México se encuentra en un momento histórico particularmente complejo y difícil, por un lado enfrenta la manifiesta hostilidad y las comprobadas agresiones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y por otra parte la incapacidad del gobierno de Enrique Peña Nieto para responder a la embestida y construir los consensos genuinos que el país necesita.

 

Desde el primer momento en que la candidatura de Trump se convirtió en una amenaza para nuestro país y el mundo, el gobierno de Peña Nieto mantuvo un tono tibio, o trato de eludir la nueva tempestad que podía cernirse sobre el país, lejos de actuar proactivamente fue un mero espectador de los sucesos, y con total falta de estrategia en el peor momento de la campaña de Trump, no solamente le dio oxígeno a su alicaída campaña, sino que a partir de la visita del republicano a nuestro país, en la que el gobierno de Peña se postró a sus pies, ello le dio un impulso formidable a su candidatura que le alcanzó para ganar los votos suficientes del colegio electoral, en ese modelo comicial arcaico y antidemocrático por virtud del cual los estadounidenses eligen a su Presidente.

 

La postura errática del gobierno federal ha seguido a lo largo de estos meses y se ha acentuado a partir de la inauguración del gobierno de Trump y la orden ejecutiva de construcción del muro, se han desaprovechado momentos para mostrar firmeza y dignidad, quedando siempre a la zaga de los tuits de Trump, que a tuitazos ha exhibido una y otra vez al gobierno del país.

 

Cierto es que con su estilo autoritario y primitivo, a los pocos días de asumir el cargo, Trump se ha convertido en una amenaza no sólo para México, sino también para Europa, China y demás latitudes, pero ello no implica exonerar al gobierno de Peña Nieto de sus errores y pasividades.

 

Estados Unidos con su poderío militar y económico es cuál Goliat que amenaza al David mexicano, pero no olvidemos ese pasaje bíblico donde a final de cuentas pudo más la estrategia que la fuerza. México posee una situación geográfica envidiable que, no obstante las agresiones de los últimos días, lo colocan con armas para enfrentar la ofensiva, lejos de ello el gobierno de Peña Nieto se ha quedado pasmado y ha convocado, por sí o a través de sus apologistas, a la "unidad nacional". Unidad nacional que de entrada parece ficticia por el actuar del gobierno federal.

 

Al respecto conviene hacer las siguientes reflexiones. Si bien es cierto que ante una situación de crisis, donde es nuestro país el que enfrenta una amenaza externa todos los actores políticos, económicos y sociales, y en general todos los mexicanos, debemos cerrar filas para salir avantes, también lo es que el gobierno debe poner de su parte para distender la situación interna y construir los consensos necesarios.

 

De nada sirve que se hagan llamados retóricos a la unidad, que haya inflamadas convocatorias a la unidad patriótica, si no hay un consenso real en el país y si el Ejecutivo federal sigue golpeando a diferentes sectores de la nación con sus políticas económicas, fiscales y sociales, para tener capacidad de convocatoria se debe tener autoridad moral, y es un hecho cierto que el gobierno de Peña Nieto tiene un gran rechazo social y una gran inconformidad.

 

El gobierno federal para reconstruir capital social y recuperar respaldo ciudadano debería comenzar por dar reversa al gasolinazo de Enero y cancelar los próximos gasolinazos, no puede seguir bolseando a los ciudadanos ni sostener una explicación que nadie cree respecto a las supuestas razones que justifican estas medidas draconianas, cuando es evidente que la liberalización del precio de las gasolinas y el aumento del IEPS responden, por un lado a la reforma energética privatizadora, y por el otro a la voracidad recaudadora del gobierno.

 

Además de la reversa al gasolinazo, es indispensable que se persigan los casos de corrupción sin simulaciones, lo mismo en el caso de Duarte, que en los de Medina y los Moreira, también se deben castigar los negocios corruptos de la propia camarilla de Peña Nieto (OHL, HIGA, etcétera). De igual manera, se tiene que desarrollar una investigación a fondo y sin protección oficial a nadie, del caso Iguala - Ayotzinapa.  Sin esas primeras condiciones el llamado a la unidad suena hueco y poco convincente.

 

Por si fuera poco el actuar faccioso del gobierno no ayuda. En plena crisis del muro y de la cancelación de la visita, el presidente Peña Nieto operaba en Los Pinos para su partido, el PRI, el destape de su candidato en el Estado de México, designación presidencial que recayó en el primo del Presidente, Alfredo del Mazo, y en el colmo de los absurdos nombra a Virgilio Andrade a un nuevo cargo, cuando es bien recordado su papel, su lamentable papel, en el caso de La Casa Blanca de Peña Nieto, cuando desde la Secretaría de la Función Pública exoneró a la pareja presidencial de un evidente conflicto de interés.

 

Sólo desde el cinismo se puede llamar a la unidad cuando se actúa de manera facciosa para favorecer a su partido y a su camarilla, se requiere de una unidad genuina y no ficticia,  para ello es indispensable que el Ejecutivo se despoje de sus intereses creados e incluso esté dispuesto a replantear su reformas estructurales y derogarlas, empezando por la energética.  

 

Los mexicanos estamos preocupados y molestos con las actitudes de Trump, pero también con el mal gobierno y la política económica de Peña, en ello no puede haber confusiones. La inconformidad social podría rebasar a las instituciones y a sus representantes, si todo sigue igual, si no hay cambios de fondo y sólo se montan escenografías para pretender vender la idea de que todo el país cierra filas con el Ejecutivo federal.

 

@RicardoMeb

@OpinionLSR

 

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