Producto de una crisis en las reglas no escritas entre las bandas del narcotráfico y de éstas con la política.1998 fue el año más violento en la historia de Sinaloa, cuando sus ciudades encabezaron la lista de personas ejecutadas en el país.  

 

Tras un periodo de relativa paz, en las semanas recientes se acumularon las alertas de un nuevo ciclo de violencia, con epicentro en esa entidad del noroeste mexicano.

 

El número de asesinatos con el sello del crimen organizado no ha dejado de crecer. Esto aunado al término del periodo electoral en Sinaloa,  lo que ha traído aparejada la versión de un regreso de dos viejos capos del cártel de la región, Rafael Caro  Quintero y Héctor “El Güero”  Palma, ambos cursando la sexta década de su vida.

 

De Caro Quintero se asegura que se ha aliado con los hijos de sus anteriores compinches, como el hijo de Alfredo Beltrán Leyva. De Palma, actualmente bajo arraigo judicial, se dice que sus cercanos han empezado a reclutar sicarios para asentar nuevamente sus reales en la región.

 

Con o sin la participación de esos “símbolos” del pasado, lo que se acumulan en Sinaloa son estadísticas de crímenes con el sello de las mafias, que han incluido lo mismo a gente presuntamente implicadas con el tráfico de estupefacientes hasta ciudadanos norteamericanos. 

 

No es ocioso que en días pasados policías de Estados Unidos amparados en su rol de personal de la embajada norteamericana, hayan visitado Sinaloa para sostener entrevistas “informales” con políticos, periodistas y activistas sociales, haciendo preguntas incómodas. Se trata de una señal importante de la nueva embajadora, Roberta Jacobson, que se proyecta como una representante de Washington con “línea dura”. 

 

El repunte de este nuevo caudal de sangre marcará la asunción del ahora gobernador electo Quirino Ordaz, un priísta de bajo perfil que para ganar en los recientes comicios requirió la ayuda del actual mandatario, Mario López Valdés. Medios regionales como “El Debate” ha documentado que cada sucesión gubernamental viene acompañada de un aumento en la criminalidad, lo que es entendido como una presión de la delincuencia para imponer pactos a las nuevas autoridades. 

 

Bajo condiciones de debilidad, el citado Ordaz se debió apoyar también en políticos locales cuestionados, como el alcalde recién electo de la capital, Culiacán, Jesús Valdés  Palazuelos, señalado desde 2008 como parte de un grupo que dentro de la Universidad estatal favorece la prostitución de jóvenes estudiantes, incluso menores de edad. Este grupo, conocido como los “Milky Ways”, ha merecido coberturas periodísticas amplias, pero no una investigación judicial a lo largo de los últimos ocho años. 

 

Este panorama se complica con la concurrencia de dos leyendas negras aludidas más arriba, en particular Caro Quintero. 

 

Para demostrar el regreso de Caro Quintero se alude a su supuesta autoría de un ataque no confirmado en contra de la casa de Consuelo Loera, madre de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, el 11 de junio pasado, en la comunidad de La Tuna. 

 

Fuentes consultadas por este espacio aseguran que en ese periodo hubo tiroteos en la zona, con varias personas muertas, pero descartan como falsa la información según la cual un comando habría tomado el control del rancho de la señora Loera y que en ese contexto ella hubiera huido de la zona a bordo de una avioneta. Sin embargo, sin citar el episodio de La Tuna, el supuesto retorno de Caro Quintero a actividades criminales fue aludido en forma ambigua por el comandante de la tercera región militar, Alfonso Duarte Mugica, citado por diversos medios. 

 

De toda suerte, el episodio ha hecho resurgir la fama negra de Caro, quien ya era conocido hace 35 años cuando a los 22 de edad formaba parte de lo que desde Estados Unidos fue bautizado como el Cartel del Sinaloa. Pero Caro Quintero pasaría después 28 años en la cárcel. “La Silla Rota” ha dado a conocer las huellas que el tiempo dejó en su rostro, a lo que se agregan reportes de diversos padecimientos. goo.gl/jNdCyN

 

Por ahora se desconoce el paradero del otrora carismático criminal,  un hombre que en los 80 aparecía en las secciones de sociedad de la prensa tapatía y huyó a un refugio en Sonora llevando de la mano a Sarita Cosío, la bella sobrina del ex gobernador Guillermo Cosío Vidaurri. 

 

Alguna fortaleza debe restarle sin duda al que fuera tenido como el responsable del cártel en Guadalajara, pues por años fue ganando amparos, uno tras otro, ante la justicia federal, y en 2013 alcanzó libertad ante lo que se consideró la pasividad dela Procuraduría General de la República, entonces a cargo de Jesús Murillo Karam. El hecho atrajo un firme reproche de Estados Unidos, que había presentado una solicitud de extradición ignorada por años. 

 

Resultará esencial conocer la evolución de los acontecimientos en Sinaloa las próximas semanas, por tratarse de un epicentro del narcotráfico en México. 

 

De continuar escalándose las cifras de violencia en aquel estado, cuando en el resto del país el fenómeno está lejos de ser controlado, se puede anticipar el riesgo de un “efecto dominó” que alcance zonas que en los últimos años han logrado cierta estabilidad, como Sonora, Chihuahua y Durango, todas ellas también con nuevos gobiernos –en dos, en proceso de alternancia partidista-, lo que les puede representar un limbo de debilidad política. 

 

rockrobert@gmail.com

@OpinionLSR

 



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