que hace seis ascendieron a 69. Hoy hay 123.

 

Detengámonos unos instantes. Las notarias son necesarias, ni quien lo dude; pero también suelen ser favores o pago de favores, o, por qué no, negocio nefando cuando se ponen en venta.

 

Desconozco a que circunstancia específica respondan cada una de las 54 notarias otorgadas por Beto Borge: si a cabal necesidad, si a favor político, si a pago de favores o a vil remate; pero pasar de 69 notarias a 123 en un gobierno cuestionado hasta las cachas por corrupción y opacidad, no puede ser por sí sola una buena señal y requeriría de un ejercicio serio de transparencia y comunicación política para ayudar a pensar que todas y cada una son producto de una acción gubernamental necesaria, impecable y rechinando de limpia. Dicho ejercicio, ¿obvia decirlo?, brilla por su ausencia.

 

Para darnos una idea, el Estado de México, con más de 15 millones de habitantes cuenta con 178 notarios, uno por cada 85 mil habitantes; Nuevo León, con 4.6 millones de habitantes tiene 146 notarios, uno por cada 32 mil habitantes; Quintana Roo, con un millón trescientos veintiséis mil habitantes alcanza 123 notarias, una por cada 10 mil habitantes; siete veces menos que en el Estado del chorizo y dos que en el del cabrito. Ahora preguntémonos, ante la concentración de la riqueza en Quintana Roo, tanto en población como en sectores de la economía, ¿se justifica una notaria por cada 10 mil habitantes?

 

Pero regresemos a nuestra anécdota del pájaro congelado en la nieve que es salvado por una boñiga vacuna, que al revivir saca la cabeza para respirar y llama la atención de un gato que, finalmente, tras limpiarlo, se lo engulle.

 

Borge, tras las elecciones del mes pasado, la controversia constitucional contra su blindaje de impunidad, el asesinato de un cercano funcionario y los huracanes políticos desatados en su contra en la prensa nacional e, incluso, al seno de su propio partido, el PRI; debiera no moverse.

 

Pero en fin, genio y figura. Borge tuvo seis años para aprender. Imposible que  lo haga ahora. Debiera esconder su esponjada persona bajo una pirámide y rogar que nadie la excave en centurias. En lugar de ello, el pasado 17 de julio creó 23 nuevas notarias (para sumar en total 54 en su sexenio) las puso a concurso y se encamina a otorgarlas contra viento y marea.

 

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¡Pero qué necesidad!

¡Qué necedad!

¡Qué inoportunidad!

¡Qué soberbia!

 

@LUISFARIASM 

@OpinionLSR

 

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