Para ganar las elecciones y contar con autoridades legítimas, representativas y comprometidas con el bien común importan las propuestas, el proceso, los candidatos y los partidos.

A 30 días de las elecciones del 4 de junio para gobernador en el Estado de México, Coahuila y Nayarit y de alcaldes en Veracruz, se intensifica el debate, las descalificaciones y algunas propuestas de los candidatos que, en medio de guerra sucia, aún no son percibidas por los ciudadanos como lo demuestran los sondeos de opinión. 

Será durante este segundo mes cuando, de acuerdo con los estrategas de los distintos partidos, comiencen las verdaderas campañas buscando definir a los indecisos, que representan cerca del 30% de los electores, lo que hace pensar que todavía no hemos visto lo suficiente como para afirmar, a partir de los datos publicados y no publicados, que ya hay un ganador o una tendencia irreversible. 

Aún más, dado el comportamiento de los votantes en las últimos acontecimientos alrededor del mundo y en nuestro país durante las elecciones del 2016, sabemos que los electores están cada vez más informados, también más enojados con la política y los políticos ante la falta de resultados, la impunidad  y la corrupción; y que son menos susceptibles a las prácticas de cooptación, de tal manera hay evidencia empírica para confirmar el significado valorativo más no predictivo de las encuestas. 

Dicho con claridad, y en sentido contrario a cómo piensan quienes utilizan las encuestas como propaganda para influir en el ánimo de los electores, las encuestas no sirven para definir ganadores o perdedores. Si acaso reflejan la ubicación de los candidatos, partidos y procesos electorales en un momento específico de las campañas, posición que puede cambiar en cualquier momento ante hechos repentinos, como lo acabamos de ver en las elecciones de Francia con el candidato Fillon, quien era el favorito indiscutible al comienzo y luego no avanzó a la segunda vuelta por denuncias de corrupción. 

Tampoco es cierto que todo se define el día de la elección. Durante mucho tiempo los equipos de campaña apostaban todo su capital político y económico al llamado "día D", de tal forma que muchas cosas se dejaban de hacer durante las campañas para privilegiar la operación electoral el día de la jornada. Si bien es importante el desempeño en esas últimas horas, cualquier escenario se modifica ante el nivel de participación ciudadana, lo que ha causado grandes sorpresas y resultados increíbles como los que llevaron a Trump a la Presidencia de los Estados Unidos, el triunfo del NO en el plebiscito de Colombia sobre los tratados de paz y el Brexit en el Reino Unido.

Por tanto, va quedando claro que nada sustituye a las campañas cercanas a la población. En el PAN, durante mucho tiempo se vivieron campañas heroicas en las que no había nada que ganar; aun así se insistía en la mística del voto, en las campañas de las tres “s” (suela, sudor y saliva), en el visiteo casa por casa y en las secciones electorales. Hoy las nuevas tecnologías y las redes sociales permiten un mayor alcance a mayor velocidad, lo que no es sustituible al mensaje personalizado para cada segmento del electorado. Hillary Clinton olvidó esto, perdió la batalla en las redes y dejó estados completos sin visitar y sin encuestar porque los consideró ganados o perdidos de manera que la catástrofe no se hizo esperar.

Al día de hoy se sabe que a pesar de la ola de independientes, los electores valoran al candidato en sus méritos y no dejan de considerar al partido o alianza que los propone, no por razones ideológicas sino por la oportunidad de ganar una elección ante la demanda de cambio y las necesarias  alternancias, cada vez más frecuentes. Para fines prácticos, se sabe que un buen candidato con un mal partido es una mala fórmula para ganar una elección y viceversa. 

Para enfrentar con éxito los retos de 2017 y 2018, candidatos y partidos deben revisar su posición competitiva y tomar las decisiones que sean necesarias para corregir el rumbo. Entre otras cosas, deben afinar la cohesión de sus estructuras, la unidad de sus dirigentes, sus estrategias de campaña, las estrategias de comunicación y los métodos de selección de candidatos en tiempo y forma.

Cada partido está sujeto a distintas presiones, tensiones y pretensiones, es lo propio de la vida partidista, sobre todo en tiempos electorales por parte de aspirantes y suspirantes. Sin embargo, un partido que se prepara para ganar debe acreditar capacidad para garantizar la legalidad y la unidad interna, con respeto, diálogo y plena disposición para  lograr los acuerdos políticos que sean necesarios, teniendo como condición “sine qua non” en la toma de decisiones, los mecanismos que establezcan sus estatutos y la ley electoral. 

En este sentido, son de resaltar los acuerdos alcanzados en la última sesión de Consejo Nacional del PAN luego de un debate acalorado, en particular el cierre de filas en torno a sus candidatos y la definición de prioridad máxima a las elecciones del 2017. También, la intensificación del diálogo político en los órganos colegiados del partido y entre los liderazgos para definir, unidos y a tiempo, los criterios y acuerdos para la participación en las elecciones del 2018.

Otras fuerzas políticas pasan por procesos similares y será importante que logren los mejores acuerdos, con enorme responsabilidad política, para garantizar un proceso electoral competido y participativo a fin de fortalecer un sistema electoral cada vez más cuestionado.

@MarcoAdame 





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