La marcha celebrada ayer en Puebla, convocada por organismos de diverso signo y que busca tener resonancia en la capital del país, constituye la primera señal inequívoca de que ha entrado en declive el fenómeno político que desde hace cuatro años apuntaló la imagen del gobernador panista de Puebla, Rafael Moreno Valle.

Esta protesta unificó lo mismo a expresiones de la izquierda que a grupos conservadores y organismos sindicales como la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), casi todos ellos sus antiguos aliados. El problema tiene ya raíces profundas, pero fue detonado por la muerte, el pasado 9 de julio, de un niño de 13 años, José Luis Tehuatlie Tamayo, herido durante enfrentamientos entre pobladores de San Bernardino Chalchihuapan y policías estatales.

Las reacciones a este hecho exhiben el hartazgo de quienes identifican la gestión de Moreno Valle con una enfermiza mezcla que suma el acoso contra el activismo social y político, el hostigamiento sobre críticos y disidentes y las revanchas personales, junto con el otorgamiento de prebendas a los aliados, negocios encubiertos y un río de dinero hacia medios de comunicación subordinados, tanto locales como nacionales.

El panorama sin duda se ha complicado para este personaje, que llegó al poder en 2011 aupado en el poder de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo y su equipo político, en el cual formaba filas el dirigente telefonista Francisco Hernández Juárez, dirigente de la UNT, que apoyó a  Moreno Valle y ahora es su adversario declarado. Su plataforma partidista se le regalaron el PRD y el PAN. El primero lo combate ahora. Sólo una facción del segundo, la ligada con el dirigente Gustavo Madero, lo sigue apoyando. 

La maestra Gordillo está en prisión desde febrero de 2013, y uno de sus últimos desplantes en libertad fue acudir a Puebla para “destapar” a su favorito como precandidato a la Presidencia de la República en 2018.

Mucha agua ha corrido desde entonces en ese río. El desplome en la fortuna política del mandatario no se registra sólo en el ámbito local, sino también en sus nexos con polos de poder en la capital del país. En Los Pinos se multiplican los gestos de exasperación ante el régimen poblano. Las señales surgidas desde la administración Peña Nieto han arrastrado a Moreno Valle a realizar ajustes en su equipo de trabajo –recién nombró jefe de la Oficina de la gubernatura a un hijo de su controvertido antecesor, el priísta Mariano Piña Olaya. Pero la expectativa es que vaya mucho más allá con los cambios.

Un indicio claro del malestar federal se expresa en la inusual dureza que observa la postura de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, a cargo de Raúl Plascencia. El organismo atrajo la investigación de los hechos en Chalchihuapan, ordenó la comparecencia del procurador de Justicia estatal, Víctor Carrancá, y del secretario de Seguridad Pública, Facundo Rosas.

La oficina del ombudsman nacional calificó de insuficientes las argumentaciones aportadas por los funcionarios citados, y advirtió que el caso puede derivar en demandas de juicio político no sólo contra Carrancá y Rosas, sino incluso contra el gobernador Moreno Valle.

Facundo Rosas y Plascencia son viejos conocidos. El 12 de diciembre de 2011 el primero se desempeñaba como comisionado de la Policía Federal y condujo un desastroso operativo para desalojar un plantón de estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, en Guerrero. El resultado fueron tres personas muertas. La CNDH también  intervino entonces, pero lo único que ocurrió fue que el señor Rosas fue promovido a subsecretario de Seguridad Pública federal. Con esas cartas credenciales, en abril de 2013 fue designado en Puebla para la tarea que ahora arroja nuevamente muerte y heridas. 

El drama que representa el fallecimiento del hijo de una modestísima familia poblana -que culpa al gobernador de los hechos- desató una campaña de propaganda por parte del gobierno estatal, orientada a varios propósitos, menos a esclarecer los hechos –en los que hay además los lesionado exhiben los efectos del aparente impacto de balas de goma, como pudo haber ocurrido con el niño Tehuatlie, pese a que lo administración estatal lo niegue enfáticamente.

Esta estrategia del gobierno poblano puso de manifiesto nuevamente su alianza con un bloque de medios, especialmente la televisión, y en particular la empresa Televisa. Uno de los directivos de ésta habría dicho en 2011 que Moreno Valle era “el proyecto 2018" del consorcio que dirige Emilio Azcárraga Jean. Es muy posible que ese “proyecto” les sea ahora sumamente incómodo.

A Piña Olaya le debe la prensa poblana haber prostituido a niveles alucinantes los nexos entre gobiernos y medios. Como candidato opositor, Moreno Valle sufrió el embate de los medios enrolados en la nómina oficial  –diarios, revistas, radio, portales de internet-, que incluso lo atacaron en su más estricta intimidad. Al llegar al poder, el nuevo mandatario no sólo no saneó esta relación sino que acabó contratando a los carniceros de ayer para arrojarles nuevas víctimas en la cuales cebarse.

Hoy el estado vuelve a ser una selva mediática donde hay un desaforado apetito por dinero público y sobrevive quien está alineado con Casa Puebla, desde donde se administran los abultados presupuestos publicitarios del estado, pero también del ayuntamiento capitalino –que preside José Antonio Gali, dócil al gobernador- e incluso de la Universidad Autónoma de Puebla. La “Trifecta” publicitaria, se le llama localmente.

Los profundos bolsillos del gobernador alcanzan incluso para ser artífice de nuevos medios, como el portal “Sexenio” –conocido por embestir con saña a los críticos del régimen, donde sea que estén-, cuya propiedad se atribuye al empresario moreno-vallista Gerardo Islas Maldonado, simultáneamente líder del Partido Nueva Alianza en la entidad, operador panista y contratista del gobierno estatal.

Este es el contexto que domina la política poblana y la suerte pública de Moreno Valle.

Fuentes de alto nivel en el gobierno federal recuerdan aquel muy prematuro  “destape” del gobernador poblano como indicio irrefutable de que la profesora Gordillo no tenia remedio. No pasó mucho entonces. Pero el PRI impulsaba en aquella época el ambicioso ciclo de reformas constitucionales y legales que la mañana de este lunes se cerrará con la firma presidencial sobre la nueva legislación en materia energética.

Las elecciones de 2015 ya están a la vista, la guerra electoral se halla por iniciar. Y en la batalla por venir, Moreno Valle luce como un blanco vulnerable y desnudo. (robertorock@lasillarota.com)



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