La globalización es un fenómeno económico, político, social y cultural que se caracteriza por desarrollar diversos procesos de integración entre las personas y naciones, asociados al desarrollo de las tecnologías, el dominio del mercado mundial y la expansión de la información.

 

Sin embargo, este fenómeno trasnacional de interconexiones multidimensionales no es homogéneo en su crecimiento. Todo lo contrario, podemos afirmar que se trata de un proceso irregular, pues se expande y contrae constantemente, esta condición la podemos observar con mayor claridad en los albores del siglo XXI con la instrumentación de políticas internas que afectan determinantemente en uno u otro sentido las relaciones internacionales.

 

La constitución de la Unión Europea (UE) en 1993, es el ejemplo más claro de la expansión de la globalización. La integración económica y política entre los 28 países que la componen, abarca diversos y numerosos frentes en materias como el libre tránsito de personas, servicios, mercancías y capitales, una moneda única, el medio ambiente, las relaciones exteriores, de seguridad y derechos humanos entre muchos otros.

 

Por otra parte, la contracción de la globalización se viene observando claramente a través de  casos específicos como el Brexit que implicó la salida del Reino Unido de la UE debido a que los ciudadanos consideraban que la soberanía de su país se encontraba minada; también podemos citar la actual convocatoria por parte de Escocia a un nuevo referéndum de independencia para abandonar al Reino Unido e incorporarse por su cuenta a la UE, circunstancia que quisiera emular Cataluña, en España, quien pretende desde la autodeterminación normar sus propias relaciones internacionales.

 

En esta misma dirección, Estados Unidos ha comenzado a dar los pasos necesarios para desarrollar una política proteccionista y de contracción global, que consiste entre otras medidas, haberse salido del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, firmado por 12 países de la región Asía-Pacífico. El presidente Trump desde que tomó posesión también ha dejado claro su intención de renegociar el Tratado de Libre Comercio, sin embargo, tiene otras prioridades, por ejemplo, enfrentar la “Guerra Comercial” con China. Empero las autoridades mexicanas apremian con sentarse a negociar, considerando el sombrío escenario que enfrentan sus aspiraciones de permanencia en el poder, quieren erigirse como los salvadores del acuerdo trilateral, pero será su actuación en beneficio nacional o para salvar sus intereses particulares con miras al 2018.

 

Esta postura de proteccionismo en gran escala, sin duda ha permeado a varias potencias del mundo, que ven en la globalización una amenaza a los intereses más íntimos de sus naciones. Este es el caso de los partidos de ultraderecha de los Países Bajos, mismos que acaban de perder las elecciones en aquél país y que pretendían salir sin demora de la Unión Europea. Por otra parte, Francia que se encuentra en plena campaña electoral y en pugna por la presidencial, cuenta también con el partido Frente Nacional encabezado por Le Pen quien amenaza con llevar a cabo la salida del país galo del bloque europeo.

 

En este orden de ideas, tenemos que analizar hacia dónde quiere ir México, o en todo caso qué papel debe asumir México ante las actuales embestidas cometidas no sólo por parte de los Estados Unidos, sino de las circunstancias internacionales. Es un hecho contundente que muchas de estas naciones están determinando, ya sea a través de la elección de sus líderes o mediante la aplicación de mecanismos de participación ciudadana el rumbo que deben seguir sus políticas internas con efectos en el exterior. Es justo y necesario, además de apremiante, que los mexicanos asumamos un papel concluyente en la dirección que debe seguir nuestro país ante los nuevos desafíos y escenarios que se están erigiendo inexorablemente.

 

kopry.50@gmail.com

@OpinionLSR


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