A Graco Ramírez le tomó casi dos décadas de afanes y cabildeos, acuerdos y traiciones, conquistar la gubernatura de Morelos. Pero su mandato, cumplida ya casi la mitad, luce agotado en un entorno dominado por acusaciones de corrupción, nepotismo, crisis política y evidente incompetencia no sólo para encarar los rezagos de la entidad, sino para mantener una mínima base de apoyo.

 

Las semanas recientes las consagró a un afán finalmente infructuoso: Conseguir una candidatura para diputado federal plurinominal por el PRD a su hijastro Rodrigo Gayoso Cepeda. Un personaje con una cauda de señalamientos por corrupción que incluyen cargos por evasión, malversación de fondos, órdenes de aprehensión y desde hace tres años, ser el operador de los negocios inmobiliarios de su familia, especialmente departamentos de lujo, obras de arte y otros bienes suntuarios.

 

Contra lo que pudiera esperarse, la clase política perredista se ha constituido en el principal adversario del gobernador Ramírez, con acusaciones directas y múltiples filtraciones a los medios para documentar desvíos y manipulación con fondos públicos. En cruel venganza, el pasado día 9 el mandatario estatal logró imponer al citado Rodrigo Gayoso como dirigente del PRD en Morelos, lo que anticipa una debacle tanto en los distritos de donde surgirán diputados federales, como en la renovación de los 33 ayuntamientos y el Congreso locales, que también serán renovados.

 

Fidel Demédicis Hidalgo, senador perredista por Morelos, declaró que “a Graco se le pasó la mano” buscando la postulación de su hijastro. Identificó a éste último como responsable de los negocios de la familia que encabezan el propio gobernador Ramírez y su esposa, Elena Cepeda León. Y dijo que Rodrigo Gayoso no pasó los filtros establecidos por el PRD para evitar “más casos como los de (José Luis) Abarca”, el defenestrado edil de Iguala, al que se le atribuye cercanía política y de negocios con el mandatario morelense.

 

De acuerdo con los reportes disponibles, no sería justo pasar por alto la relevancia de la señora Cepeda en esta historia. Ella es parte de una familia con amplias raíces políticas, hija del ex gobernador de Coahuila, Ramón Cepeda (1951-1957), y secretaria de Cultura en el Distrito Federal durante la gestión de Marcelo Ebrard, acaso el principal promotor y financiador de la campaña que en 2012 llevó a Ramírez Abreu a la gubernatura.

 

A la señora Cepeda se le atribuye una honda influencia en múltiples ámbitos del gobierno estatal, mucho más allá del tradicional espacio del DIF. Su peso se extendería por las secretarías de Cultura, Hacienda y Salud, además de las áreas de adjudicación de obras y la Secretaría Técnica de la gubernatura. Ex colaboradores consultados por este espacio aseguraron que la señora Cepeda ordenó hace más de un año desarrollar encuestas de opinión pública sobre su imagen personal, para consultar a los ciudadanos su postura en caso de que ella buscara un cargo de elección.  Es desde luego, un polo de poder.

 

Según se acercan las elecciones, personajes de todos los signos partidistas, incluso supuestos aliados del gobernador Ramírez, han empezado a dejar caer en los oídos y los escritorios de activistas, políticos o periodistas datos aislados o expedientes formales que dan cuenta de los excesos y los caprichos de la “familia feliz” en Morelos.

 

Entre los datos más sólidos destacan compras a precios excedidos en el sector salud del estado con la intermediación de Juan Domingo Ramírez, hijo de la pareja; remodelaciones de edificios públicos y estadios, asignadas en forma directa a empresas fantasma; desvíos a cuentas personales de un enorme crédito gestionado por la gubernatura ante el Congreso local; adquisición de departamentos de lujo en Polanco, en la ciudad de México…

 

En enero pasado, en un acto que maquilló de modernidad, Graco Ramírez y un grueso número de colaboradores hicieron pública su declaración patrimonial. El reportó haber tenido en 2014 ingresos por poco más de 1 millón 200 mil pesos, y una pequeña merma en sus cuentas bancarias. Sus fondos en estas últimas sin embargo, le alcanzaron para hacer compras en el mismo periodo por cerca de 2 millones de pesos en obras de arte y “otros artículos suntuarios”.

 

De acuerdo con las evidencias disponibles, la gubernatura de Graco Ramírez le han sido días de “vinos y rosas”, apenas a la altura de este hombre que siempre tuvo una proyección pálida en la izquierda mexicana, pero que tempranamente fue bautizado como “izquierdista de casimir”, debido a su gusto por la buena ropa.

 

Todo indica que esos días han empezado a agotarse. Que la noche de Graco ha comenzado ya.

 

robertorock@lasillarota.com

 



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